El ejercicio planteó un escenario extremo para Taiwán: un bloqueo por parte de China, un fuerte terremoto aprovechado por Pekín para generar caos, secuestro de emisiones televisivas, sabotajes a infraestructuras, retirada masiva de depósitos bancarios, disturbios civiles y, finalmente, una invasión a gran escala.
Más de 370 funcionarios gubernamentales y militares participaron en este simulacro, celebrado esta semana en el centro de la isla como parte de la iniciativa del presidente Lai Ching-te para reforzar la preparación ante un posible conflicto, en un contexto de creciente presión militar por parte de China.
Reuters obtuvo un acceso excepcional al ejercicio cerrado, la primera prueba de este tipo en Nantou, destinada a evaluar si el condado, en coordinación con el Gobierno central y las fuerzas militares, podría seguir operando bajo ataque.
Taiwán ha ampliado sus ejercicios de “resiliencia” para preparar a civiles y autoridades ante crisis que van desde desastres naturales hasta una guerra, respondiendo a críticas previas sobre la falta de realismo de simulacros anteriores.
Chi Lien-cheng, ministro sin cartera encargado del simulacro, recordó que el adversario está al otro lado del estrecho y subrayó la necesidad de autodefensa: “Si no defiendes tu propio país, ¿quién más lo hará?”. Reconoció también deficiencias y posibles limitaciones de recursos en una catástrofe real, pero destacó la importancia de practicar y asimilar los conceptos.
China no ha renunciado al uso de la fuerza respecto a Taiwán; el Gobierno taiwanés sostiene que solo su población puede decidir su futuro.
Durante la conclusión del ejercicio, Taiwán informó de otra “patrulla conjunta de preparación para el combate” china alrededor de la isla, con buques de guerra y al menos 22 aeronaves militares, incluidos bombarderos H-6 con capacidad nuclear. La Oficina de Asuntos de Taiwán de China acusó al presidente Lai de “intensificar deliberadamente” las tensiones y advirtió que sus acciones podrían empujar a la isla hacia el conflicto, según la portavoz Zhu Fenglian.
Una “guerra costosa” que puede que no triunfe
El simulacro comenzó con una simulación de siete horas y continuó al día siguiente con maniobras sobre el terreno, que incluyeron el derribo simulado de un dron que amenazaba una central eléctrica y la instalación de centros de reparto de alimentos.
El supuesto terremoto de magnitud 6,8, con 12 muertos en el escenario, añadió complejidad: los responsables debieron conjugar tareas de socorro, reparación de infraestructuras, gestión del descontento público y planificación de contingencias militares.
En el centro de respuesta se empleó un sistema táctico de cartografía y comunicaciones desarrollado por el ejército estadounidense para ubicar en tiempo real objetivos enemigos, junto a plataformas gubernamentales con mapas interactivos que mostraban el movimiento de ambulancias y otros recursos. Esto ilustra uno de los objetivos principales del ejercicio: mejorar la integración entre fuerzas civiles y militares.
Lin Fei-fan, vicesecretario general del Consejo de Seguridad Nacional que supervisa el programa de resiliencia, explicó que los mandos de la reserva militar coordinaron directamente con los gobiernos locales. El mensaje para el rival, señaló, es que una sociedad preparada puede disuadir un ataque costoso que podría no tener éxito.
Aprendiendo de conflictos recientes en Ucrania y Oriente Medio, los organizadores incrementaron el realismo: operaciones hospitalarias subterráneas y pruebas de resistencia a redes y webs gubernamentales por parte de hackers profesionales, entre otras medidas.
Uno de los escenarios incluyó un ataque con drones contra el centro de respuesta, poniendo en riesgo a 75 funcionarios y obligando a activar un centro de operaciones de respaldo. Un funcionario que pidió anonimato señaló que, aunque no pueden someter a la gente a una guerra real, los escenarios ayudan a comprender la gravedad y urgencia de las situaciones y la necesidad de estar preparados en tiempos de paz.
Zona de retroguardia
A los responsables de Nantou se les encomendó convertir el único condado sin litoral de Taiwán en una “zona de retaguardia”: refugio para desplazados y área de repliegue para operaciones mientras las unidades de primera línea combaten.
Decenas de administraciones locales participaron por transmisión en directo, respondiendo a diversos escenarios y a una batería de preguntas de los comandantes del centro de respuesta.
Se interrogó a los funcionarios sobre su nivel de preparación con gran detalle: cuántas personas en edad de ser movilizadas podrían incorporarse de inmediato o cuántas latas de leche de fórmula había en stock, por ejemplo. Muchas de esas tareas no forman parte de la labor cotidiana de personal de servicios públicos o del registro civil.
A medida que empeoraban los escenarios, aumentó la tensión en el centro de respuesta, con intercambios ásperos y dificultades para contestar en algunos casos.
El ejercicio también exploró la contrainteligencia y la lucha contra la desinformación: durante la simulación se incluyeron el secuestro de emisiones televisivas substituidas por propaganda de Pekín y la difusión de folletos con información falsa, elementos que evocaron una trama de la serie taiwanesa “Zero Day Attack”.
Las autoridades practicaron ruedas de prensa y enseñaron a identificar noticias falsas. Lee I-yuan, jefe de distrito de 75 años que dirigió un equipo comunitario, afirmó que el ejercicio le ayudó a diferenciar lo real de lo falso y advirtió que, en caso de ataque, el adversario usaría inteligencia artificial para difundir desinformación.
(Con información de Reuters)

