Este Mundial ampliado, al incorporar selecciones y figuras poco previsibles hasta hace poco, funciona además de como certamen deportivo como un gran grupo experimental para el análisis antropológico y sociológico. También se observa la aparición de exjugadores o figuras mediáticas que critican públicamente a técnicos, selecciones o colegas; por ejemplo, Chilavert y Suárez han realizado intervenciones públicas de ese tipo. En algunos casos esas críticas remiten a conflictos internos previos en los vestuarios, que generan divisiones difíciles de resolver dentro de un equipo.
Más allá de ello, conviene preguntarse si determinadas posturas responden a intereses personales o a dinámicas mediáticas; ese tipo de comportamiento no es nuevo en el fútbol y se ha visto en distintas generaciones. En contraste, Messi suele destacarse por una actitud más discreta en ese terreno.
Bielsa como chivo expiatorio en Uruguay
En Uruguay se ha señalado a Marcelo Bielsa como responsable del resultado adverso, atribuyéndole la intención de modificar un esquema defensivo tradicional y de apostar por llegadas esporádicas de un goleador para resolver los partidos. Ese enfoque rara vez rindió frutos y encontró resistencias en algunos sectores.
Se especula que, de haber marginado a ciertos jugadores, Bielsa habría recibido críticas igualmente. También se menciona la posibilidad de convocar a Suárez por su experiencia, pero las tensiones previas entre el delantero y el cuerpo técnico hacían esa alternativa complicada y polémica.
Bielsa tampoco goza de la misma aceptación en todos los ámbitos por motivos similares. Fue contratado con la expectativa de introducir cambios profundos en el estilo de juego uruguayo y aplicó métodos de entrenamiento intensos, que algunos consideraron exigentes. No logró consolidar ese cambio en el corto plazo; entre las decisiones que generaron debate estuvo la convocatoria de Fernando Muslera, cuestionada por quienes consideran que ya no reúne las condiciones para ser titular.
Argentina, por su parte, en el partido reciente pareció regresar a rasgos más conservadores de su juego, ganando por ocasiones fortuitas. Se observó un predominio de pases hacia atrás y una falta de iniciativa colectiva para atacar, más allá del empuje individual de Messi. Con ese esquema y dificultades para generar desplazamiento ofensivo, parece difícil que pueda imponerse a rivales más consistentes en etapas avanzadas del torneo.
Sin embargo, esta evaluación puede revertirse: los equipos pueden recomponerse y mejorar su rendimiento en partidos siguientes. En este sentido, declaraciones de confianza por parte de autoridades o dirigentes —como las de quien aseguró la victoria de su selección antes de un partido— muestran el margen de error de las predicciones y las encuestas.
La afición argentina presente en los torneos suele ser variada: hay residentes en el exterior, viajeros que organizaron su viaje por diferentes vías y simpatizantes ocasionales que acuden por la presencia de figuras como Messi. Su comportamiento ha sido heterogéneo —en ocasiones ordenado y en otras confrontativo— lo que refleja la diversidad de actitudes entre los seguidores.
Aun así, el apoyo a la selección continúa y muchos esperan que el equipo mejore su rendimiento en lo que resta del campeonato.

