17 de julio de 2026
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El Colegio Nacional de Buenos Aires recordó a Horacio Sanguinetti

Falleció Horacio Sanguinetti, quien fue rector, docente y egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, institución que marcó su trayectoria personal y profesional.

Al asumir la rectoría en 1983 afirmó sentirse “universitario y, ante todo, colegial” y describió ese nombramiento como el mayor honor de su vida; su gestión se extendió hasta 2007, constituyéndose en la más prolongada en la historia reciente del Colegio.

Aunque el ciclo lectivo había finalizado, Sanguinetti aceptó el cargo pocas semanas después del inicio del gobierno democrático en diciembre de 1983. La oferta le llegó en un encuentro con intelectuales y dirigentes, donde se definió su destino institucional.

—¿Qué querés?

—¿Puedo elegir?

—Podés ser decano, rector del Pellegrini o del Colegio Nacional.

—Quiero ser rector del Colegio.

En su discurso inaugural del 28 de diciembre de 1983 anunció la creación de un Consejo Asesor con representantes del mundo científico y pedagógico, la convocatoria a concursos para cargos docentes y medidas destinadas a reparar las heridas dejadas por la dictadura en la comunidad educativa.

Sanguinetti sostuvo entonces que el Colegio debía atender prioritariamente la reparación de los agravios padecidos por alumnos y graduados durante la represión.

Tras la reorganización del Centro de Estudiantes iniciada en 1982, el nuevo rector reconoció la personería del órgano estudiantil y afirmó la necesidad de que los alumnos ejercieran su libertad con responsabilidad.

Al comenzar 1984 se percibieron cambios concretos: nuevos preceptores vinculados a la actividad universitaria, mayor apertura del rectorado al diálogo y la atención institucional a reclamos estudiantiles.

En febrero de 1984 un graduado le presentó una lista de profesores con nombramientos provisionales vinculados a la dictadura; la respuesta de Sanguinetti fue evitar la punición heredada y apostar a la persuasión democrática y al tiempo para la transformación.

Para ex dirigentes estudiantiles como Damián Jaimovich, presidente del Centro en 1993, Sanguinetti fue “el gran rector de la democracia”: democratizó la institución sin renunciar a su identidad y exigió responsabilidades a los alumnos a cambio de concesiones.

Un hijo del Colegio

El vínculo de Sanguinetti con el Colegio fue heredado: su padre, Florentino, fue profesor de Literatura y rectó también la institución entre 1960 y 1963. Esa tradición reformista y jurídica marcó la formación intelectual y académica de Horacio.

Su trayectoria comenzó en la escuela primaria Casto Munita, continuó en el Colegio —donde ingresó en 1948 y se graduó en 1953 con distinciones— y se completó con estudios en la UBA, donde se recibió de abogado en 1961 y obtuvo el doctorado en 1976.

Horacio Sanguinetti recibe el diploma del CNBA, en septiembre de 1957 en el Aula Magna, de manos de su padre, Florentino Sanguinetti, también profesor y ex rector. (Cortesía: archivo familiar)

Durante la última dictadura fue separado de su cátedra; más tarde continuó su carrera académica en la Universidad de Belgrano, invitado por Avelino Porto, lo que según su esposa Cristina fue decisivo para mantener vivo su recorrido docente y público.

Sanguinetti mantuvo hábitos austeros en la conducción del cargo: rechazó privilegios como chofer, prefirió el transporte público y recibió a visitantes en la rectoría con sencillez, compartiendo la comida del comedor del Colegio.

En familia. Junto a sus hermanos Florentino y María Enriqueta. (Cortesía: archivo familiar).

Participó además en actividades de divulgación cultural, como programas televisivos de preguntas y respuestas, donde buscó acercar el conocimiento a audiencias más amplias y ganó visibilidad pública.

Defendió en sus discursos la idea de que el Colegio está inmerso en la realidad nacional y regional y señaló las dificultades presupuestarias y estructurales que afectan a la educación pública.

En los años noventa se opuso a la Ley Federal de Educación por considerar que podía fragmentar y empobrecer los contenidos; en 1997 aceptó una licencia para desempeñarse como secretario de Educación de la Ciudad, pero pronto retornó al Colegio, gesto que reafirmó su preferencia por la institución que presidía.

En 2007 asumió brevemente la dirección del Teatro Colón, haciéndose cargo de una reforma complexiva en una etapa difícil para la sala.

La ópera de su vida

La ópera fue una pasión constante: durante los años en que no pudo estar en la sede de Bolívar se volcó a la difusión musical, editó y produjo ciclos sobre la historia del género y mantuvo programas radiales.

En el Colón conoció a su esposa Cristina; se casaron en 1967 y tuvieron un hijo, Horacio Vicente, médico urólogo y también egresado del Colegio. La familia fue para él un eje central y motivo recurrente de agradecimiento en sus distinciones.

Su despacho quedó como testimonio de intereses variados: libros, recuerdos familiares, dibujos propios y objetos vinculados a la música, a la que dedicó tiempo e incluso alguna contribución anónima como cantante en grabaciones del coro del Colegio.

Bocetos realizados por Horacio Sanguinetti (Cortesía: archivo familiar).

Orden y libertad

Quienes lo conocieron destacan su disposición al diálogo, su capacidad de escucha y su paciencia para apaciguar conflictos. Era un dirigente que prefería la prudencia, la espera y la persuasión antes que el enfrentamiento.

En sus principios defendía una autoridad ganada por respeto y dedicación, no impuesta por la coacción; esa idea orientó su estilo de conducción institucional.

Promovió la excelencia académica y el humanismo: valoró la enseñanza del latín y de los clásicos, mantuvo el sexto año, creó el Turno Vespertino en 1989 y reemplazó el antiguo examen de ingreso por un curso preparatorio gratuito, además de eliminar prácticas discriminatorias como la entrevista familiar de admisión.

Trabajó en conjunto con la Asociación Cooperadora “Amadeo Jacques” y la Asociación de Ex Alumnos para el mantenimiento del edificio y otras iniciativas que sostuvieron la vida institucional.

En particular mantuvo una posición firme contra la llamada “vuelta olímpica” de los egresados, medida que prohibió por considerar que generaba daños al patrimonio común y atentaba contra el respeto debido a la institución. La decisión provocó conflictos y sanciones, y fue uno de los episodios más difíciles de su rectorado.

Junto a sus estudiantes de 4o año y el profesor Diego Barovero, en su última clase antes de jubilarse en 2012. (Cortesía: Diego Barovero).

Tras la sanción de 1999 sobre la vuelta olímpica se produjo una crisis en la que el rector mantuvo su posición pese a la presión mediática y familiar; para él primó la protección del bien común y la responsabilidad social de los alumnos.

En la apertura de clases del año 2000 reiteró el imperativo de no dañar bienes comunes y de asumir la pertenencia al Colegio como una responsabilidad cívica y comunitaria sostenida por la sociedad.

Sanguinetti entendía al Colegio como algo más que su edificio: lo concebía como un espíritu que exige tino, equilibrio, prudencia y entusiasmo; para él la educación era un capital no susceptible de imposición y orientada a formar buenos lectores y ciudadanos responsables.

Citaba con frecuencia a Domingo Faustino Sarmiento y reivindicaba la tradición formativa del Colegio, agradeciendo la colaboración de múltiples instituciones y personas que sostuvieron su proyecto educativo.

Una postal enviada por Jorge Bergoglio, luego el Papa Francisco, quien era su amigo. (Cortesía: archivo familiar)

Durante más de dos décadas al frente del Colegio, Sanguinetti recibió numerosos reconocimientos: premios y cargos en academias nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Konex en Educación y membresías en instituciones académicas relevantes.

Al despedir a sus alumnos insistía en que el vínculo con la institución perdura: ser “ex alumno” es, para él, ser siempre “graduado”, con la obligación de volver y sostener con la propia conducta el prestigio del Colegio.

La impronta de Horacio Sanguinetti permanecerá vinculada a las aulas que regló y defendió durante tantos años.

Horacio Sanguinetti en las aulas del Colegio.

*Este texto fue publicado originalmente en la página oficial del Colegio Nacional de Buenos Aires.

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