
La decisión del Banco Central de importar 400 millones de billetes de $20.000 fabricados en China volvió a poner el foco sobre el futuro de la Casa de la Moneda y la estrategia del Gobierno para abastecer de efectivo al sistema financiero. La medida resulta llamativa porque, mientras el país recurre a un proveedor extranjero para reforzar la circulación de papel moneda, la planta impresora argentina retomó su actividad con un contrato para fabricar billetes destinados a Nigeria, en una combinación de decisiones que reavivó el debate sobre la utilización de la capacidad industrial nacional.

