28 de julio de 2026
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Universo fandom: La locura por los personajes de ficción

Niños, adolescentes y adultos forman parte de esta comunidad que no discrimina edades ni zonas geográficas. Bailes, cosplays, convenciones reúnen a estos fanáticos para compartir momentos épicos. Una mirada por la movida otaku en Zona Sur. 

Crédito: Expo Comics

Pueden ser personajes de ficción creados para una serie, un cómic o una película, pero para el fandom es mucho más. En esas historias hay una identificación o una enseñanza, y como verdaderos fans, su amor y respeto por estas narraciones se reflejan en el consumo de figuras de colección, ediciones especiales o en la caracterización física de esos protagonistas que los marcaron en su infancia y que, por alguna razón que sólo ellos y ellas conocen, les cambió la vida.

Este fanatismo va más allá de la colección personal que cada amante de esta cultura del entretenimiento tiene, sino que se comparten -no sólo con amigos y por redes sociales- sino en convenciones que llevan miles de personas sin importar la edad. Estos encuentros pueden ocurrir un 4 de mayo para celebrar a Star Wars, el tercer sábado de septiembre en honor al Caballero Oscuro, el 10 de octubre para festejar el cumpleaños de aquel que tiene en su interior al Nueve Colas (Naruto) o tan solo un día cualquiera. En fin, no tienen una fecha específica de presentación y el lugar donde se realicen puede variar.  

A estos eventos asisten adolescentes, adultos y familias enteras que disfrutan de la cultura del entretenimiento asiático u occidental, donde encuentran música de sus series, animes o películas favoritas, concursos de cosplays o de dibujos. Estos espacios juntan “a todo el fandom: otakus, mangakas, historietistas, fanzineros”, contó Víctor Luna, creador de Expo Cómics de Lomas de Zamora.

Por su parte, David Wolf, ideólogo del Conurbano Pop, evento que se realiza en zona oeste, explicó que su exposición nació poco antes de la pandemia como una alternativa para los fans que siempre debían trasladarse a la ciudad de Buenos Aires. “Tratamos de acercar a la gente cosas que tal vez sólo podrían disfrutar en lugares donde hay que abonar un ticket”, enfatizó.

“Todo lo hacemos por el amor a la cultura pop”, aportó Luna, al referirse sobre los videojuegos, películas, mangas y series con personajes entrañables que muchos aman o odian con la misma intensidad. Y contó que en su eventos se pueden encontrar desde abuelos que acompañan a sus nietos, adolescentes en grupos que llegan “con la idea bien marcada de lo que quieren hacer”, y hasta fanáticos del K-Pop que bailan en las calles.

Pero no todo el fanatismo está centrado en personajes actuales, como los superhéroes de Marvel o de los animes que son exitosos en este momento. Cada vez más adolescentes se acercan a las historias que disfrutaron sus padres, como Star Wars, Jurassic Park y Alien, entre otras tantas sagas que marcaron las décadas del 70, 80 y 90. 

“Hay un paradigma entre lo viejo y lo nuevo”, señaló Luna, para explicar que hay adolescentes que bailan como Martín McFly de Volver al futuro. “Son los padres los que inculcan el gen de lo que vivieron en los 80s y 90s. La cultura pop muchas veces te acerca a tu infancia o a las de tus viejos”, sintetizó.

El amor por la cultura pop

Belén Alard, de 20 años, comenzó a mirar anime durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus. Seis años después asiste a grandes convenciones como la Argentina Comic Con, Anime Con y Feria Kawaii, entre otras exposiciones que tienen al fandom como protagonista de estos eventos.

Cada vez que asiste a un encuentro recorre el lugar en busca de llaveros, remeras, peluches, stickers, posters y accesorios como collares o anillos. “Me atrae el ambiente tan alegre que hay. Es emocionante encontrarte con otros cosplayers y sacarte fotos, y además podés comprar merch que no es tan fácil de encontrar en otros lados”, explicó al contar todo lo que su amor incondicional por el anime la llevó a comprar.

A pesar del amor por el anime, Pablo Ortiz (20) todavía no asistió a ninguna convención por cuestiones de tiempo, “no por vergüenza, ya que gustos son gustos”, pero está “muy interesado en ir a alguno”, aclaró, porque tiene amigos que sí van, y tiene ganas de compartir con ellos su fanatismo por la cultura de los personajes de ojos grandes, pelos de colores, superpoderes e historias sobrenaturales.

Osvaldo González como los personajes Keldor de He Man y como Tao Pai Pai de Dragon Ball. Crédito: Osvaldo González.

Por otra parte, otra fan de esta cultura, Estefanía Salvatierra, de 32 años, contó que creció con Sailor Moon, Pokemon, Sakura Card Captor y Hamtaro, y antes solía ir a las reuniones que se hacían en el Planetario, después siguió Anime Friends y la Comic Con, pero ahora ya no va a ninguno de estos eventos. “Ya no me siento del todo integrada”, lamentó con algo de melancolía. 

Y Osvaldo González, docente de informática de 45 años que vive en Adrogué, es conocido con el nombre de San Lestat (en homenaje al personaje creado por Anne Rice) en el mundo de esta subcultura, y desde chico se caracteriza de personajes de la cultura pop. 

Y si bien este cosplayer asiste a grandes exposiciones, prefiere ir a las que se realizan en zona sur por cuestiones de distancia, y porque van muchos conocidos suyos y le gusta compartir esos momentos con ellos. Otra cosa que le agrada de los eventos que se realizan cerca es que “tienen esa cosa de que las familias entran de curiosos y salen maravillados”. Y que al haber tantos en zona sur se empieza a notar “la movida del cosplay y todo lo relacionado con este universo”, explicó el docente.

“Ah, sos Otaku”

Otaku es la manera de describir en Japón al fanático que está obsesionado con algo, ya sea con el manga (cómic en japonés), videojuegos o anime (animación en lengua nipona), y se lo suele usar de manera despectiva. Pero en los países de Occidente se lo usa para señalar a alguien que consume la cultura asiática. “Decís que mirás anime, y te dicen: ‘Ah, sos otaku’”, explicó Pablo, quien comenzó a mirar anime a los siete u ocho años, cuando Canal 10 radiovisión, un canal público de la zona, pasaba Naruto, Capitan Tsubasa (N. de R. Supercampeones, para los que tienen más de 30 años) y Digimon.

Ese gusto por la animación del país del sol naciente sigue hasta hoy, y como se sabe el primer amor es para siempre, por eso ”más que nada tengo un fanatismo por Naruto y Dragon Ball, cuando Goku era chiquito”, contó. 

Colección de mangas de Naruto

Crédito: Pablo Ortiz

En la Primaria él era uno de los pocos fans del anime que había, pero en la Secundaria conoció a algunos que compartían sus gustos, y comenzaron a hablar. En la actualidad Pablo mira animes de todos los estilos, los que más le gustan son los de pelea (shonen), pero de vez en cuando mira uno que otro romántico (shojo). “No tengo drama”, aseguró. También lee manga, tanto en formato físico como digital, “para ver qué no fue adaptado”, explicó y contó que aún no leyó ninguno que no haya sido llevado a la animación.

Ahora su fanatismo pasa por Baki, otro anime de peleas, y en simultáneo ve otra vez Naruto. “Lo miro más que nada por la nostalgia”, aclaró y también compartió que le trae recuerdos de aquellas tardes frente a la tele mientras tomaba su chocolatada y disfrutaba las aventuras de aquel que peleaba por cumplir su sueño de ser Hokage.

Otra amante de las historias niponas es Candela Varrese de 20 años, quien se entregó a los brazos del anime cuando tenía 18, porque un amigo le insistió para mirar el live action de One Piece. “Cuando lo vi quedé fascinada, y a la semana, me compré el primer tomo del manga”, recordó sobre cómo comenzó su amor por la historia del pirata que parece que nunca concluirá. 

Ahora mira Demon Slayer, pero vio un poco de Dragon Ball y de Naruto. De la obra de Akira Toriyama leyó algunos mangas que le prestaron, explicó, pero su gran amor es la obra protagonizada por el pirata de goma. “Los demás vienen después”, aclaró.

Belén por su parte explicó que mira todos los géneros: seinen, shojo, shonen y los demás. “Creo que cada uno tiene su encanto. Me encanta la cultura asiática”, enfatizó esta joven que además disfruta del K-Pop, de K-dramas, de la comida china, de la japonesa y coreana. Ve series tailandesas y chinas, y también películas. “Me gusta mucho la moda asiática, la cual intento replicar en mis outfits de todos los días”, enfatizó.

“No hay edad para mirar anime”, explicó con orgullo, Estefanía, y ella como todo fan de estas producciones consume todos sus géneros. “Cuando no tengo ganas de pensar miro algún kodomo (dirigido a un público infantil)”, pero los shojos, tanto mangas como anime, le resultan atrapantes. “Después de una escena que te destroza el corazón, pasa a otra que te hace reír. Una montaña rusa de emociones”, enfatizó emocionada.

Según Wolf, la cultura pop japonesa está diseñada para pegar en distintas sociedades. “Está todo calculado por la gente que lo saca. Y trata de cosas actuales para que los chicos se sientan identificados, y encuentren un refugio en eso. Aunque a veces es simple distracción”, explicó.

Homenajear al personaje que uno ama 

Cosplay se le llama a la actividad que los amantes del anime, manga, series, videojuegos, entre otros productos de la industria del entretenimiento realizan al caracterizarse de sus personajes favoritos. ¿Cuándo, dónde y por qué nació esta particularidad de ponerse en la piel de un personaje ficticio? No se podría explicar con precisión. 

Don Quijote de La Mancha se podría decir que fue el primer Cosplayer de la literatura, ya que se caracterizaba, con lo que tenía a mano, como los protagonistas de las historias de caballeros que leía, y quería vivir las aventuras y hazañas que ellos realizaban. Pero este tema es mejor dejarlo en manos de literatos. Vestir la piel de un personaje con la uno se identifica no es sólo cosa de estos tiempos, viene de siglos anteriores.

Para hacer y disfrutar de lo que a uno le da alegría  y lo hace sentir bien no hay edad, y un claro ejemplo de eso es Osvaldo González, que con más de cuatro décadas de edad, desde chico se caracteriza de personajes de la cultura pop.

El primero fue Paolo, el rockero, para un acto escolar, cuando él sólo tenía 12 años. Él mismo confecciona gran parte de sus propios trajes. “El cosplay me acercó a otro mundo, otro entorno, al fandom. Aparte es divertirse y jugar a ser alguien más”, explicó este docente que se ha puesto en la piel de The Crow, de N° 17, Roschach, The Joker, Drácula, entre muchos más. Y que va a cumplir con su obligación como ciudadano en cada sufragio en la piel de Loki presidente.

“Hacer cosplay es activar esa cosa de la infancia de disfrazarse, de hacer amigos. Invita a la actuación. Y no es sólo ponerse un disfraz, sino hacer un homenaje al personaje “, explicó y aclaró que como en todo ámbito artístico “hay egos y celos”, pero él no le da importancia a esas cuestiones porque le gusta hacerlo sin importar lo que los demás piensen.

Belén, en cambio,  se puso en la piel de Mikasa (Shingeki No Kyojin), Sukuna (Jujutsu Kaisen), Hello Kitty y Kuromi (personajes creados por la empresa Sanrio), Kaguya (Love Is War), Luffy (One Piece) y Deku (Boku No Hiro Akademia). Ella elige en su mayoría a los personajes más famosos, “los más amados por el fandom, sin importar si son mis favoritos o no”, expresó.

Pablo a pesar de su amor por el anime y el manga, nunca realizó un cosplay, pero si lo hiciera por alguna razón, se caracterizaría de Sasuke (personaje de Naruto) en su etapa adolescente, antes de que abandonara Konaha. También se caracterizaría de Deku (Boku No Hiro Akademia), explicó. 

Quien tampoco se puso en la piel de algún personaje es Estefanía porque “no tengo la skin”, contó mientras se reía, pero si tuviera que hacerlo, se caracterizaría de Miyo “Nule” Sasaki (Amor de Gata), o de Kuro Yuki Hime (Accel World), porque ama el vestido de ese personaje.

Recuadro

Che, ¿y acá qué onda?

A la hora de hablar de cómics nacionales es inevitable hablar de El Eternauta de Héctor Oesterheld, pero desde acá se hará el intento. Tres historias que nacieron en esta tierra.

  1. La argentinidad al palo del Cazador

Vive en una casilla, es fanático de Racing, odia a dictadores, héroes del pueblo, chimenteros, políticos y a muchos más, a quienes mata, cuando tiene un mal día, lo que suele suceder de lunes a domingos. En fin, Cazador, creado en la década de los 90s por Jorge Lucas, tal vez haya sido el mejor resumen de lo que fue la sociedad argentina durante la etapa menemista, una bizarreada épica con olor a pizza, cerveza barata y pornografia en VHS.

  1. Ani a través del delirio y lo que Andrea contó desde ahí

Ani como cualquier nena tiene mucha imaginación, curiosidad y un sentido de la aventura, que la llevará a conocer a un “príncipe”, que sólo desea destruir la inocencia de ella de manera carnal. El delirio de Ani es un manga creado por la artista argentina Andrea Jen, que como la gran obra de Lewis Carroll o Caperucita Roja, muestra a través de una historia protagonizada por una niña y animales fantásticos lo peor del ser humano.

  1. Una Buenos Aires lovecraftiana

Una escultura, un color y una melodía que jamás debieron ser creadas es lo que hace que a la Ciudad de Buenos Aires arriben criaturas (¿primigenias?) que traerán un nuevo tipo de miedo a los barrios porteños. Esta obra de Salvador Sanz, llamada Legión, hace pensar en cómo habría sido El Eternauta si hubiera sido creado por alguien que perdió la fe en la humanidad, o que tal vez, nunca la tuvo.

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