Irán ofreció a Omán un esquema de tráfico compartido para reabrir el estrecho de Ormuz, en el que la navegación en un sentido transcurriría principalmente por aguas iraníes y parte del trayecto en sentido contrario también quedaría bajo su jurisdicción, según declaró el viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, en la televisión estatal.
Gharibabadi dijo que Teherán rechazó una propuesta anterior de Mascate que planteaba dividir por igual las rutas de tránsito entre ambos países. Argumentó que ese reparto no atendía las preocupaciones de seguridad de Irán mientras no exista una estabilidad regional duradera y advirtió que el estrecho permanecerá cerrado si Omán no acepta la nueva oferta iraní.
El funcionario agregó que Irán nunca ha reconocido la denominada ruta sur, cercana a la costa omaní, y que ha notificado formalmente a Mascate su abandono del Plan de Separación del Tráfico (TSS), el sistema de la Organización Marítima Internacional que durante décadas reguló el paso de buques por el centro del estrecho.
El estrecho de Ormuz separa las costas de Irán y Omán y conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. En su punto más angosto mide unos 34 kilómetros y por él circula cerca de una quinta parte del petróleo comercializado globalmente, por lo que cualquier disputa sobre su régimen de navegación tiene implicaciones directas para los mercados energéticos internacionales.
El cierre prolongado del paso ha alterado los flujos comerciales de la región. Países con alternativas al estrecho, como Arabia Saudita —a través de oleoductos que desembocan en el mar Rojo— y Omán, han visto incrementos en ingresos vinculados a esas rutas alternativas, mientras que Irak, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, más dependientes del paso por Ormuz, han registrado pérdidas. La crisis también ha llevado a un aumento de las importaciones europeas de gas natural licuado procedente de Rusia, ante el temor a nuevas interrupciones en las rutas energéticas del Medio Oriente.
La situación actual se produce en el marco de meses de tensión creciente entre Irán, Estados Unidos e Israel. Irán cerró el paso el 5 de julio tras la ruptura de una tregua alcanzada semanas antes, lo que motivó que Washington restableciera un bloqueo naval sobre puertos y buques iraníes en la zona. Desde entonces, viceministros de Exteriores de Irán y Omán han mantenido conversaciones técnicas en Teherán, la más reciente el 24 y 25 de julio; ambas partes reconocieron avances en las negociaciones, pero no se han producido cambios en el tráfico marítimo.
Gharibabadi defendió la postura iraní como una cuestión de soberanía y seguridad nacional, no como una presión sobre Mascate. Señaló que, cuando el TSS estuvo ubicado durante décadas en aguas omaníes, Irán no protestó, según declaró en la emisora estatal citada por Reuters.
El viceministro advirtió asimismo que Teherán no permitirá la participación de otros países en operaciones de desminado del estrecho, incluso si Omán propone invitaciones en ese sentido. Voces internacionales han informado que la presencia de minas ha dejado inutilizable el antiguo corredor central, obligando a los petroleros a emplear rutas alternativas por el norte y el sur del estrecho.
Paralelamente, el Parlamento iraní estudia una ley para reforzar el control nacional sobre Ormuz, mientras Omán ha buscado respaldo diplomático de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Egipto para una solución negociada. La exigencia de Teherán de rediseñar las rutas a su favor sugiere que la reapertura plena del tránsito dependerá en gran medida del contexto político entre Irán y Estados Unidos, más que de un acuerdo técnico bilateral con Mascate.


