Más de 250.000 personas fueron evacuadas en Europa, mientras Canadá registra cerca de mil incendios activos en sus bosques boreales. Científicos advierten que esto puede convertirse en una crisis de salud pública con efectos que se prolongarán durante años. La crisis climática, impulsada por la quema de combustibles fósiles, agrava las sequías y facilita la rápida expansión de los incendios.
Según The Guardian, una ola de fuegos afecta simultáneamente regiones de América del Norte y Europa, provocando desde la pérdida de viviendas y bosques hasta la formación de nubes tóxicas de humo que alcanzan ciudades a cientos de kilómetros. En Estados Unidos, una tercera ola de calor en el último mes secó la vegetación y avivó incendios en Washington, el este de Oregón e Idaho, cuya columna de humo podría desplazarse hasta Florida.
El humo no respeta fronteras
El impacto del humo supera ampliamente las áreas quemadas. Investigaciones recientes muestran que las partículas finas del humo de incendios forestales aumentan el riesgo de hospitalización entre personas mayores, incluso cuando viven a cientos de kilómetros de los focos activos.
En palabras de Kai Chen, profesor asociado de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Yale y coautor del estudio, el costo cardiovascular del humo “se extiende mucho más allá de las líneas de fuego y del día en que el cielo se vuelve anaranjado”, según recoge The Guardian.
Los incendios en los bosques boreales de Canadá generaron una extensa nube tóxica que llegó a ciudades principales de Canadá y Estados Unidos. La situación derivó además en tensiones políticas: el entonces presidente Donald Trump acusó a Canadá de “envenenar” el aire estadounidense y amenazó con represalias, una reacción que el medio describió como desconcertante dado el origen climático del fenómeno.
En Europa, los incendios que afectan al Reino Unido, Francia y España obligaron a evacuar a más de 250.000 personas. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, señaló que “toda la península ibérica sufre los efectos de la emergencia climática de una manera muy concreta”, según The Guardian.
Las heridas que no cierran con la lluvia
Un estudio reciente, el Maui Wildfire Exposure Study liderado por la Universidad de Hawái, evaluó las secuelas en personas afectadas por el incendio de 2023 en Maui, que causó más de 100 muertes y destruyó miles de edificaciones. El trabajo analiza la situación de salud años después del desastre.
Los resultados indican que, aunque en términos materiales y económicos hubo mejoras generales, una parte importante de la población mantiene secuelas físicas y psicológicas. Casi la mitad de los adultos evaluados reportó síntomas depresivos persistentes y casi uno de cada cinco presentó trastorno de estrés postraumático. Entre más de 2.500 participantes también se observaron aumentos en la presión arterial y la obesidad, así como mayor prevalencia de problemas emocionales en niños y adolescentes.
Alika Maunakea, codirector del estudio y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Hawái, señaló que el progreso en la reconstrucción es real, pero que las consecuencias biológicas, emocionales y sociales de un desastre no desaparecen con la remoción de escombros ni en el mismo plazo que la reconstrucción.
Christopher Knightsbridge, terapeuta de salud mental con base en Lahaina, advirtió que los niños pueden aparentar resiliencia mientras siguen cargando efectos emocionales y físicos profundos. Subrayó que apoyar a los niños implica también apoyar a las familias en aspectos como vivienda, seguridad alimentaria, rutinas y acceso a atención confiable.
Respuestas de largo plazo ante una amenaza creciente
Ante un escenario de incendios cada vez más frecuentes e intensos, expertos y científicos piden políticas de salud pública con visión a largo plazo. Entre las medidas propuestas están la creación de “centros de aire limpio”: espacios habilitados por las autoridades donde la población pueda resguardarse de la contaminación durante episodios de humo.
Un estudio publicado en 2025 sobre una cohorte de adultos mayores del sur de California halló un aumento del 7 % en la mortalidad a lo largo de tres años atribuible a la exposición al humo de incendios. Sus autores recomendaron no basar la activación de medidas de salud pública únicamente en la intensidad visible del humo, porque los efectos a largo plazo pueden ser dañinos incluso con exposiciones bajas.
Lara Schwarz, científica en salud ambiental de la Universidad de California en Berkeley, señaló que, dado que los incendios serán más frecuentes y severos por el cambio climático, comprender sus efectos a largo plazo es esencial para mejorar la respuesta de salud pública, según informó The Guardian.
Los investigadores del estudio sobre Maui enfatizaron que el monitoreo sostenido y la intervención continuada son indispensables después de un evento de este tipo, ya que los impactos pueden mantenerse durante años.

