27 de enero de 2026
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Francia juzga a exsenador por drogar con éxtasis y abusar sexualmente de una diputada

La fiscalía francesa pidió este martes que el exsenador Joel Guerriau, de 68 años, sea condenado a cuatro años de prisión por haber drogado con éxtasis a la diputada Sandrine Josso con la intención de agredirla sexualmente. El Ministerio Público solicitó que tres de esos cuatro años se cumplan de forma efectiva y con ejecución provisional, lo que podría enviar al exlegislador a prisión en pocos días incluso si presenta recurso.

El fiscal Benjamin Coulon también reclamó una inhabilitación de cinco años para ocupar cargos públicos, la inscripción del acusado en el registro de delincuentes sexuales, la prohibición de contactar a la víctima, una indemnización económica y la obligación de someterse a un tratamiento. El cuarto año de condena quedaría suspendido con libertad condicional por dos años. Guerriau se enfrenta a una pena máxima de cinco años de prisión y a una multa de 75.000 euros.

Los hechos ocurrieron el 14 de noviembre de 2023. En aquel momento Guerriau, senador por el departamento de Loira Atlántico del partido Horizons, invitó a Josso, diputada del Modem, a su apartamento en París para celebrar su reelección. Ambos representaban la misma circunscripción y mantenían una relación profesional de amistad desde hacía una década. Josso declaró ante el tribunal que le sorprendió ser la única invitada, ya que la reunión inicialmente debía celebrarse en un restaurante.

Según la diputada, Guerriau le ofreció champán que tenía un sabor extraño y poco después empezó a sufrir palpitaciones, temblores, náuseas y sudoración. Describió actitudes inusuales del anfitrión: insistía en que bebiera, manipulaba la iluminación del salón y propuso trucos de magia que ella interpretó como insinuaciones de penetración. Al verlo manipular una bolsita transparente antes de guardarla, sospechó que había sido drogada.

Josso logró disimular los síntomas y abandonó el apartamento alegando que debía volver a la Asamblea Nacional. Tomó un taxi, contactó a colegas y acudió a urgencias. Las pruebas toxicológicas detectaron MDMA en sangre a 388 nanogramos por mililitro, aproximadamente el doble de una dosis recreativa, según explicó el tribunal. La inspección del domicilio de Guerriau al día siguiente permitió incautar una bolsa con 30 gramos de la misma sustancia.

La MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina), principio activo del éxtasis, es una droga sintética relacionada con las anfetaminas que se popularizó en los años noventa en fiestas rave y clubes de música electrónica. Según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EE. UU., actúa sobre neurotransmisores —sobre todo la serotonina— y provoca euforia, sensación de bienestar, desinhibición y una intensificación emocional. Sus efectos secundarios incluyen aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular que puede causar rechinamiento de dientes, visión borrosa, náuseas y sudoración; en dosis altas puede provocar hipertermia severa, daño hepático o renal e incluso la muerte.

Desde su detención, el exsenador sostiene que se trató de un acto involuntario. Ante el tribunal explicó que atravesaba un periodo de depresión y ansiedad tras su décima campaña electoral y la muerte de su gato. Afirmó que otro senador, cuya identidad no reveló, le había dado meses antes un polvo que creyó era un euforizante para aliviar su malestar. Dijo que la noche anterior a la visita de Josso vertió esa sustancia en una copa que pensaba consumir él mismo, pero luego dejó el vaso; al día siguiente, alegó, sirvió por error champán en ese mismo recipiente.

Los investigadores presentaron un elemento que contradice esa versión: un mes antes de los hechos Guerriau realizó al menos veinte búsquedas en internet sobre los efectos de la MDMA y del GHB. Entre los términos registrados, según France Info, figuraban expresiones como “droga y violación”, “efectos del éxtasis GHB”, “puntos de venta GHB” o “compra GHB GBL”, además de artículos sobre las llamadas drogas de la violación y las reacciones de posibles víctimas. El acusado sostuvo que esas búsquedas formaban parte de su trabajo parlamentario para entender el fenómeno tras conversaciones con un amigo cuya hija podía haber sido víctima de sumisión química.

El abogado defensor, Henri Carpentier, aseguró que las consultas fueron breves y no reiteradas, y que no prueban una intención sexual desde el punto de vista penal. También subrayó que su cliente no realizó gestos de connotación sexual aquella noche y que sería incoherente intentar agredir a una mujer que debía regresar a la Asamblea, donde su ausencia se habría notado.

El fiscal Coulon rechazó esas explicaciones y afirmó que resulta difícil no advertir la presencia de polvo en el fondo de una copa de champán, porque la espuma obliga a mirar el recipiente. El abogado de la parte civil, Arnaud Godefroy, describió el comportamiento del acusado como el patrón típico de quien administra una sustancia en una bebida y espera a que haga efecto mientras observa a la víctima.

Josso, de 50 años, relató ante el tribunal las secuelas que padece desde aquella noche: hipervigilancia constante, trastornos del sueño, agotamiento crónico, ciáticas recurrentes, una hernia discal y la pérdida de cuatro dientes por la tensión mandibular. Dijo que acudió a la cena como quien visita a un amigo y se encontró con un agresor. El Tribunal Correccional de París se retiró a deliberar tras los alegatos y se esperaba que anunciara su fallo en las horas siguientes.

Guerriau siguió en el Senado casi dos años después de ser imputado, pese a las peticiones de dimisión. Su partido Horizons lo expulsó tras conocerse la denuncia y el presidente del Senado, Gérard Larcher, anunció que estudiaría sanciones disciplinarias. Finalmente renunció a su escaño en octubre de 2025.

Un año después de que estallara esta denuncia, Francia se conmocionó por el juicio de Mazan, en el que Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión por drogar durante casi una década a su esposa Gisèle, violarla y ofrecerla a decenas de desconocidos reclutados por internet. En ese proceso, otros cerca de 50 hombres recibieron penas de entre tres y 15 años. El caso Pelicot impulsó un debate nacional sobre la cultura de la violación y aceleró una reforma legislativa significativa.

En octubre de 2025 el Parlamento francés modificó el Código Penal para definir la violación como cualquier acto sexual no consentido. Hasta entonces, la ley solo reconocía como tal la penetración o el sexo oral cometidos mediante violencia, coacción, amenaza o sorpresa. La nueva normativa establece que el consentimiento debe ser libre, informado, específico, previo y revocable, y que nunca puede deducirse del silencio o de la falta de resistencia de la víctima. Con ello Francia se alineó con países como España, Alemania, Bélgica y Suecia que ya aplicaban un criterio basado en el principio del consentimiento.

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