Se cumplen hoy 35 años de la histórica nevada que tuvo lugar el 1° de agosto de 1991, un suceso inolvidable para los marplatenses que dejó numerosas anécdotas y imágenes para el recuerdo.
Días antes de esa jornada, una masa de aire polar afectó a Mar del Plata; la tarde del 31 de julio hubo una intensa agua nieve y cerca de las 23:30 comenzaron a caer los primeros copos.
En los primeros minutos del jueves 1° de agosto, con una temperatura de un grado bajo cero y una sensación térmica de nueve grados bajo cero, la nevada se volvió continua y se mantuvo durante toda la madrugada hasta alrededor de las 9 de la mañana.
Ante un fenómeno que en otros lugares puede ser habitual pero que en la ciudad resulta inusual, muchos marplatenses salieron de sus casas para presenciar una copiosa nevada, la primera comparable desde 1975, aunque expertos consideran que la de 1991 fue más importante en cantidad.
Fueron miles quienes por primera vez vieron nevar; se volcaron a las calles para disfrutar: los niños jugaban a las “guerras de nieve” y armaban muñecos, y los adultos también participaron, decorando las figuras con zanahorias, bufandas, gorros e incluso camisetas de fútbol.
Varios cafés mantuvieron sus puertas abiertas y ofrecieron bebidas calientes a quienes permanecían en las veredas, lo que ayudó a mitigar el frío.
Además de los habituales amaneceres marplatenses con el sol emergiendo detrás del mar, aquella mañana las playas aparecieron cubiertas por un manto blanco que dejó postales de estilo nórdico en la costa atlántica.
Quienes durmieron toda la noche se sorprendieron al mirar por la ventana y encontrar una capa mullida de nieve: según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el promedio de acumulación fue de 8,5 centímetros, con sectores que alcanzaron hasta 20 centímetros.
Un gran porcentaje de alumnos del turno mañana no asistió a clase; algunos se ausentaron voluntariamente y a otros se les permitió retirarse, generándose una suerte de “feriado popular” por la alegría que causó la nevada.
La rutina de la ciudad se vio alterada: las batallas con bolas de nieve se replicaron en plazas y playas, mientras que automovilistas y motociclistas debieron extremar las precauciones por el riesgo de deslizamientos, ya que los vehículos no estaban preparados y amanecieron prácticamente congelados.
El aeropuerto permaneció cerrado para operaciones aéreas y se reportaron dificultades en el tránsito por rutas cercanas.
Con el paso de las horas el hielo comenzó a derretirse y el manto blanco fue desapareciendo lentamente, pero aquel regalo del cielo quedó para siempre en la historia y la memoria colectiva de Mar del Plata.

