4 de agosto de 2026
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Trump cancela visado a embajadora brasileña y eleva la tensión con Lula

Estados Unidos y Brasil profundizaron este martes su creciente conflicto con una decisión poco habitual de la administración de Donald Trump: retiró el visado a la embajadora brasileña en Washington, aunque aclaró que eso no implica su expulsión del país.

El congelamiento diplomático de la embajadora Maria Luiza Ribeiro Viotti, según medios brasileños tras una teleconferencia con el Departamento de Estado, se interpreta como una represalia de la Casa Blanca por la demora del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en conceder el plácet al nuevo embajador estadounidense en Brasilia, Daniel Pérez.

Hasta ahora la cancillería brasileña no se pronunció sobre la medida adoptada por el secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo departamento tampoco descarta imponer “nuevas sanciones” contra Brasil.

En respuesta, el gobierno de Lula negó recientemente el visado a Darren Beattie, asesor principal para Brasil del gobierno estadounidense. Días antes había rechazado la entrada a otros dos funcionarios del Departamento de Estado, ante la sospecha de que pretendían interferir en el proceso electoral previo a las presidenciales de octubre.

La justificación oficial de la visita era debatir la libertad de expresión en el contexto de las elecciones, pero, según el periódico The Washington Post y reproducen medios como Folha de São Paulo, los funcionarios Riley M. Barne y Samuel D. Samson habrían ido con el propósito de poner en duda la integridad del proceso electoral.

Un reportaje de abril en The New York Times describió a Samson, subsecretario adjunto de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, como la apuesta de la administración Trump en una “guerra cultural” dirigida también contra Europa.

Las relaciones personales entre Rubio y Lula son tensas y evidentes: ambos muestran antipatía mutua, y Rubio no estuvo en el país cuando Lula visitó a Trump en la Casa Blanca el 7 de mayo.

Rubio ha criticado con dureza las políticas económicas de Lula, afirmando que son perjudiciales para estadounidenses y brasileños y acusando al presidente brasileño de anteponer su ego a acuerdos que beneficiarían al pueblo. El secretario de Estado ha llegado a calificar a Brasil como un “país no amigo” de Estados Unidos y ha dicho que los aranceles son el precio a pagar por esa postura.

A pesar del tono cordial de la reunión bilateral de mayo, que duró tres horas, las relaciones entre la Casa Blanca y el Palacio del Planalto se han vuelto a tensionar. Además de las medidas diplomáticas, Estados Unidos ha aplicado subidas de aranceles, y se espera que la tensión persista en el contexto de la campaña electoral, en la que Lula obtiene réditos políticos al enfatizar la defensa de la soberanía nacional.

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