Más de 1.700 personas han muerto por el brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo. Según Associated Press (AP), un funcionario advirtió que casi el 80% de los nuevos casos no procede del seguimiento de contactos conocidos, sino de contagios dentro de la comunidad, lo que debilita una herramienta clave de contención.
AP informó que hasta el martes se habían registrado 3.802 casos y 1.707 fallecimientos, con el foco principal en la provincia de Ituri y una transmisión comunitaria en expansión. Las cifras oficiales recientes indican más de 100 muertes en menos de una semana.
Ese patrón explica en parte la dificultad para frenar el brote: cuando la mayoría de los contagios ocurre fuera de los circuitos de seguimiento, las autoridades sanitarias pierden rapidez para aislar focos y para reconstruir las cadenas de transmisión.
En el este del país, el problema se complica por la inseguridad, la desconfianza de parte de la población y las dificultades de acceso a zonas afectadas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en sus reportes más recientes que la emergencia permanece activa en varias provincias. En una actualización del 1 de agosto la OMS señaló que la enfermedad causada por el virus Bundibugyo se había extendido a cinco provincias y a decenas de zonas sanitarias.
Hasta el 30 de julio, la República Democrática del Congo reportaba 3.605 casos confirmados y 1.587 muertes; además se registraron contagios vinculados en Uganda y un caso detectado en Francia tras una exposición relacionada con territorio congoleño. La agencia de la ONU indicó que Ituri concentra el 88% de los casos y más del 82% de las muertes, con focos de alta circulación en Bunia, Rwampara y Mongbwalu.
El brote fue declarado el 15 de mayo de 2026 y se atribuye al virus Bundibugyo, una de las especies del género ebolavirus. Esta variante genera preocupación internacional porque no existen vacunas autorizadas ni tratamientos aprobados específicos, a diferencia de otras formas de ébola para las que se han logrado avances médicos en años recientes.
La Oficina Regional Africana de la OMS recordó que la situación fue clasificada el 17 de mayo como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, una condición que activa mecanismos de coordinación global y busca acelerar recursos, investigación y cooperación entre países.
La expansión del brote y la alerta internacional
La respuesta sanitaria combina aislamiento de casos, entierros seguros, medidas de prevención de infecciones y seguimiento de personas expuestas. Según la OMS, el ébola se transmite por contacto directo con sangre, fluidos corporales o tejidos de personas infectadas, así como por objetos contaminados y animales reservorio.
Aun con este esquema de control, AP detalló que los retrasos en la identificación de contactos, la violencia de grupos armados y episodios de ataques o resistencias locales han debilitado la campaña contra el virus.
En términos de vigilancia, la OMS informó que mantiene bajo observación a más de 17.000 contactos potenciales y que alrededor del 80% de ellos recibe controles diarios.
Este despliegue opera en una región marcada por conflicto armado, desplazamientos de población y minería ilegal, factores que dificultan la localización de personas expuestas y favorecen la dispersión de casos entre zonas de acceso irregular.
La vigilancia de contactos en una zona de conflicto
La presión sobre el sistema de salud constituye otro obstáculo. AP reportó que trabajadores sanitarios en Mongbwalu lanzaron un ultimátum por salarios impagos, tras protestas similares en Bunia por la falta de pago y las condiciones laborales peligrosas.
La OMS había indicado previamente que más de 100 trabajadores de la salud se han infectado desde el inicio del brote, lo que reduce la capacidad de respuesta local y afecta a hospitales y centros de tratamiento ya exigidos por la expansión de la enfermedad.
La crisis mantiene en alerta a los países vecinos, aunque las agencias internacionales no han recomendado cierres o restricciones generalizadas. Uganda se declaró libre de ébola tras el alta del último paciente a mediados de junio, y la OMS ha indicado que no aconseja restricciones al comercio ni a los viajes internacionales, ya que esas medidas pueden desviar el tránsito hacia pasos informales menos controlados.
El impacto en los países vecinos
Otro factor que complica la investigación epidemiológica es que aún no se ha identificado al paciente cero dentro de la cadena conocida del brote. AP señaló que ese punto sigue sin resolverse, mientras que el desplazamiento forzado por el conflicto y la actividad minera ilegal dificultan rastrear a miles de personas que tuvieron contacto con infectados.
La comparación histórica muestra la rapidez de esta expansión: AP señaló que este brote superó las 1.700 muertes en menos tiempo que en episodios anteriores, incluso en el brote de 2014-2016 en África occidental, que tardó cerca de ocho meses en llegar a las 1.000 víctimas aunque luego acumuló más de 11.000 fallecidos.
En Ituri continúan dos ensayos clínicos de profilaxis posexposición y se realizan estudios de vacunas en Reino Unido y Canadá; además, se inició la inscripción para una investigación sobre dos posibles tratamientos contra el virus.

