Los misiles balísticos rusos están penetrando con mayor frecuencia las defensas aéreas ucranianas, lo que aumenta el riesgo de daños significativos en ciudades y para la población civil. Kiev afronta limitaciones en sus capacidades de intercepción mientras mantiene una presión militar sostenida en el frente oriental.
En la última serie de ataques contra Kiev y sus alrededores no se interceptó ninguno de los proyectiles. Los impactos dañaron una cervecería, un almacén y una oficina de clasificación postal, dejaron al menos 17 muertos, decenas de heridos y provocaron la destrucción de viviendas y otros edificios residenciales, según la administración militar.
Paralelamente, la intensificación de los ataques en la región de Donetsk obligó a evacuar a cientos de familias, incluidos niños, en Kramatorsk, donde las fuerzas rusas se acercaron a menos de 20 kilómetros del límite oriental de la ciudad.
La mayor efectividad de los misiles balísticos obedece a su alta velocidad y a una trayectoria muy pronunciada: descendieron a varias veces la velocidad del sonido con un ángulo casi vertical, lo que dejó a las defensas apenas unos segundos para reaccionar. A diferencia de los misiles de crucero, que vuelan a baja altura y pueden rastrearse más fácilmente, los balísticos se lanzan como cohetes y caen casi en picada.
El sistema Patriot, entregado por Estados Unidos, logró interceptos puntuales gracias a su tecnología hit-to-kill, pero la cantidad de baterías y de interceptores disponibles fue insuficiente para proteger todas las zonas urbanas, lo que obligó a racionar su uso.
Rusia ha combinado misiles balísticos, drones y señuelos para saturar y complicar las labores de los sistemas de defensa ucranianos, explotando así las limitaciones operativas y de stock de interceptores.
La situación se agravó por un aumento global en la demanda de interceptores Patriot y THAAD debido a otros conflictos, lo que redujo significativamente los inventarios estadounidenses. La producción no ha sido suficiente para cubrir la demanda: Lockheed Martin entregó más de 600 interceptores en 2025 y trabaja para aumentar la capacidad, pero persiste un déficit.
En Europa, la OTAN planea abrir una planta de producción de misiles Patriot en Alemania, aunque ese aumento de suministro aún no se ha canalizado hacia las defensas ucranianas. Además, la continuidad del apoyo político a futuros envíos de Patriots mantiene cierto grado de incertidumbre.
En la cumbre de la OTAN en Turquía, el presidente Donald Trump aseguró que concedería una licencia para que Ucrania produjera misiles Patriot, pero posteriormente aclaró que no había tomado una decisión definitiva. Analistas y funcionarios coinciden en que la producción local, si llega a autorizarse, requeriría años para materializarse.
Como medida complementaria, Ucrania intentó neutralizar los lanzadores rusos antes de que dispararan. Para ello, el presidente Volodimir Zelensky solicitó a Estados Unidos permiso para acceder a la red Starlink con el fin de emplear drones en la localización de lanzadores e infraestructura en territorio ruso. Hasta ahora no ha habido confirmación pública de la Casa Blanca ni de SpaceX sobre esa autorización.
En paralelo, Kiev impulsa el desarrollo de un sistema antibalístico propio, denominado Freya, con el apoyo de nueve países europeos. El proyecto busca reducir la dependencia de los sistemas Patriot y acelerar la producción de defensas antimisiles, aunque por ahora no hay una fecha de despliegue definida.
Zelensky señaló que Ucrania recibió solo un tercio de los misiles de defensa aérea en la primera mitad del año en comparación con el mismo periodo anterior y pidió a sus aliados un aumento inmediato en la entrega de interceptores. Como alternativa, solicitó la imposición de sanciones más severas contra la industria militar rusa, que continúa con capacidad productiva intacta.
(Con información de AP)



