La Usina del Arte fue, en 2025, el escenario central de la emoción por la segunda edición de los Premios Martín Fierro de Cine y Series. La ceremonia combinó reconocimientos con momentos de nostalgia, entusiasmo y reivindicación para la producción audiovisual argentina, reunida en una noche de brillo y expectativa.
Luciano Cáceres y Teté Coustarot condujeron la velada, marcando el ritmo entre aplausos y sobres cerrados. Además de entregar los premios, acompañaron a los galardonados y presenciaron discursos cargados de emoción.
Uno de los anuncios más aplaudidos fue el de la mejor actriz de reparto en serie, que recayó en Lorena Vega por sus trabajos en En el barro, Envidiosa y El fin del amor 2. Su nombre provocó una ovación por la fuerza y continuidad de su carrera.
Antes de su subida al escenario, Cáceres repasó brevemente la trayectoria de Vega: actriz, directora, dramaturga y guionista, iniciada en el teatro independiente de los ’90, con participaciones destacadas en títulos como Un novio para mi mujer, El eslabón perdido, Kryptonita y Mazel Tov.
En su discurso, Vega agradeció al jurado y a APTRA por la nominación por las tres series, subrayando que eran trabajos grandes realizados con equipos excelentes. Señaló que compartir el premio con las otras nominadas, muchas de ellas amigas y compañeras de experiencias previas, fue un honor.
Enumeró y agradeció a las productoras y equipos involucrados: K&S por El fin del amor, Underground por En el barro, Kapow! y Preludio por Envidiosa. Mencionó también a las plataformas y a las cabezas de equipo, a quienes definió como guías en la actuación, y agradeció la confianza y compañía de colegas como Lali, Anita Garibaldi y Griselda Siciliani.
Vega resaltó que los premios reconocen trabajos colectivos: valoró las largas jornadas, los detalles que quedan fuera de cámara y el esfuerzo de quienes conforman los equipos de producción.
Dedicatorias personales marcaron otro momento: dirigió el premio a su madre, Jenny, modista, presente en vida; y lo compartió con su hijo Dante Zapico y con Gonzalo Zapico, a quienes mencionó con emoción.
También rindió homenaje al dramaturgo Mariano Tenconi Blanco y recordó una de sus ideas sobre la ficción: que sirve para volver a ser niños, para dar vida a quienes pensamos perdidos, para dialogar con los muertos, para derribar barreras y acceder a lugares que se nos niegan; en suma, para contar otras historias y permitir vivir otras vidas, ofreciendo nuevas oportunidades.
Con esa reflexión y la ovación final, Lorena Vega reafirmó la potencia de la ficción argentina y el valor de poder, aunque sea por una noche, habitar otras vidas en una sala llena de posibilidades.


