Aviones de combate polacos interceptaron este jueves un avión ruso de reconocimiento que volaba sobre el mar Báltico, cerca de su espacio aéreo, en un incidente más dentro de una serie de sucesos recientes en la frontera oriental de la OTAN.
El evento tuvo lugar en aguas internacionales, aunque dentro del área de responsabilidad polaca, y coincidió con la detección nocturna de objetos que ingresaron al espacio aéreo desde Bielorrusia, lo que llevó a imponer restricciones temporales a la aviación civil en el noreste del país.
Las autoridades militares de Polonia informaron que cazas despegaron para interceptar, identificar visualmente y escoltar a la aeronave rusa, descrita como un avión de reconocimiento.
El operativo se desarrolló sin que el aparato cruzara formalmente el espacio aéreo polaco, pero fue considerado significativo por su proximidad a las fronteras y por el contexto regional. Desde septiembre, los países del flanco oriental de la OTAN han reforzado la vigilancia tras varias violaciones del espacio aéreo, incluido un caso en Estonia y la entrada previa de drones en territorio polaco.
Paralelamente, durante la madrugada se registró el ingreso de varios objetos procedentes de Bielorrusia. Tras un análisis técnico, las fuerzas armadas polacas estimaron que “lo más probable es que se tratara de globos de contrabando”, desplazados según la dirección y velocidad del viento.
El seguimiento de esos objetos se realizó de forma continua mediante sistemas de radar y, como medida preventiva, se cerró temporalmente una porción del espacio aéreo en la región de Podlaquia, fronteriza con Bielorrusia, para garantizar la seguridad de los vuelos civiles.
Las restricciones permanecieron vigentes durante la noche y la madrugada y luego fueron levantadas.
El ministro de Defensa de Polonia, Władysław Kosiniak-Kamysz, resaltó el despliegue permanente de las fuerzas armadas y afirmó que “todas las provocaciones, tanto sobre el Báltico como en la frontera con Bielorrusia, estuvieron bajo pleno control”. Agradeció asimismo a “casi 20.000 soldados que, incluso durante las fiestas, velan por nuestra seguridad”.
Estos incidentes aéreos se producen en un contexto de deterioro de las relaciones diplomáticas entre Varsovia y Moscú. El mismo jueves, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, reaccionó al cierre del consulado ruso en Gdansk, medida tomada por el gobierno polaco.
Zajárova advirtió sobre posibles consecuencias y dijo: “Recomendamos que los polacos, que aparentemente tienen la cabeza calentada por la fiebre, piensen primero en todas las posibles consecuencias de acciones ilegales y provocadoras”.
La portavoz añadió que, aunque el consulado dejó de operar, el edificio sigue siendo propiedad de Rusia. Explicó que “esta propiedad fue entregada a la Unión Soviética para su uso ilimitado y gratuito en el período de posguerra” y advirtió sobre respuestas de Moscú ante acciones que considera ilegales.
El origen del conflicto diplomático se remonta a noviembre, cuando el canciller polaco Radosław Sikorski anunció el cierre del consulado en Gdansk en represalia por presuntos actos de sabotaje ferroviario atribuidos a servicios rusos.
Varsovia fijó un plazo para que el personal abandonara el edificio, pero funcionarios polacos no pudieron acceder posteriormente, mientras la embajada rusa informó que sus empleados no se retirarían, al considerar que el inmueble pertenece a la Federación Rusa.
La combinación de incidentes militares y disputas diplomáticas refleja el nivel de tensión en Europa del Este, donde la vigilancia aérea, el control de fronteras y los desacuerdos sobre propiedades diplomáticas ocurren en un clima de desconfianza sostenida.
Para los países de la región, la prioridad declarada es mantener la seguridad y el control del espacio aéreo mientras continúan las fricciones políticas con Moscú.
(Con información de Reuters)


