El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llamó al primer ministro de Camboya, Hun Manet, para promover un alto el fuego debido a un nuevo ciclo de enfrentamientos armados que se producen pese a la vigencia formal de un acuerdo de paz firmado hace dos meses.
Según un comunicado del Departamento de Estado, Rubio manifestó su preocupación por la violencia entre Camboya y Tailandia, destacó el deseo de paz del presidente Donald Trump y subrayó la necesidad de implementar plenamente los Acuerdos de Paz de Kuala Lumpur, suscritos en octubre tras una mediación de Washington.
El jefe de la diplomacia estadounidense reafirmó que su país está dispuesto a facilitar conversaciones entre Phnom Penh y Bangkok para garantizar la estabilidad en una frontera sensible del Sudeste Asiático, región clave para cadenas de suministro y la seguridad regional.
Las gestiones de Estados Unidos coinciden con el inicio de una nueva ronda de negociaciones bilaterales entre Tailandia y Camboya, comenzada el miércoles y prevista para cuatro días, con el objetivo de frenar los choques registrados desde el 7 de diciembre a lo largo de la frontera común.
Fuentes oficiales y regionales citadas por agencias internacionales indican que los enfrentamientos recientes han dejado al menos 86 muertos, entre militares y civiles, y han provocado el desplazamiento temporal de miles de personas en comunidades rurales cercanas a la frontera.
El conflicto tiene raíces históricas: ambos países disputan la soberanía de varios tramos fronterizos definidos originalmente por la cartografía colonial francesa de 1907, cuando Camboya formaba parte de la Indochina francesa, mapas que siguen siendo interpretados de forma distinta más de un siglo después.
Las tensiones se concentran en distintos puntos de los aproximadamente 820 kilómetros de frontera común, donde en el pasado ya se produjeron escaramuzas, especialmente en zonas próximas a templos y enclaves con valor histórico y simbólico.
En julio pasado, tras varios días de intensos combates que dejaron cerca de medio centenar de muertos, Trump intervino como mediador y, según el propio mandatario, ambos gobiernos aceptaron frenar los enfrentamientos después de que Washington amenazara con sanciones comerciales si continuaba la escalada.
Ese proceso culminó en octubre con la firma de los Acuerdos de Paz de Kuala Lumpur, presididos por Trump en la capital malasia, que incluyeron compromisos de desescalada militar, verificación y diálogo político permanente.
No obstante, a comienzos de diciembre los combates se reanudaron, lo que puso de manifiesto la fragilidad del acuerdo y la falta de mecanismos de supervisión efectivos sobre el terreno, un aspecto que Estados Unidos busca ahora reforzar mediante una mediación más activa.
Para Estados Unidos, el conflicto tiene además una dimensión estratégica: una escalada prolongada en la frontera entre Camboya y Tailandia podría desestabilizar el Sudeste Asiático continental y afectar intereses comerciales y de seguridad en una región marcada por la rivalidad entre grandes potencias, en particular entre Washington y Beijing.
(Con información de EFE y Europa Press)


