Ernestina Pais se mostró radiante y entusiasmada por su nuevo desafío: protagonizar, junto a otros intérpretes reconocidos, la obra de José María Muscari en la calle Corrientes titulada “El divorcio del año”. Para promocionar el proyecto visitó Cortá por Lozano y allí también habló del difícil momento que atravesó por su adicción al alcohol.
No es la primera vez que Pais relata esa etapa oscura de su vida; siempre subraya tres ideas centrales: puede ocurrirle a cualquier persona, es necesario pedir ayuda y es posible recuperarse.
La actriz explicó que llegó a reconocer que tenía un consumo problemático y que quería dejarlo, pero no sabía cómo hacerlo. “Quería que alguien me saque de ahí. No sabía cómo”, afirmó.
“Me despertaba en abstinencia y bebía para calmar el temblor”
“Durante mucho tiempo yo no quería tomar. Bebía llorando. Me despertaba en abstinencia, agarraba la botella y me servía el primer vaso de la mañana antes de que entrara cualquier otra cosa en mi cuerpo: lo hacía para calmar el temblor”, recordó en el diván de Verónica Lozano.
Relató además: “No lo hacía porque quisiera tomar, lo hacía llorando. Quería que alguien me sacara de ahí y no sabía cómo. Intenté internaciones voluntarias, pero cuando entendí que no podía salir solo por mi voluntad, dije: ‘bueno, vamos por ayuda’”.
Destacó que llegó un momento en el que se armó de fuerza y decidió aprovechar la oportunidad de tratamiento. “Hay tres formas de salir: que te saque tu familia, que te vayas voluntariamente o el campanazo, que es básicamente el alta médica”.
Recordó que a las dos semanas, en medio de la indecisión de quedarse o irse, le dijo a su terapeuta que se iría con el campanazo y que no intentaría marcharse antes. El campanazo es un momento especial al final de las terapias en el que los compañeros comparten mensajes positivos, generando una especie de retroalimentación para todo el grupo.


