Una sustancia viscosa de color rosado apareció el viernes pasado en playas remotas del sur de Tasmania, lo que generó preocupación entre autoridades, científicos y organizaciones ambientales por la posible aparición de una floración algal.
El hallazgo se detectó primero en la bahía de Randalls, a unos 60 km al sur de Hobart, y luego en lugares como Little Roaring Beach, el canal D’Entrecasteaux y la bahía Little Taylors, según reportaron The Guardian y The Northern Daily Leader.
Muestras en análisis y primeras hipótesis
Vecinos alertaron sobre la presencia de la sustancia desde las primeras horas del día. Equipos del Departamento de Recursos Naturales y Medio Ambiente de Tasmania tomaron muestras para su estudio, aunque todavía no se ha informado una fecha para los resultados, según los medios citados.
Un portavoz de la Autoridad de Protección Ambiental de Tasmania relacionó el fenómeno con posibles floraciones de algas, procesos naturales que pueden verse favorecidos por cambios en nutrientes, temperatura, precipitaciones o luz.
El mismo portavoz señaló a The Guardian que estos episodios han aumentado en frecuencia y que factores como la contaminación y el cambio climático pueden estar influyendo en ese incremento.
Aunque muchas floraciones son inofensivas, algunas pueden afectar de forma importante los ecosistemas marinos cuando dinoflagelados u otros fitoplancton se multiplican de manera brusca.
Las muestras recogidas continúan en análisis y todavía no hay una causa confirmada; las autoridades insisten en esperar los resultados técnicos antes de dar información concluyente a la comunidad.
Noctiluca scintillans, la “chispa marina” bajo sospecha
La hipótesis científica preliminar apunta a Noctiluca scintillans, conocida como “chispa marina” por el brillo que a veces produce en el agua. Faith Coleman, ecóloga estuarina que ha estudiado estos episodios en Australia Meridional, señaló que recientemente se han registrado varias mareas rojas en Tasmania.
Coleman indicó que este dinoflagelado raramente genera toxinas peligrosas, pero se alimenta de pequeños invertebrados y huevos de peces, lo que puede aumentar el riesgo para peces y crustáceos.
Asimismo, explicó a The Guardian que estas floraciones suelen ocurrir tras episodios previos de proliferación o desoves masivos, como los de salmón o coral, y que el aumento rápido del fitoplancton puede desestabilizar la red trófica marina.
Impactos ambientales y reclamos de advertencia
El posible efecto sobre la fauna marina y la salud humana mantiene a los expertos en alerta. En regiones como Australia Meridional y Sudáfrica se han reportado mortandades masivas de animales marinos y molestias leves en personas —como irritación ocular y sensación de hormigueo— sin que siempre se confirme toxicidad aguda, señala The Guardian.
Lilly Henley, científica marina y activista de Neighbours of Fish Farming, relató haber sentido hormigueo en brazos y rostro tras el contacto con el agua afectada y reportó la aparición de pulpos muertos en la costa, según The Northern Daily Leader.
Henley afirmó que la floración se había intensificado en las últimas 12 horas y atribuyó parte del empeoramiento al aporte de nutrientes provenientes de la acuicultura del salmón en la zona, por lo que pidió a las autoridades emitir advertencias claras, citando casos similares en Chile.
Llamado a la acción y desafíos para la sustentabilidad
La Fundación Bob Brown advirtió sobre una posible “emergencia ambiental” y su fundador solicitó al primer ministro de Tasmania, Jeremy Rockliff, la adopción de medidas inmediatas ante los riesgos para los ecosistemas y la población local.
Rockliff sostuvo a The Guardian que por ahora no existe evidencia que vincule directamente a la industria del salmón con el evento y que se necesita investigación científica antes de sacar conclusiones.
El primer ministro enfatizó la necesidad de una investigación exhaustiva, recordando el valor social y económico de las vías fluviales de la isla y la importancia de asegurar su uso sostenible.
Expertos advierten que las floraciones de dinoflagelados constituyen un reto creciente para la sustentabilidad pesquera y la salud costera, ya que pueden afectar la biodiversidad marina, aumentar la presión sobre comunidades locales y ecosistemas frágiles, y generar incertidumbre sobre condiciones que favorecen la proliferación.

