15 de enero de 2026
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Bertrab y la fragilidad del Atlántico Sur ante el cambio climático

En el extremo este de la isla Georgia del Sur, en la bahía Gold, se ubica el glaciar Bertrab, una de las formaciones naturales más remotas y menos conocidas del planeta. Rodeado de anfiteatros rocosos y pastizales de tussock, constituye un santuario ecológico de gran valor.

Fue descubierto por la Segunda Expedición Antártica Alemana (1911–1912) dirigida por Wilhelm Filchner y recibe su nombre por el general alemán von Bertrab. Aunque es modesto en comparación con los grandes glaciares antárticos, tiene un papel relevante en el equilibrio del ecosistema subantártico.

Un glaciar oculto en el Atlántico Sur

El Glaciar Bertrab es un glaciar de montaña que desciende hasta el mar, flanqueado por paredes rocosas y vegetación que ofrecen paisajes de gran valor escénico. Sus hielos, a menudo fotografiados por los pocos expedicionarios que llegan, contrastan con el entorno rocoso y los pastizales.

El acceso a Georgia del Sur es muy limitado: no hay pistas de aterrizaje ni infraestructuras turísticas permanentes. La principal vía de llegada son los cruceros de expedición que parten desde Ushuaia o las Islas Malvinas. Los visitantes que desembarcan en Gold Harbour deben seguir estrictos protocolos de bioseguridad para proteger la frágil flora y fauna local, lo que convierte la visita en una experiencia compleja y regulada.

El aislamiento y el estado prístino del lugar permiten observar desprendimientos de pequeños témpanos que flotan en la bahía. Los tonos del hielo, desde el blanco hasta el azul profundo, contrastan con playas de arena oscura y praderas, creando un paisaje singular.

Un papel ecológico fundamental

Además de su valor estético, el deshielo del glaciar aporta agua rica en minerales a las aguas costeras, lo que favorece la presencia de krill y peces. Esta abundancia de alimento sostiene importantes colonias de pingüinos rey, así como poblaciones de elefantes marinos y diversas aves marinas que habitan la zona.

El glaciar también influye en el microclima local, afectando la temperatura y la humedad de la bahía y generando condiciones que benefician a especies adaptadas a ese entorno. La interacción entre el hielo, la fauna y la vegetación convierte al Bertrab en un elemento clave para la biodiversidad del Atlántico Sur.

La isla Georgia del Sur, bajo administración británica, está reconocida internacionalmente como un área de importante valor científico y ecológico. Las restricciones al turismo y las medidas de protección buscan preservar la integridad de estos ecosistemas, aunque su equilibrio sigue siendo frágil y vulnerable a presiones externas.

Retroceso y señales del cambio climático

En las últimas décadas, el Glaciar Bertrab ha mostrado un retroceso significativo, un fenómeno que afecta a muchos glaciares de las islas subantárticas. Investigaciones, incluida una realizada por la Universidad de Cambridge, indican que desde mediados del siglo XX su frente se ha retirado hacia las tierras altas, dejando al descubierto rocas que antes estaban cubiertas por hielo.

Ese retroceso es una señal del impacto del calentamiento global en el hemisferio sur. La pérdida de volumen glaciar implica no solo un cambio en el paisaje, sino también una alerta sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas polares: el derretimiento altera el equilibrio de la bahía y la disponibilidad de alimento para las especies que dependen de ella.

La situación del Bertrab refleja una tendencia global de desaparición acelerada de glaciares, con efectos que van más allá de la pérdida paisajística y que inciden en patrones de precipitación, el aumento del nivel del mar y la supervivencia de comunidades animales. Su fragilidad y su valor ecológico hacen de su protección una prioridad para la conservación y una llamada a la acción ante el cambio climático.

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