15 de enero de 2026
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Tecnología, importaciones y PYMES amenazan el empleo argentino

Argentina enfrenta una situación difícil de explicar con palabras pero evidente en la práctica: mientras el mundo avanza rápidamente en tecnología e inteligencia artificial, las PYMES se reducen, el mercado interno se contrae y el empleo cae a más de 10.000 puestos por mes. Hablo desde la experiencia de ser empresario PYME, de conversar a diario con proveedores, empleados y colegas que están al límite, de ver fábricas con máquinas paradas y comercios históricos vacíos. Un proveedor con más de 30 años explicó la situación claramente: “cerré un poco por falta de trabajo, pero además cerré porque dejé de ser competitivo”.

No se trata de mala gestión ni de falta de esfuerzo: muchas empresas cierran porque compiten con productos importados que ingresan a precios imposibles, a veces por debajo del costo de producción local. Las importaciones sin reglas claras ni una política de desarrollo productivo están dañando el mercado interno. Las PYMES afrontan impuestos, cargas sociales, servicios dolarizados y ausencia de financiamiento; frente a eso, el producto importado suele ganar, la PYME local pierde y se destruye empleo. Además, la inteligencia artificial añade incertidumbre: para algunos trabajadores suena a reemplazo, y para muchas PYMES parece algo lejano, costoso o inaccesible.

El problema no es la tecnología en sí, sino cómo llega y a quién beneficia. Mientras las grandes empresas incorporan IA, automatizan procesos y aumentan su competitividad, miles de PYMES siguen gestionando el día a día sin capacitación, crédito ni acompañamiento. Así se amplía la brecha: por un lado importaciones baratas, por otro tecnología concentrada, y en el medio las PYMES, que son las principales generadoras de empleo en el país. El dilema para muchas es claro: cerrar o reconvertirse; y reconvertirse exige formación, acceso real a tecnología, políticas públicas coherentes y una visión que reconozca que el desarrollo depende de la producción local.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para las PYMES: mejorar procesos, optimizar ventas, reducir desperdicios y abrir nuevos mercados. Pero si su acceso no se democratiza y no se capacita a trabajadores y empresarios, corremos el riesgo de que la IA se convierta en un factor más de exclusión. Hoy conviven una caída del consumo, importaciones desequilibradas, pérdida de empleo y tecnología que avanza sin una red de apoyo.

La pregunta relevante no es si la tecnología progresa —eso es inevitable— sino si vamos a permitir que las PYMES queden al margen. Cuando una PYME cierra no solo se pierde una empresa: se pierden empleos, saberes, tejido social y futuro.

Industrial Pyme

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