15 de enero de 2026
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Vecino de Banfield que colecciona envoltorios de golosinas

Claudio conserva su colección en su casa de Banfield.

Mañas, de 48 años, trabaja como diseñador gráfico independiente y comenzó a coleccionar cuando tenía alrededor de diez años. Recuerda que lo que más le llamaba la atención eran los colores y los personajes que aparecían en los envoltorios, los mismos que veía en la televisión. Al tratarse de objetos pequeños y fáciles de guardar, los fue acumulando en un cajón sin imaginar que aquel hábito infantil acabaría por convertirse, con el tiempo, en una colección consciente y sostenida.

Ese tipo de inicio —coleccionar por afinidad visual y por la conexión con la cultura popular— es frecuente: los niños suelen sentirse atraídos por imágenes, tonalidades y figuras que coinciden con lo que consumen en pantalla o en su entorno inmediato. En el caso de Mañas, la percepción estética que más tarde marcaría su carrera profesional también pudo influir en su inclinación por conservar esos objetos. Las piezas pequeñas ofrecían además una ventaja práctica: requerían poco espacio y podía mantenerlas organizadas de forma discreta, lo que facilitó que el acto de guardar se mantuviera a lo largo de los años sin convertirse en una carga.

Con el paso del tiempo, los coleccionistas suelen dar mayor sentido a lo acumulado: lo que empezó como un cajón lleno de recuerdos puede transformarse en una categoría definida, con criterios para seleccionar, clasificar y preservar cada ejemplar. Para alguien vinculado al diseño gráfico, esa evolución puede incluir un interés por los detalles de producción —tipografías, paletas de color, ilustraciones— y por la historia que transmiten los objetos en relación con su época. También es habitual que la colección adquiera dimensión emocional; más allá del valor material o estético, los objetos funcionan como memoria tangible de experiencias personales y de momentos compartidos con la cultura popular.

Mantener una colección implica decisiones prácticas: elegir almacenamiento adecuado, controlar el deterioro, y decidir qué conservar o desprenderse. Además, coleccionar puede abrir espacios sociales: intercambios con otros coleccionistas, participación en eventos temáticos o la simple conversación con amigos y familiares sobre piezas significativas. Sin afirmar detalles concretos sobre la trayectoria posterior de Mañas, es razonable pensar que su profesión y su afición se influyeron mutuamente, y que lo que comenzó como un gesto sencillo de niño —guardar envoltorios coloridos en un cajón— acabó constituyendo una parte reconocible de su vida adulta.

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