15 de enero de 2026
Buenos Aires, 22 C

Islas Chafarinas, santuario de la foca monje

Las Islas Chafarinas son un pequeño y poco conocido archipiélago bajo soberanía española formado por la Isla del Congreso, la Isla Isabel II y la Isla del Rey Francisco. Se encuentran en el mar Mediterráneo, a aproximadamente 3,5 kilómetros de la costa norteafricana y a unos 48 kilómetros al este de Melilla.

Aunque su superficie es reducida —alrededor de 52 hectáreas—, su importancia estratégica, científica y ambiental es notable.

Un enclave con historia y misterio

La presencia humana en las Chafarinas se remonta a tiempos remotos, con indicios de ocupación prehistórica. Sin embargo, la toma de posesión formal por parte de España tuvo lugar el 6 de enero de 1848, cuando una expedición fue enviada para asegurar el archipiélago.

Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la acción buscaba evitar que otras potencias europeas se establecieran en estas posiciones estratégicas frente a las costas africanas y garantizar la soberanía española.

A lo largo de los años las islas han albergado guarniciones militares y se han empleado como puestos de vigilancia. En la actualidad no cuentan con población civil permanente: solo residen allí equipos de investigación científica y un pequeño destacamento militar. Este aislamiento ha preservado su carácter y ha impedido que sufran la presión turística y urbanística que afecta a muchas otras islas del Mediterráneo.

Las instalaciones en las Chafarinas son limitadas y la vida en el archipiélago transcurre con recursos y comunicaciones restringidas, lo que refuerza su condición de lugar apartado y relativamente desconocido.

Un santuario natural fuera del alcance turístico

Las Chafarinas son prácticamente inaccesibles para el público general. Todo el archipiélago está declarado Refugio Nacional de Caza y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), por lo que el acceso queda restringido a personal autorizado, investigadores y efectivos militares. Los permisos para visitar las islas, gestionados por el Ministerio de Defensa y los organismos ambientales competentes, son muy difíciles de obtener.

Esta política de acceso responde a la fragilidad del entorno y a la necesidad de proteger especies amenazadas. En las Chafarinas se han registrado observaciones de la foca monje del Mediterráneo, uno de los mamíferos marinos más amenazados, que utiliza las cuevas del archipiélago como refugio. Asimismo, la gaviota de Audouin cuenta aquí con una de sus colonias de cría más relevantes a nivel mundial.

El aislamiento ha favorecido la conservación de hábitats singulares. Los fondos marinos que rodean las islas presentan praderas de posidonia oceánica, comunidades de coral y diversidad de moluscos que se han reducido en otras zonas más intervenidas. La ausencia de turismo masivo y de construcciones modernas ha permitido que la naturaleza evolucione con mínima interferencia humana.

Ciencia en condiciones extremas

Hoy la presencia humana en las Chafarinas se limita a equipos científicos y a un destacamento militar. Los investigadores trabajan en condiciones de aislamiento, apoyándose en energía solar y en sistemas de desalinización para el suministro de agua potable.

Lejos de ser un impedimento, este entorno convierte a las islas en un observatorio privilegiado para estudiar el ecosistema marino y las estrategias de conservación en espacios protegidos.

Entre los hallazgos más importantes está el yacimiento conocido como “El Poblado del Cantil”, en la Isla del Congreso, donde se han localizado restos arqueológicos que prueban la presencia humana desde hace milenios y subrayan el papel de las Chafarinas como punto de paso y refugio en la historia mediterránea.

El verdadero valor del archipiélago radica en su aislamiento. La ausencia de turismo de masas y de infraestructuras modernas ha contribuido a que la biodiversidad se mantenga y que los fondos marinos conserven un estado de conservación excepcional.

La gestión compartida entre el Ministerio de Defensa y el Organismo Autónomo Parques Nacionales busca mantener estas islas como un santuario dedicado a la investigación y a la protección ambiental.

Para científicos y responsables de su custodia, las Islas Chafarinas constituyen un laboratorio natural que ilustra cómo la intervención mínima puede favorecer la recuperación y la supervivencia de especies amenazadas.

Artículo anterior

Perlitas argentinas en la Premier: Enzo, Licha y Senesi

Artículo siguiente

Vecino de Banfield que colecciona envoltorios de golosinas

Continuar leyendo

Últimas noticias