Muchos consideran el deshielo en el Ártico simplemente como una consecuencia del cambio climático. Sin embargo, sus efectos más inmediatos se relacionan con la apertura de rutas marítimas y las oportunidades geoestratégicas y económicas que ello genera.
En particular, el retroceso del hielo facilita, de forma estacional, la Ruta Marítima del Norte, que bordea la costa siberiana, y el Paso del Noroeste, que atraviesa el norte de Canadá. Ambas rutas pueden acortar las travesías entre Asia, Europa y América del Norte hasta en un 30 %, lo que reduce el consumo de combustible y mejora la eficiencia del transporte marítimo global, según el Center for Strategic and International Studies (CSIS) y The Arctic Institute.
Además de las vías de navegación, el Ártico concentra recursos significativos: alberga más del 20 % de las reservas mundiales de hidrocarburos y posee importantes bancos de pesca y yacimientos de minerales críticos como hierro, níquel, zinc, neodimio y disprosio. El acceso a estos recursos se incrementa con el deshielo y la mejora logística, lo que intensifica la competencia entre potencias como Rusia, China, Estados Unidos y la Unión Europea, y multiplica tanto las oportunidades económicas como los riesgos geopolíticos.
El Consejo Ártico —integrado por Canadá, Rusia, Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Estados Unidos, junto a representantes indígenas— nació para fomentar la cooperación científica y ambiental. No obstante, la pugna por rutas y recursos ha ido cobrando mayor importancia. El cambio climático impulsa esta transformación: desde 1990 se han perdido 7,6 billones de toneladas métricas de hielo marino en el Ártico y la tasa de retroceso ha aumentado un 57 %, según The Arctic Institute.
Svalbard, el punto de fricción noruego en el Alto Norte
El archipiélago de Svalbard forma parte del Reino de Noruega y está protegido por el Tratado de Svalbard (1920), que reconoce la soberanía noruega pero otorga derechos económicos a varios países, entre ellos Rusia. Situado a aproximadamente 1.940 km de Groenlandia, 1.994 km de Islandia, 1.985 km de la Noruega continental y 1.272 km de la ciudad rusa de Murmansk, Svalbard alberga comunidades rusas en localidades como Barentsburg y Pyramiden, y su cercanía a la Flota del Norte en la península de Kola refuerza la presencia e influencia rusa en la zona.
Su valor estratégico trasciende la pesca y los minerales: Svalbard es un punto óptimo para la recepción de datos satelitales. La estación SvalSat opera más de 150 antenas y resulta clave para las comunicaciones europeas y la infraestructura de la OTAN, según The Arctic Institute.
El refuerzo militar ruso en la base de Nagurskoye (en la Tierra de Francisco José, el territorio ruso más septentrional, situado a unos 300–400 km de Svalbard) y el despliegue de sistemas como los misiles Bastion en el aeródromo regional ponen de manifiesto la sensibilidad estratégica de la zona y su vulnerabilidad.
El interés ruso en Svalbard combina razones estratégicas y económicas. El archipiélago, incluida la isla del Oso, actúa como puerta de entrada al mar de Barents, base de la Flota del Norte y elemento central de la disuasión rusa. Rusia mantiene actividades pesqueras en áreas protegidas y vigila las operaciones de Noruega y otros países occidentales, sobre todo en lo relativo a sensores, comunicaciones y satélites.
El control de rutas como el Bear Gap (entre Svalbard y Escandinavia) y la línea GIUK (Groenlandia‐Islandia‐Reino Unido) depende, en parte, de la estabilidad en Svalbard. La situación en el archipiélago sirve además como indicador de la capacidad de respuesta de la OTAN ante movimientos rusos en el Alto Norte.
Groenlandia, el enclave danés en el tablero global
En los últimos días se ha puesto de manifiesto que Groenlandia ha adquirido mayor relevancia estratégica y económica. Territorio autónomo bajo soberanía danesa y con un estatus particular en relación con la Unión Europea, controla el acceso al corredor GIUK, un punto crítico para la defensa transatlántica. Estados Unidos opera la base de Pituffik en el noroeste de la isla, fundamental para la alerta temprana y el control de misiles de la OTAN.
Un acuerdo reciente de más de 2.000 millones de euros entre Dinamarca, Groenlandia y las Islas Feroe financiará la modernización de la vigilancia en la región mediante satélites, drones y nuevos buques, reforzando el papel defensivo de Groenlandia en el norte de Europa. Dinamarca mantiene una presencia militar a través del Mando Ártico Conjunto y de la Patrulla Sirius, que opera en el interior de la isla.
El potencial económico de Groenlandia reside en sus reservas de tierras raras y minerales críticos para la industria tecnológica. Estos recursos atraen el interés de potencias occidentales que buscan reducir la dependencia de China. No obstante, su explotación enfrenta limitaciones por el clima extremo y la normativa ambiental, aunque la atención internacional sobre estos activos continúa creciendo.


