Lo que iba a ser un momento emotivo entre madre e hija se convirtió en un problema logístico y sentimental para una mujer de Maryland. Tammy Gaddis había conservado su vestido de novia en una caja sellada durante décadas; al abrirlo 30 años después para reutilizar la tela en la boda de su hija, quedó sorprendida por lo que encontró en su interior.
La idea de Tammy era transformar la prenda en una tradición familiar y aprovecharla para el casamiento de su hija. Sin embargo, al destapar la caja descubrió que el vestido no era el suyo, lo que obligó a cambiar los planes.
Un error oculto durante 33 años
El caso se remonta a 1992, cuando Tammy se casó en Tulsa y contrató un servicio profesional para limpiar y preservar su vestido en una caja sellada. Confiada en la empresa, guardó el paquete sin revisarlo, y sólo tres décadas después se percató de un error en el contenido.
El hallazgo se produjo recientemente porque su hija celebrará su boda este verano y ambas pensaban reutilizar la tela del vestido original.
Las diferencias inconfundibles
Al abrir la caja junto a su hija, Tammy notó de inmediato que la prenda no era la suya. Según relató, la empresa aparentemente colocó por error otro vestido muy parecido en la caja. Aunque las piezas eran similares, identificó diferencias técnicas que confirmaron sus sospechas: el vestido original tenía una cola desmontable, mientras que el que encontró tenía más volumen y la cola estaba cosida.
La búsqueda del vestido perdido
La familia quedó decepcionada y trató de resolver la situación, pero al buscar a la compañía responsable descubrieron que ya había cerrado. Tammy describió la experiencia como una montaña rusa de emociones y, lejos de rendirse, lanzó una campaña viral para intentar recuperar la prenda que considera un legado sentimental.
Ha pedido a otras mujeres que conservaron su vestido con la misma empresa y que tengan una caja de preservación Keystone dorada que revisen el interior, por si poseen por error el vestido de Tammy. Para ella, encontrar la prenda original tendría un valor simbólico enorme y permitiría transmitir “algo prestado” y significativo a su hija.


