El 10 de enero, Kiarash presenció a un tirador, cubierto con un gran chador, disparando contra manifestantes en Teherán. Sobrevivió por poco; si hubiera mirado hacia otro lado, habría muerto.
“Escuché pop pop (…) y vi con mis propios ojos a tres personas caer al mismo tiempo”, relató Kiarash, de 44 años, a la AFP por teléfono desde Alemania, donde reside, tras presenciar la represión mientras visitaba Irán.
A su lado, un hombre gritaba con la mano manchada de la sangre de su acompañante. Kiarash dice que esa escena lo persigue cada noche y la califica de pesadilla. Asegura que si el tirador hubiera sido zurdo, él no habría sobrevivido.
Aunque había visto escenas duras en una morgue en el sur de Teherán esa mañana, Kiarash acudió a la manifestación después de enterarse de que un amigo suyo murió por disparos y de ir con su familia al cementerio Behesht-e Zahrah.
En el lugar había numerosas personas preparando cuerpos para el entierro —una ceremonia que en el islam suele realizarse con rapidez— y bolsas mortuorias apiladas. Una madre pedía ayuda para mover el cadáver de su hijo. Kiarash, ex empleado de logística, estimó que había “más de 1.500, hasta 2.500” fallecidos en un solo almacén.
Relata que se escuchaban cánticos en homenaje a los muertos y consignas contra el líder supremo, Ali Khamenei, al frente del régimen desde 1989.
Según Kiarash, las fuerzas de seguridad no intervinieron abiertamente, pero sí impidieron la filmación de lo ocurrido. Las autoridades habían impuesto un corte de internet a nivel nacional desde el 8 de enero para limitar la difusión de testimonios y imágenes.
En Amol, en el norte, se organizaron campañas de donación de sangre por la cantidad de heridos, muchos con impactos en los pies.
La gente no se dispersaba
Desde el 8 de enero, con el internet cortado, la información sobre lo sucedido proviene en gran parte de testimonios de personas que salieron del país. También se suspendieron temporalmente las llamadas telefónicas internacionales, que luego se restablecieron pero solo para llamadas desde Irán.
El apagón impidió la difusión de imágenes y dificultó la coordinación de manifestantes, lo que contribuyó, según organizaciones y expertos, a ocultar la escala de la represión.
La ONG Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, afirma haber verificado al menos 3.428 muertes a manos de las fuerzas de seguridad, aunque reconoce que la cifra real podría ser mayor.
Otras estimaciones varían: algunas hablan de más de 5.000 muertos e incluso hasta 20.000, mientras que el canal Iran International, con sede en el extranjero, citó a fuentes oficiales y de seguridad y señaló al menos 12.000 fallecidos. El corte de internet dificulta la verificación independiente de estos datos.
IHR ha recibido “testimonios directos horribles” sobre manifestantes abatidos mientras huían, uso de armas de guerra y ejecuciones en la vía pública. Kaveh (nombre modificado), que participó en las protestas, describió un ambiente tenso en Teherán.
Al caer la noche, las calles quedaban vacías y los negocios cerraban. En varias ciudades los manifestantes levantaron barricadas y prendieron fuego a contenedores de basura. Kaveh intentó enviar un mensaje a su esposa diciendo que estaba bien, pero no llegó. Aun así, medios satelitales filtraron videos de policías y mezquitas en llamas y se oían detonaciones.
Los disparos, según testigos, provenían de fusiles de asalto y eran ráfagas automáticas; Kaveh cuenta que se oían series de disparos aproximadamente cada diez minutos, aunque él no presenció todas las detonaciones.
A diferencia de otras ocasiones, los manifestantes no se dispersaban tras los disparos, según varios testigos.
Identificado “por sus tatuajes”
Un artista de 39 años describió Teherán como “parecida a una zona de guerra”. Un fotoperiodista llamado Mohamad expresó temor ante el posible estallido de una guerra civil por el giro violento de protestas que comenzaron de forma pacífica.
El actor y director Saleh Alavizadeh, que vive en Francia, dijo conocer a dos personas fallecidas durante las protestas. Relató el caso de un joven actor de teatro que recibió un disparo en la cabeza y que, por el estado del rostro, fue reconocido por sus tatuajes.
Alavizadeh aseguró que en el país “todo el mundo conoce a por lo menos una persona que ha muerto” en la represión.
Las autoridades iraníes no han dado un balance oficial y sostienen que los disturbios fueron orquestados por Israel y Estados Unidos.
Los medios estatales difunden imágenes de manifestaciones a favor del régimen y de funerales de miembros de las fuerzas de seguridad. En la capital se muestran pancartas con fotos de vehículos vandalizados y la leyenda: “Esto no son manifestaciones”.
Menos esperanza
Con la restauración parcial de las conexiones telefónicas, la diáspora ha podido comunicarse con familiares, aunque las llamadas suelen ser breves por su coste y por temor a la vigilancia o a que los mensajes sean interceptados.
Kaveh pidió a amigos con acceso a Starlink que llamaran a una lista de contactos y solo informaran si estaban bien, sin entrar en detalles, por seguridad.
Pese a la represión, algunos iraníes creen que podrían producirse nuevas protestas; el movimiento ha generado esperanza para muchos, aunque esa esperanza ha ido disminuyendo con cada intento fallido. Kiarash, por su parte, señala que “nada volverá a ser como antes”.
(AFP)


