Pedro Campomar, nacido el 18 de enero de 1925, vivió toda su vida en la misma esquina de Independencia y Nuestras Malvinas —antes conocida como Boulevard La Plata—, un punto desde el cual observó las transformaciones del barrio a lo largo de casi un siglo. En entrevistas evocaba con detalle esos cambios y su larga trayectoria ligada a la difusión y preservación de la historia local.
Durante años fue corresponsal en Monte Grande del diario porteño La Prensa y combinó esa labor periodística con la investigación histórica. Se especializó en temas vinculados al partido de Esteban Echeverría: desde el origen de los nombres de las calles hasta biografías de vecinos destacados. Su método era paciente y minucioso, orientado al rastreo de datos y a recuperar episodios poco conocidos, una pasión que llevó a la publicación de 27 libros sobre distintos aspectos de la región. Entre esas obras elaboró un atlas histórico que repasa los principales hechos ocurridos en el distrito desde el año 1500.
Uno de sus trabajos más recientes trató sobre la figura conocida como “el Cuerudo”, un paisano de la época de Juan Moreira que vivía entre La Colorada (Pedro Suárez) y el arroyo Santa Catalina. Campomar relató que algunos vecinos, sobre todo los niños, lo recordaban con temor, lo que subraya su interés por rescatar historias de la vida rural y las leyendas locales.
En 1980 impulsó la creación del Museo La Campana, del que fue fundador y primer director. La institución se nutrió de donaciones de familias históricas del partido: objetos, documentos y recuerdos que él consideró esenciales para preservar la memoria colectiva. Ese trabajo de archivo y divulgación le valió reconocimientos oficiales: en 2002 la Municipalidad de Esteban Echeverría lo distinguió como Ciudadano Ilustre y, en 2006, la Cámara de Diputados de la Nación lo nombró Mayor Notable Argentino.
A lo largo de su vida Campomar expresó el mismo deseo: que sus libros se lean y sigan circulando entre los vecinos, manteniendo viva la historia local. En su centenario continuaba comprometido con esa idea, y su figura fue reconocida en actos comunitarios donde participaron autoridades y familiares.
Uno de los hallazgos destacados de sus investigaciones fue el origen del nombre Monte Grande. Según Campomar, la denominación se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando los primeros colonos españoles se asentaron en una zona de frondosos bosques de tala y cina cina, árboles de tronco duro que se utilizaban como leña para Buenos Aires. Una visitante de la época, Mayor Humanes de Molina, que recorría el criadero de mulas de sus hijos, describió el lugar como un “bello monte grande”; esa imagen dio nombre a la región y también se aplicó a la colonia escocesa que se estableció en 1825.


