26 de enero de 2026
Buenos Aires, 26 C

El poder de la palabra en el abordaje de la enfermedad y el sufrimiento en personas mayores

En una etapa de la vida en la que el cuerpo manifiesta con más claridad sus límites y la historia personal tiene tanta influencia como la biología, el posgrado en Psicobiología Social de la Universidad Nacional de Rosario plantea un cambio de enfoque para entender la salud y la enfermedad. Orientado a profesionales de la salud y a quienes buscan autoconocimiento, el programa parte de una idea central: no basta con conocer los hechos vividos; es fundamental comprender cómo cada persona los percibe, recuerda y procesa.

Para la generación denominada “silver”, marcada por duelos, cambios de rol, redefiniciones identitarias y enfermedades crónicas, este enfoque permite interpretar los síntomas no solo como fallas orgánicas, sino también como manifestaciones de conflictos, demandas o necesidades no atendidas a lo largo del tiempo.

La formación, dirigida por el médico Marcelo Adrián Mariño y basada en el desarrollo teórico del rosarino Fernando Callejón, integra conocimientos de la medicina, la psicología, las neurociencias y la antropología para analizar cómo pensamos, sentimos y actuamos frente a la realidad.

A partir del estudio de las llamadas personalidades psicobiológicas y de las necesidades humanas fundamentales, el posgrado ofrece herramientas prácticas para modificar percepciones que generan sufrimiento y para mejorar la comunicación en la relación terapéutica.

En un contexto social de aceleración y fragmentación, la Psicobiología Social recupera la importancia de la escucha, la palabra y la historia personal como dimensiones esenciales del cuidado, sobre todo en una etapa vital en la que comprender lo vivido resulta tan relevante como tratar lo que duele.

En esta entrevista, el médico Marcelo Adrián Mariño (matrícula 11.937) profundiza en los fundamentos de la Psicobiología Social, describe el enfoque interdisciplinario del posgrado y explica cómo la formación busca restaurar la centralidad de la escucha, la comunicación y la historia personal en la práctica médica.

A lo largo del diálogo, reflexiona sobre el impacto de la forma de comunicar un diagnóstico, el valor de la prevención y la necesidad de construir vínculos terapéuticos más humanos, especialmente en una etapa de la vida donde comprender lo vivido es tan importante como atender lo biológico.

—¿De qué se trata el posgrado en Psicobiología Social y cómo se define este enfoque dentro del campo de la salud?

—En la formación médica tradicional se enfatiza el componente biológico: se estudia ampliamente la fisiopatología y las intervenciones técnicas. En ese modelo, las soluciones suelen ser externas al organismo: cirugía, medicamentos, radioterapia. La psicobiología propone no olvidar el componente humano: pensamientos, emociones y vivencias que, cuando se sobrecargan, generan un obstáculo que el cuerpo termina expresando como enfermedad.

Desde esa perspectiva, la manifestación biológica es una forma de comunicar un impedimento que se originó en lo psíquico o en lo social. Incorporar el entorno —desde la familia hasta la sociedad— permite comprender mejor por qué ciertas conductas y síntomas emergen en determinados contextos. En resumen: lo biológico puede ser expresión de lo social y de lo mental.

—¿Y el abordaje es interdisciplinario? Porque dentro del claustro docente se ve que está trabajado desde distintas disciplinas.

—Es un enfoque multidisciplinario. Incluye al núcleo tradicional de agentes de salud —médicos, psicólogos, kinesiólogos y terapeutas en general— y también a personas interesadas en el autoconocimiento o en acompañar a otros, como familiares y cuidadores. La idea es primero atender a la persona para que luego pueda ayudar a terceros; y ampliar la mirada más allá de lo estrictamente biomédico.

—Mientras te escucho pienso en la figura del médico rural, el médico de campo, el de la atención primaria. ¿Hay algo de volver a esa esencia?

—Sí. La medicina contemporánea, incluida la ortodoxa, tiende a reivindicar al médico de cabecera que conoce el contexto familiar. Ese conocimiento del entorno ayuda a comprender las percepciones y las circunstancias que influyen en la enfermedad. A menudo, los más sensibles son quienes se enferman primero: su sensibilidad, percibida como debilidad, puede ser en realidad un exceso de empatía que termina afectando el cuerpo.

Esa sensibilidad puede traducirse en síntomas como dolores, falta de aire o cefaleas, y en algunos casos derivar en daño orgánico. Corresponde al médico determinar qué es un síntoma transitorio, qué se ha convertido en una enfermedad establecida y cuánto del malestar es sufrimiento mental.

—En pacientes de más de 50 o 60 años, ¿cómo distinguís en la práctica clínica entre una patología instalada y síntomas o percepciones vinculadas a procesos emocionales o vitales?

—En la práctica clínica aparece de todo: enfermedades agudas o crónicas instaladas —tumores, infecciones, diabetes, Parkinson— y también crisis emocionales que no dejan huellas físicas. Cuando hay hallazgos objetivos en imágenes o análisis, la intervención es indudablemente médica. Si no los hay, el abordaje puede incluir herramientas comunicacionales y de acompañamiento no médicas; ahí la psicobiología aporta métodos para la escucha y la comunicación.

—Ahí entra fuerte el tema de la comunicación.

—Exacto. Comunicar mal puede ser muy dañino. Las palabras al dar un diagnóstico tienen un impacto enorme. No es lo mismo explicar con calma una baja de tensión transitoria que decir tajantemente “tuviste una crisis epiléptica”. Esa diferencia puede modificar la percepción del paciente. En el posgrado se trabaja cómo dar diagnósticos y malas noticias con cuidado y responsabilidad.

—En un contexto social de tanta inmediatez, ¿qué pasa con la escucha en el ámbito de la salud?

—Hoy se habla más de lo que se escucha y muchas veces se escucha para responder en lugar de para comprender. El curso propone una “escucha ampliada”: además del síntoma corporal, indagar en la vida cotidiana, la narrativa y las circunstancias personales, porque la apertura de la “llave biológica” suele estar precedida por un choque con un conflicto, una pérdida o una ausencia.

—Pensando en personas mayores, en duelos y en pérdidas, ¿cómo se aborda cuando no hay palabra?

—La Psicobiología Social no es exclusiva para un grupo etario; es aplicable a todas las edades. El paciente suele llegar por una queja corporal, que se atiende primero. Si existe una relación de confianza, se pueden plantear preguntas sobre el trabajo, la familia y los proyectos. Cada persona comparte hasta donde puede. Además, estas herramientas sirven tanto en crisis como en prevención y autoconocimiento, ayudando a que la comunicación interna no sea automática y sin conciencia.

—¿Existen antecedentes de este tipo de formación en otros ámbitos o instituciones?

—Sí, propuestas similares se desarrollan en distintos contextos. Este posgrado en particular fue diseñado por el doctor Fernando Callejón y se apoya en aportes de neurociencias, filosofía, psicología, antropología y medicina. Es una herramienta comunicacional orientada a la autogestión que mejora el abordaje del paciente y sitúa al profesional dentro del vínculo terapéutico.

—Hay una especie de ‘cocreación’ entre paciente y médico.

—Exactamente. El único que sabe realmente lo que le ocurre es la persona. El médico debe adoptar una actitud de aprendizaje. A partir de la narrativa se construye la historia clínica y se formulan preguntas asertivas: ¿se quiere usted?, ¿sabe quién es?, ¿para quién es importante? Eso requiere confianza y permite decisiones compartidas entre profesional y paciente.

—¿Con qué se va un paciente atendido por alguien formado en este posgrado?

—Con una atención que integra lo biológico y lo humano. Recibe el tratamiento médico adecuado y, además, un acompañamiento que entiende la enfermedad como expresión de un impedimento humano. La meta es que nadie salga de un consultorio sin una respuesta médica y humana bien comunicada. La tecnología puede facilitar muchas cosas, pero no debe sustituir la escucha y el contacto: la práctica clínica necesita tanto preguntas como atención empática.

Artículo anterior

Ferry naufraga en Filipinas: al menos 15 muertos y decenas de desaparecidos

Artículo siguiente

EEUU advierte a Irak sobre posible gobierno proiraní si regresa al-Maliki

Continuar leyendo

Últimas noticias