26 de enero de 2026
Buenos Aires, 32 C

La vía romana que originó el Camino Francés

La red de calzadas romanas fue uno de los principales legados de la Antigua Roma en Hispania. Entre sus itinerarios destaca la vía XXXIV, conocida como Ab Asturica Burdigalam, cuya trayectoria histórica trasciende su función como vía de comunicación: sobre este antiguo trazado se formó el Camino Francés hacia Santiago de Compostela, conectando extremos de la Europa antigua y dando origen a la ruta de peregrinación más emblemática del continente.

El nacimiento de una calzada estratégica

Durante el reinado del emperador Augusto, los romanos desplegaron una extensa red de comunicaciones que unía Gades (Cádiz) con Tarraco (Tarragona), dejando hitos como el puente de Alcántara o el puente romano de Salamanca. Dentro de ese sistema, la vía Ab Asturica Burdigalam cobró especial importancia por articular el enlace entre la península ibérica y la Galia.

La calzada comunicaba Astorga con Burdeos, facilitando el transporte de recursos —entre ellos el oro de Las Médulas— y garantizando el movimiento de tropas y mercancías entre Hispania y las Galias. Itinerarios romanos como el Itinerario de Antonino y la Tabla Peutingeriana citan su recorrido, que pasaba por poblaciones como Segisama (Sasamón, Burgos), Viroviesca (Briviesca, Burgos), Veleia (cerca de Vitoria) y Pompaelo (Pamplona), antes de cruzar los Pirineos por el puerto de Summo Pyrineo, hoy Roncesvalles.

Según el proyecto ORBIS de la Universidad de Stanford, que reconstruye las comunicaciones romanas, la distancia entre Astorga y Burdeos se podía recorrer en unas veintitrés jornadas a pie o en doce a caballo. National Geographic la describió como “la calzada más importante del noroeste hispano” por conectar Astorga y las minas de Las Médulas con el puerto de Burdeos.

El paso de Roncesvalles se consolidó como un punto clave entre Aquitania e Hispania. En 1132 se levantó allí una hospedería que alcanzó fama entre los peregrinos y constituyó un paso decisivo en la transformación de la vía en un itinerario de carácter espiritual.

De vía militar a puerta de invasiones

La historia de la Ab Asturica Burdigalam incluye episodios cruciales para la evolución de Europa. Uno de los más dramáticos ocurrió en la Nochevieja del año 406, cuando una coalición de vándalos, alanos y suevos penetró en el Imperio Romano. Tras saquear las Galias, estos grupos avanzaron por la vía XXXIV desde Burdeos, atravesaron Roncesvalles y entraron en Hispania en el otoño del año 409.

La calzada actuó así como una vía de entrada para los pueblos germánicos hacia una Hispania rica y vulnerable. Una generación después, en el año 456, los visigodos bajo Teodorico II siguieron la misma ruta para expulsar a los suevos: derrotaron a estos junto al río Órbigo y se establecieron en la provincia Tarraconense, consolidando su presencia en la península, según relata National Geographic.

La calzada no solo fue escenario de conflictos, sino también un eje para el control territorial. Durante la invasión musulmana de 711, las fuerzas árabes y bereberes utilizaron los mismos recorridos para penetrar en el interior de la península ibérica.

El origen del Camino Francés

Con la caída del Imperio Romano, la vía Ab Asturica Burdigalam mantuvo su importancia durante siglos. Los visigodos la emplearon para conectar Galicia con su dominio; aunque el dominio musulmán provocó la despoblación de sus ciudades principales, el trazado sobrevivió. Entre los siglos IX y XII la ruta sufrió un declive por la inseguridad en la llamada “tierra de nadie” entre los reinos cristianos de Asturias y Navarra, y solo unos pocos viajeros se aventuraban por la antigua calzada en ese periodo.

Con el avance de los reinos cristianos y el auge de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, la ruta volvió a cobrar vida. En el siglo XII muchos tramos y puentes seguían en pie, y la vía Ab Asturica Burdigalam se convirtió en el itinerario preferido por peregrinos francos y aquitanos para llegar a Galicia. La Orden de Cluny apostó por asentarse en esos territorios, y la calzada pasó a conocerse también como via Aquitania, destaca National Geographic.

Su inclusión en el Códice Calixtino consolidó su prestigio y propició que pasase a llamarse Camino Francés. Monasterios como los de Rodilla, Carrión de los Condes y Sahagún testimonian el resurgir de la ruta bajo la protección cluniacense, que la convirtió en el acceso principal a Santiago desde Europa.

A lo largo del recorrido se conservan vestigios de la presencia romana, como la basílica de Santa María de los Arcos en Tricio (La Rioja), levantada sobre un mausoleo romano junto a la vía XXXIV, o tramos protegidos en Reliegos (León). National Geographic resumió la idea: el Camino Francés es, en realidad, un nombre nuevo para un camino mucho más antiguo.

De este modo, la Ab Asturica Burdigalam fue tanto una obra destacada de la ingeniería romana como el origen de una de las rutas de peregrinación más relevantes del mundo, integrando historia, fe y patrimonio en un trazado que se mantiene vivo hasta hoy.

Artículo anterior

Parlamento Europeo congela ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos

Artículo siguiente

Emilia Attias vestido blanco ideal de verano

Continuar leyendo

Últimas noticias