En áreas donde cada milímetro de agua importa, conocer las necesidades hídricas de un cultivo pasa de ser un dato técnico a una decisión estratégica.
En ese contexto, el INTA San Juan generó por primera vez información local y precisa sobre el manejo del riego en quinua bajo las condiciones productivas de Cuyo.
Los resultados modifican el enfoque habitual. Contrario a lo que señalan referencias internacionales desarrolladas en otras regiones, los ensayos de San Juan indican que la quinua puede completar su ciclo con menos agua de la estimada anteriormente, sin afectar de forma significativa el rendimiento ni la calidad del grano.
Producir bien usando la mitad
Las evaluaciones analizaron la respuesta del cultivo a distintos regímenes de riego. El hallazgo más relevante fue que, reduciendo el aporte al 50 % de lo recomendado por referencias externas, la quinua alcanzó rendimientos aproximados de 1.700 kg/ha.
Ese manejo equivale a una lámina acumulada de riego de entre 260 y 290 mm durante todo el ciclo.
Con ese volumen de agua, el cultivo presentó una disminución moderada del rendimiento potencial —entre 10 y 20 %—, pero sin pérdidas significativas y manteniendo una calidad de grano adecuada. El tamaño de grano puede verse levemente reducido, aunque sin comprometer la viabilidad productiva.
Tres campañas para ajustar cada variable
El trabajo se extendió por tres campañas consecutivas, en las que se evaluó la variedad Morrillos INTA bajo diferentes aportes hídricos.
El seguimiento permitió ajustar variables, confirmar tendencias y consolidar resultados que hoy brindan mayor previsibilidad a productores y técnicos.
En este marco, el riego por goteo jugó un papel central. Su aplicación localizada y uniforme facilitó el control preciso del agua utilizada, mejoró la eficiencia y ayudó a manejar la sensibilidad del cultivo al exceso de humedad.
Una planta rústica, pero exigente en el manejo
Aunque la quinua es apreciada por su rusticidad y adaptación a ambientes áridos, el exceso de agua puede convertirse en un problema: el encharcamiento prolongado afecta su desarrollo y condiciona los rendimientos. Por eso, el control fino del riego resulta clave.
Los sistemas por surco requieren un manejo muy cuidadoso y dependen del drenaje del suelo, mientras que el goteo permite definir dosis y momentos de riego con mayor exactitud. Esa precisión se traduce en ahorro de agua y mayor estabilidad del cultivo a lo largo del ciclo.
Un insumo clave para diversificar
Hasta ahora no había datos locales sobre el uso de agua en quinua bajo riego en Argentina. En el norte del país el cultivo depende mayormente de lluvias y de la humedad del perfil del suelo; en Cuyo, en cambio, la producción es irrigada y carecía de información específica que limitaba su expansión.
Con mediciones de campo, variedades adaptadas y parámetros hídricos definidos, la quinua gana previsibilidad y se consolida como una alternativa concreta para diversificar los sistemas productivos regionales, en un contexto en el que la eficiencia en el uso del agua dejó de ser opcional.
Fuente: INTA


