El anuncio de la Comisión Europea que clasifica a la soja como cultivo de alto riesgo por ILUC (cambio indirecto del uso del suelo) podría detener las exportaciones de biodiésel de soja desde países como Argentina, Brasil y Estados Unidos hacia la Unión Europea, que es el mercado principal para este producto.
La industria argentina estima un impacto comercial de alrededor de USD 350 millones por año y advierte sobre la posibilidad de cierre de plantas.
La nueva regulación generó una reacción inmediata en el sector agroindustrial argentino, que la considera una barrera comercial injustificada. Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara Argentina de Aceites (CIARA), describió la medida como un mecanismo para reducir la competencia de biodiésel extranjero y excluir a los exportadores sudamericanos del mercado europeo.
El proceso de consulta de la Comisión Europea concluyó equiparando la soja con el aceite de palma, situando ambos insumos en la categoría de prohibidos para la producción de biodiésel en la UE. La única excepción es el aceite de colza producido dentro de la propia Unión Europea.
Según la cámara empresaria, la decisión responde más a presiones políticas y a la protección de mercados internos que a criterios científicos. Desde la entidad sostienen que la medida busca favorecer a productores europeos frente a exportaciones competitivas del Mercosur, en particular de la Argentina.
Para defender su posición, el sector prepara documentación técnica y acciones en el plano internacional. CIARA afirma que presentará datos que muestran que la superficie sembrada con soja en Argentina no ha crecido —y que, de hecho, ha disminuido en la última década— y que no existe pérdida significativa de carbono en el suelo, argumentos que, según la cámara, contradicen las conclusiones del estudio europeo.
El conflicto podría escalar a instancias internacionales. Las autoridades y representantes del sector están en diálogo con el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Economía para diseñar una estrategia de defensa que incluya, de ser necesario, la presentación de un panel ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y una denuncia en el marco del acuerdo birregional suscrito recientemente.
La presión de Europa
La decisión sobre el biodiésel se suma a otras medidas europeas que han reducido el optimismo inicial en el agro argentino tras la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Una modificación inesperada y unilateral de una cláusula del acuerdo generó preocupación porque podría limitar los beneficios arancelarios para países sudamericanos.
El capítulo agropecuario del acuerdo es clave para ambas partes: los países del Mercosur, y en especial Argentina, esperaban ampliar sus ventas a un mercado de unos 450 millones de consumidores con aranceles reducidos y sin cuotas restrictivas. Por su parte, varios países europeos —principalmente Francia e Italia— han mostrado reservas y presionaron por salvaguardias que protejan sus sectores agrícolas y ganaderos.
El acuerdo incluía mecanismos de salvaguarda pensados para activarse si las importaciones desde el Mercosur se disparaban o si los precios resultaban demasiado competitivos frente a la producción europea; esos mecanismos podían suspender temporalmente los beneficios arancelarios hasta que se resolviera la situación.
Aunque las salvaguardias formaban parte del texto firmado el 17 de enero en Paraguay, la Unión Europea las reforzó posteriormente sin consenso pleno del Mercosur, con el objetivo de asegurar apoyos internos antes de proceder a la ratificación.
Desde CIARA se calificó esta actitud como un intento de condicionar el acuerdo de libre comercio y se advirtió sobre riesgos para la seguridad alimentaria europea a mediano y largo plazo. Gustavo Idígoras destacó además la relevancia del sector oleaginoso, que representa una porción importante de las exportaciones argentinas.
La lista de productos afectados por las nuevas restricciones incluye 25 partidas relevantes para las exportaciones argentinas, entre las que figuran el biodiésel, carnes bovina, porcina y aviar, lácteos, huevos, maíz y sus derivados, arroz, azúcar, miel, cítricos y etanol.


