San Martín de Monte Grande se consagró campeón nacional en Ayacucho, un logro que los jóvenes jugadores vivieron con entusiasmo y esperanza. Para Javier, Ramiro y Santiago, el título no solo representa un trofeo, sino una posibilidad concreta de crecimiento deportivo y de medirse ante rivales de mayor jerarquía. En una transmisión en vivo, los tres coincidieron en que esta experiencia es “única” y expresaron su interés por enfrentar a clubes de la máxima categoría, como River, Racing o Boca, contra los que hace tiempo no han tenido la oportunidad de jugar.
El triunfo en Ayacucho abre puertas más allá del resultado inmediato: brinda visibilidad, pone en valor su formación y potencia las expectativas de avanzar en sus carreras futbolísticas. Los jugadores reconocieron que competir a este nivel genera curiosidad y ganas de seguir progresando, tanto individualmente como en equipo. Esa ambición se mezcla con la realidad del trabajo cotidiano: entrenamientos, partidos y la rutina de quienes buscan un lugar en categorías superiores.
En lo personal, Ramiro destacó el papel fundamental de su familia en su camino deportivo. Agradeció el esfuerzo de sus padres, quienes hicieron sacrificios para conseguir el equipamiento necesario cuando él no tenía guantes ni botines. Reconoció que ese apoyo ha sido decisivo y manifestó su deseo de llegar a Primera División para poder retribuirles. Santiago, de forma similar, dedicó el logro a su familia, subrayando que gracias a su contención y respaldo logró alcanzar este momento. Esos testimonios reflejan no solo la perseverancia de los chicos, sino también la importancia del entorno familiar en el desarrollo de jóvenes deportistas.
El contexto del campeonato y la repercusión mediática que lo acompaña generan expectativas razonables. Para estos futbolistas, el título en Ayacucho supone un punto de inflexión: una confirmación del trabajo realizado y una motivación para continuar esforzándose. Mantienen la ilusión de jugar algún día contra los grandes clubes del país y de seguir avanzando en el fútbol profesional, con la intención expresa de honrar los sacrificios de quienes los apoyaron.
En definitiva, el campeonato se vive como una ocasión de crecimiento personal y colectivo. Más allá de la alegría por el trofeo, los protagonistas muestran madurez en su reconocimiento del apoyo familiar y en sus metas a futuro, conscientes de que este logro puede ser el primer paso hacia oportunidades mayores.

