15 de febrero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Miles de ucranianos sin calefacción por bombardeos rusos en temperaturas de casi -20 °C

La ofensiva rusa contra la infraestructura energética ucraniana ha llegado a un punto crítico desde el inicio de la invasión. Según el alcalde Vitali Klitschko, unos 1.676 edificios residenciales en Kiev permanecían sin calefacción este domingo tras un ataque con misiles y drones a principios de la semana.

Estos ataques ocurren mientras las temperaturas en la capital ucraniana caen a más de diez grados bajo cero, exponiendo a la población civil a condiciones de riesgo extremo durante uno de los inviernos más duros del conflicto.

Desde la invasión de febrero de 2022, Moscú ha intensificado los bombardeos contra el sistema energético ucraniano. La campaña invernal de 2026 supone un aumento notable tanto en escala como en sistematicidad, con el objetivo de dañar la generación eléctrica y la calefacción centralizada que abastecen a millones en las principales ciudades.

El sábado, Rusia lanzó un amplio ataque que sacudió Kiev durante la noche y dejó a 1,2 millones de viviendas sin electricidad en todo el país, según las autoridades ucranianas.

El presidente Volodimir Zelensky afirmó este domingo que los principales objetivos de Rusia son el sector energético, la infraestructura crítica y los edificios residenciales. En un mensaje en la red social X, detalló que solo en la última semana se emplearon más de 1.700 drones de ataque, más de 1.380 bombas aéreas guiadas y 69 misiles contra territorio ucraniano.

Zelensky advirtió que un ataque masivo podría causar daños devastadores a una red energética ya muy afectada. Las autoridades ucranianas estiman que desde octubre de 2025 los bombardeos han dañado 8,5 gigavatios de capacidad de generación, incluyendo centrales térmicas e hidroeléctricas.

Gran parte de esa capacidad fue reparada y volvió a ser atacada, en un ciclo que ha llevado el sistema energético al borde del colapso. El Ministerio de Economía señaló que proteger la infraestructura sería más económico que reconstruirla, pero Ucrania no dispone de suficientes sistemas de defensa aérea para detener las oleadas combinadas de misiles y drones.

El contexto geopolítico de los ataques cobró relevancia con la visita de Zelensky a Vilna este domingo, donde se reunió con los presidentes de Lituania y Polonia en el marco del Triángulo de Lublin. En la cumbre subrayó la necesidad urgente de reforzar la defensa aérea y el sistema eléctrico nacional con apoyo europeo.

La reunión es parte de los esfuerzos diplomáticos de Kiev para obtener garantías de seguridad y apoyo técnico mientras afronta la cuarta campaña invernal desde el inicio de la invasión rusa.

Zelensky insistió en que los líderes deben comprender con claridad la amenaza que supone Rusia. Según su diagnóstico, la estrategia rusa combina presión militar en el frente con ataques sistemáticos a infraestructuras civiles para minar la moral y reducir la capacidad de resistencia de la población.

Las temperaturas extremas agravan la crisis humanitaria en Kiev y otras ciudades, donde millones han pasado días sin electricidad, calefacción ni agua corriente como consecuencia de los bombardeos.

La situación ha obligado a ampliar los cortes de electricidad programados que se aplican a diario en todo el país para racionar la energía ante el déficit causado por los ataques. El operador estatal Ukrenergo ha ordenado en varias ocasiones el cierre temporal del suministro en ciudades enteras para evitar daños mayores, lo que ha dejado sin calefacción, agua y transporte público eléctrico a amplias zonas de la capital.

Las autoridades de Kiev han instalado cientos de tiendas de campaña por la ciudad para que la población pueda calentarse y recibir comida y bebida caliente. El alcalde Klitschko ha pedido a quienes dispongan de un lugar cálido que consideren salir temporalmente de la ciudad, reconociendo el daño significativo al sistema de calefacción centralizado y la complejidad de su reparación mientras continúan las hostilidades. Polonia y otros países europeos han enviado generadores y equipos de calefacción, pero la ayuda resulta insuficiente frente a la magnitud del desafío.

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