Fuentes independientes calculan que el Ejército ruso ha perdido más de 300.000 efectivos durante los cuatro años de guerra en Ucrania. Aunque estas cifras circulan públicamente, el Kremlin permanece en silencio para no agravar el creciente descontento interno por la campaña militar.
El último informe oficial del Ministerio de Defensa ruso sobre fallecidos en acción —conocidos como Cargo 200— data de septiembre de 2022, cuando se anunciaron 5.937 muertos, justo antes de la movilización de reservistas que provocó que más de un millón de hombres en edad militar abandonaran el país.
Fuentes occidentales, incluida la OTAN y servicios de inteligencia de EE. UU. y Reino Unido, estiman en torno a mil las bajas diarias en las filas rusas, lo que equivaldría a más de 30.000 pérdidas mensuales. Además, enero habría sido el primer mes en que el Ejército ruso no pudo reponer esas bajas con voluntarios.
El término Cargo 200 para designar a los militares caídos se remonta a la guerra de Afganistán (1979-1989); entonces el número 200 aludía al peso máximo autorizado del féretro de zinc por el Ministerio de Defensa soviético.
Un secreto a voces
El bloguero militar Yuri Podoliak, con acceso a recepciones en el Kremlin, abordó en enero en YouTube el tema sensible del Cargo 200 y aportó estimaciones más altas que las oficiales.
Podoliak afirmó que el Ejército ruso podría haber perdido hasta 415.000 efectivos, cifra que incluiría a soldados, voluntarios y a antiguos presos reclutados por el grupo Wagner.
También situó las pérdidas totales en más de 800.000 de los más de dos millones de rusos que han participado en la llamada “operación militar especial”, una cifra que contrasta con las reducidas ganancias territoriales: alrededor del 12% del territorio ucraniano desde el 24 de febrero de 2022.
Expertos occidentales sostienen que ningún país ha sufrido tantas bajas en un conflicto desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945; según estas valoraciones, las tropas rusas han registrado en estos cuatro años más muertos que en todos los conflictos previos posteriores a la contienda mundial, incluidas las guerras chechenas.
Muertos con nombres y apellidos
El portal independiente Mediazona, en colaboración con Meduza y la BBC, ha contabilizado más de 168.000 combatientes rusos muertos e identificados por nombre y apellidos.
A esa cifra se suman los fallecidos aún no identificados pero presentes en registros públicos, certificados de defunción, datos de servicios funerarios o denuncias por desaparición. Mediazona reconoce que, según sus cálculos aproximados y sin contabilizar completamente los datos de este año, el total rondaría ya los 300.000.
En los primeros meses del conflicto la mayoría de las víctimas eran soldados profesionales —efectivos de las fuerzas aerotransportadas y de las brigadas motorizadas—, después aumentaron las bajas entre presidiarios reclutados y, desde mediados de 2023, entre voluntarios.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de EE. UU. publicó a principios de año un informe en el que estimaba que, desde febrero de 2022, las fuerzas rusas han sufrido casi 1,2 millones de bajas totales, de las que alrededor de 325.000 serían muertos, más que cualquier otra potencia en una campaña desde la Segunda Guerra Mundial.
Sobre Ucrania, el centro calcula entre 500.000 y 600.000 bajas y entre 100.000 y 140.000 muertos.
“A este ritmo, las bajas rusas y ucranianas combinadas podrían alcanzar los 2 millones para la primavera de 2026”, advierten los analistas.
En contraste con el hermetismo del Kremlin, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, ha reconocido recientemente más de 55.000 muertos en las filas de su ejército.
La censura militar de Putin
El Kremlin ha tratado de ocultar estos datos, suspendiendo la publicación de cifras oficiales sobre mortalidad y otros indicadores demográficos que permitirían calcular las pérdidas en combate.
En mayo de 2015, el presidente Vladímir Putin prohibió la difusión de datos sobre bajas en las Fuerzas Armadas, tras el despliegue de combatientes irregulares rusos en el este de Ucrania para apoyar la sublevación prorrusa.
Como resultado, la población rusa no dispone de información pública fiable sobre las pérdidas humanas en el ejército, ni en tiempos de paz ni durante operaciones militares.
Sin embargo, la censura no es absoluta. A finales de enero, el segundo tribunal militar del Distrito Occidental reconoció, en contra de la versión oficial, que el buque insignia de la Flota del Mar Negro, el ‘Moskvá’, fue hundido en abril de 2022 en un ataque ucraniano con torpedos.
El fallo judicial admitió también la muerte de 20 marineros, identificados por nombre y apellidos, y la existencia de ocho desaparecidos.
(Con información de EFE)

