En el centro de la Baja Silesia, el castillo Książ se alza sobre colinas boscosas y domina el entorno con una silueta imponente. Esta construcción, que combina elementos de palacio barroco y fortificación renacentista, es la tercera más grande de Polonia y tiene una apariencia que recuerda a los castillos de los cuentos.
Sin embargo, junto a su arquitectura señorial existe un pasado marcado por la ambición, el secreto y la violencia: un periodo estrechamente relacionado con el nazismo y con uno de los proyectos más enigmáticos del Tercer Reich.
De fortaleza medieval a residencia aristocrática
Los orígenes de Książ se sitúan en la Edad Media, cuando el duque silesiano Bolko I el Estricto levantó una fortaleza en este promontorio estratégico. A lo largo de los siglos la construcción fue ampliándose y embelleciéndose. En 1466 pasó a manos de Hans von Schellendorf, quien la llamó Schloss Fürstenstein, nombre que permaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Durante el periodo en que la Baja Silesia perteneció a Prusia, el castillo se consolidó como un emblema de la aristocracia alemana.
Ese legado aristocrático sigue siendo visible para los visitantes: se atraviesan jardines cuidados antes de acceder a salones profusamente decorados, comparables en carácter a los espacios palaciegos de ciudades como Viena o París.
Un espacio representativo es el Salón Maximiliano, con grandes arañas, chimeneas de mármol y paredes estucadas, que remite al esplendor palaciego y a las visitas de la realeza europea.
También se conservan los dormitorios de la princesa británica Daisy, esposa de Hans Heinrich XV von Hochberg, último propietario antes de la ocupación nazi; estos aposentos mantienen una decoración delicada en tonos rosados, con espejos y sofás de época.
No obstante, la visita a las estancias señoriales suele verse interrumpida por elementos que recuerdan el periodo bélico. En una de las cámaras hay dos ascensores de aspecto austero y gris, que contrastan con la decoración noble: fueron instalados por los nazis en 1944, según ha señalado Mateusz Mykytyszyn, responsable de relaciones públicas del castillo.
Además, existe un pozo que desciende unos 50 metros hasta los niveles subterráneos, pensado como vía de evacuación rápida hacia los búnkeres.
El capítulo nazi: túneles, sufrimiento y misterio subterráneo
Estos ascensores y accesos subterráneos anuncian el capítulo más oscuro de la historia de Książ, estrechamente vinculado al Proyecto Riese (que significa “Gigante” en alemán), uno de los programas de construcción secretos del Tercer Reich.
En 1944, con la guerra ya en su fase final, los nazis ocuparon el castillo tras la huida a Inglaterra del conde Hans Heinrich XVII. Książ y las Montañas del Búho pasaron a ser un punto central para la creación de una extensa red de instalaciones subterráneas en la zona.
Hasta ahora se han identificado siete grandes complejos subterráneos relacionados con el Proyecto Riese, pero la función exacta de muchos de esos túneles sigue sin esclarecerse. La destrucción u ocultación de documentos por parte de los nazis durante su retirada ha dejado interrogantes y dado lugar a múltiples hipótesis.
Se considera de forma generalizada que el castillo pudo haber sido destinado a funcionar como cuartel general de Hitler, aunque no existe una confirmación documental definitiva.
Lo que sí está documentado es el elevado coste humano asociado a las obras. Más de 13.000 prisioneros fueron trasladados a la región para excavar y construir la infraestructura subterránea, bajo la dirección de la Organización Todt y, en su mayoría, procedentes de los campos de concentración de Auschwitz y Gross-Rosen.
Las condiciones de trabajo eran extremadamente duras: enfermedades como el tifus se propagaban con facilidad y la presión por avanzar las obras era constante. Las investigaciones estiman que alrededor de 5.000 personas murieron durante la construcción.
Los túneles localizados bajo el castillo alcanzan aproximadamente dos kilómetros en conjunto. Algunos tramos, realizados en hormigón armado, tienen hasta cinco metros de altura y son lo suficientemente anchos como para el paso de vehículos; otros sectores permanecen en roca viva y en ciertos pasadizos aún se conservan restos de una vía estrecha utilizada durante las excavaciones.
Túneles, leyendas y el mito del tren de oro nazi
A pesar de la documentación y los testimonios sobre la presencia nazi en la región, en la Baja Silesia perduran leyendas que alimentan la fascinación, entre ellas la del supuesto tren cargado de objetos de valor robados por los nazis. “Todavía hoy mucha gente busca tesoros y túneles ocultos en esta zona”, ha señalado Michał Miszczuk, guía en la Ciudad Subterránea de Osówka, otro de los complejos vinculados al Proyecto Riese cerca del castillo.
La leyenda plantea que durante la retirada alemana de Wrocław (entonces Breslau) en 1945 se habría ocultado un tren repleto de bienes valiosos en algún punto de las Montañas del Búho. En 2015 un equipo de buscadores obtuvo permiso para excavar en la llamada Zona 65, cerca de Wałbrzych, pero no encontró pruebas concluyentes.
El misterio se mantiene, alimentado por la desaparición de archivos y por la posibilidad de que queden aún tramos de túneles sellados. Al retirarse frente al avance del Ejército Rojo, las tropas alemanas destruyeron o bloquearon muchas entradas a los pasadizos subterráneos.
“Silesia fue parte de Alemania durante siglos; incluso cuando la derrota era inminente, había la esperanza de recuperar estos territorios”, ha comentado Miszczuk. Hoy en día, el castillo Książ es uno de los destinos turísticos más visitados de Polonia.

