23 de febrero de 2026
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Cuatro años de la invasión rusa a Ucrania: no abandonemos a Kiev

El “Triángulo” es el nombre que recibe el distrito gubernamental de la capital ucraniana y fue el objetivo principal de los asaltos rusos contra Kiev durante las dos primeras semanas de la operación a gran escala iniciada el 24 de febrero de 2022.

Aquella madrugada, sobre las 04:15, se emitió un anuncio televisivo grabado días antes en el que el presidente ruso anunció el inicio de las operaciones. Entre las 04:45 y las 05:00 se produjeron fuertes interferencias en las telecomunicaciones y en los radares, así como oleadas de drones que simulaban ser aviones rusos. Paralelamente se lanzaron ciberataques a gran escala contra infraestructuras gubernamentales, lo que provocó interrupciones en redes eléctricas y subestaciones en distintas zonas del país.

Como consecuencia, el sistema de comunicaciones de las Fuerzas Armadas de Ucrania quedó gravemente afectado y se cortaron durante varios días los enlaces entre el Estado Mayor Conjunto, los Comandos Operacionales y las brigadas.

Al mismo tiempo, numerosas salvas de misiles balísticos y de crucero alcanzaron aeropuertos civiles y militares, así como instalaciones de defensa antiaérea seleccionadas. Aunque muchas bases y aeropuertos sufrieron daños considerables, las pérdidas para la Fuerza Aérea ucraniana fueron reducidas porque, en el último momento, sus aeronaves se desplazaron a aeródromos en el suroeste del país.

Mientras continuaban los primeros ataques, el Ministerio de Defensa ruso puso en marcha una operación destinada a derribar al Gobierno ucraniano y paralizar su liderazgo político y militar al inicio del conflicto. Para ello se empleó una combinación de unidades aerotransportadas, compañías militares privadas y la Fuerza Aeroespacial rusa. El plan resultó ser complejo, lento en su ejecución y con fuerzas insuficientes para el alcance previsto, lo que se ha señalado como un error importante del mando ruso en este episodio.

La acción preparatoria se adelantó varios días con la infiltración de equipos y mercenarios en el centro de Kiev con la intención de capturar o eliminar al presidente Volodímir Zelensky y a miembros de su gobierno y familia. Si esa operación fracasaba, tres grupos tácticos de élite tenían la misión alternativa de asegurar aeropuertos fuera de la ciudad para servir de cabeza de puente a más tropas aerotransportadas y apoyar las operaciones de fuerzas especiales.

Detrás de estas maniobras, se planificó el avance por carretera desde Bielorrusia de dos grandes unidades —incluida la Guardia Nacional rusa, una fuerza de seguridad interna— para asegurar infraestructuras clave en torno a la capital y esperar la llegada de unidades mecanizadas destinadas a completar la toma del centro de Kiev y su aislamiento respecto al oeste y al sur del país.

No se materializó el avance rápido y la entrada triunfal en la capital que esperaban las autoridades rusas. Cuatro años después, el conflicto sigue en curso y sus efectos continúan manifestándose.

El presidente Zelensky ha recibido amplio apoyo internacional y muchos actores del mundo libre le piden que mantenga su compromiso con los principios democráticos. Numerosos países, incluidos la mayoría de los de la Unión Europea, el Reino Unido y Canadá, entre otros, han mostrado un respaldo claro a la defensa de la democracia y de las libertades frente a la agresión.

La vigencia del multilateralismo como principio de las relaciones internacionales —sustentado en la cooperación, la globalización y la interdependencia entre naciones— ha sido para muchos un instrumento eficaz frente a gobiernos totalitarios y una base para la resolución de conflictos.

Su continuidad desde 1945 y su consolidación tras la caída del Muro de Berlín en 1989 ilustran que la resolución de disputas entre Estados depende de la diplomacia, la persuasión, el consenso y, cuando es necesario, la disuasión respaldada por una posición de fuerza. Estos elementos se consideran, por muchos, esenciales para alcanzar una paz respetable y duradera.

En caso contrario, sostienen varios gobiernos y observadores, lo que se lograría no sería paz sino rendición. Gran parte de la comunidad democrática internacional exige la restitución de los territorios ocupados y reclama que los países actúen con firmeza renovada; muchos sostienen que no debe permitirse que el tiempo favorezca a los invasores.

José Ingenieros escribió con claridad ejemplificadora: “Los que aspiran a ser águilas, deben volar alto y mirar lejos porque aquellos que se resignan a arrastrarse como gusanos, pierden el derecho a protestar si los aplastan”.

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