14 de marzo de 2026
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Estudiar, trabajar y viajar desde San Vicente

Sofía estudia Abogacia en la UBA mientras vive y trabaja en Alejandro Korn.

Tres estudiantes coinciden en una situación común: aunque trabajan medio tiempo o incluso jornada completa, viven con sus padres y deben organizar el tiempo y el dinero con mucha atención para continuar sus estudios.

Una de ellas trabaja en una peluquería que no abre los lunes, por lo que ese día lo reserva exclusivamente para estudiar. Describe una rutina intensa: se levanta temprano, asiste a la facultad y suele salir entrada la noche, lo que exige una planificación rígida del resto de la semana para combinar tareas, trabajo y descanso.

Paloma es uno de los ejemplos más explícitos. Estudia la carrera de Audiovisión en Lanús y enfrenta un traslado diario de tres horas. Además de cursar, trabaja en una cafetería como parte del equipo de cocina. Su situación laboral cambió recientemente: antes tenía un empleo con apenas un franco semanal; ahora trabaja solo tres días por semana en turnos de alrededor de cinco horas y media. Aunque su carga horaria laboral disminuyó, también se redujeron sus ingresos, que alcanzan apenas para cubrir algunos gastos personales sin dejar margen para ahorros ni imprevistos.

El patrón que repiten estas estudiantes es buscar maneras de aprovechar al máximo los tiempos fragmentados. El traslado diario, por ejemplo, se utiliza como espacio de estudio: leen, repasan apuntes o avanzan lecturas mientras viajan. Para ahorrar y facilitar el acceso al material, prefieren recursos digitales; varias comentan que nunca compraron apuntes impresos y que organizan y resumen los contenidos directamente en la computadora. Esta modalidad les permite ser más eficientes y manejar mejor la documentación, además de reducir costos asociados a la compra de materiales.

Las restricciones económicas y de tiempo influyen en sus decisiones académicas y laborales. Vivir con los padres aparece como una estrategia frecuente para disminuir gastos fijos y sostener la continuidad en la carrera frente a salarios limitados. Al mismo tiempo, la jornada de trabajo parcial, los largos traslados y los horarios de cursada generan fatiga y exigen administrar prioridades: elegir qué actividades sacrificar, cuándo descansar y cómo restructurar la semana en torno a días libres o menos cargados, como el lunes en el caso de la estudiante de peluquería.

En conjunto, sus relatos evidencian la combinación de resiliencia y planificación que requieren muchas estudiantes: equilibrar trabajo, estudio, movilidad y economía personal mediante estrategias prácticas —aprovechar viajes para estudiar, usar recursos digitales y vivir con familiares— para poder seguir avanzando en la carrera pese a las dificultades.

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