Italia votó y el resultado es claro: el referéndum constitucional impulsado por la primera ministra fue rechazado. Con el conteo prácticamente cerrado, el “No” obtuvo el 54,1% de los votos, dejando sin efecto la reforma judicial que proponía separar las carreras de jueces y fiscales y cambiar la composición del Consejo Superior de la Magistratura (CSM). Se trata del primer gran revés para la coalición de derecha que gobierna desde octubre de 2022.
La jornada registró una alta participación: casi el 60% del electorado acudió a las urnas, por encima del 51% del referéndum constitucional de 2020. Esa afluencia convirtió un debate técnico en un plebiscito político sobre el modelo de justicia y la independencia institucional, dando legitimidad ciudadana al rechazo a la reforma.
Las reacciones oficiales fueron rápidas. La primera ministra declaró brevemente que se respeta la decisión de los italianos y que seguirá en el cargo, mientras que el ministro de Justicia, Carlo Nordio, dijo que toma nota con respeto del veredicto popular.
El fin del mito de la invencibilidad de Meloni
Analistas internacionales interpretan el resultado como un cambio relevante de cara a las elecciones parlamentarias del próximo año. Para expertos en política, la derrota muestra un desgaste del liderazgo de Giorgia Meloni en un tema central de su agenda.
La reforma tenía antecedentes históricos en la derecha italiana, remontando a críticas contra el poder judicial formuladas por figuras como Silvio Berlusconi. Nordio llegó a describir internamente a la magistratura con términos muy duros, pero la mayoría de los votantes optó por mantener el estado actual en lugar de aprobar cambios constitucionales profundos.
El núcleo de la propuesta era la separación completa de las carreras de jueces y fiscales. Aunque hoy en día solo una minoría de magistrados cambia de función, la oposición argumentó que la medida podía debilitar al fiscal y abrir paso a mayor influencia política sobre la justicia.
El voto también evidenció una Italia dividida territorialmente: el sur y el centro rechazaron con claridad la reforma, mientras que el Noreste (Lombardía, Véneto y Friuli-Venecia Julia) fue la única área donde predominó el “Sí”, alcanzando alrededor del 59% en algunos bastiones de centroderecha.
Ese reparto geográfico deja a Meloni en una situación incómoda: su respaldo se concentró en zonas tradicionales de influencia, pero no logró una aceptación amplia a nivel nacional.
En la circunscripción de América Meridional el escrutinio progresa lentamente. Con 48 de 676 secciones informadas, los datos son provisionales pero muestran que el electorado italiano en Argentina y países vecinos se inclinó mayoritariamente por el “Sí”, con un 70,81% de apoyo.
El “grito” de la oposición y el blindaje del Palacio Chigi
La oposición celebró el resultado. Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas, lo calificó como un triunfo y otros dirigentes del centroizquierda interpretaron la votación como una señal de desgaste del gobierno a un año de las elecciones. Para la oposición, el referéndum fue en buena medida una votación sobre la figura de Meloni.
Incluso aliados del “Sí” reconocieron el golpe: Matteo Renzi comparó la derrota con experiencias personales y subrayó que cuando el pueblo se expresa hay que asumir las consecuencias. Por su parte, en el oficialismo se cerraron filas: dirigentes como Galeazzo Bignami sostuvieron que el resultado no compromete la estabilidad del Ejecutivo y destacaron la alta participación como un elemento positivo para el Gobierno.
Una crisis en ciernes
El triunfo del “No” ya tuvo efectos institucionales: Cesare Parodi, presidente de la Asociación Nacional de Magistrados (ANM), presentó su renuncia. En tribunales como los de Milán y Roma, muchos magistrados valoraron el resultado como una salvaguarda de su independencia frente a presiones políticas.
Aunque Meloni afirmó que no dimitirá y sostuvo que la votación no iba dirigida a su persona sino a la justicia, el revés afecta su autoridad. De sus tres grandes promesas de gobierno, la judicial era la que llegó a votación y fue rechazada; la Autonomía Diferenciada sí avanzó y la propuesta de elegir directamente al primer ministro sigue estancada.
Con las elecciones generales previstas para 2027, el “No” marca el inicio de una nueva fase política: una oposición reforzada y un gobierno que debe afrontar la realidad de que su mayoría parlamentaria no garantiza automáticamente la aprobación ciudadana de sus reformas.



