5 de abril de 2026
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Bacterias resistentes a antibióticos en Lechuguilla

A unos 489 metros bajo la superficie del desierto de Chihuahua, en el sur de Nuevo México, la cueva Lechuguilla alberga una comunidad bacteriana que, tras millones de años de aislamiento, exhibe resistencia frente a prácticamente todos los antibióticos conocidos, desafiando los límites de la medicina actual.

Sellada hasta su hallazgo en 1986, esta cavidad ofrece a los científicos un entorno extremo y cerrado donde investigar mecanismos de resistencia bacteriana que podrían orientar el desarrollo de nuevos fármacos frente a la resistencia antimicrobiana (RAM), considerada una de las principales amenazas para la salud pública del siglo XXI, según informó la BBC.

Lejos de influencias humanas y con accesos tan restringidos que hay zonas de la cueva recorridas por menos personas que la superficie lunar, la bióloga Hazel Barton, profesora de ciencias geológicas en la Universidad de Alabama, ingresó en 2012 para tomar muestras, acompañada por Gerard Wright, catedrático de bioquímica y estudios biomédicos de la Universidad McMaster, Canadá.

En análisis genéticos posteriores, los investigadores secuenciaron el genoma completo de un microbio no patógeno, Paenibacillus sp. LC231, y hallaron resistencia a 26 de los 40 antibióticos evaluados, entre ellos la daptomicina.

La resistencia a daptomicina resulta notable porque este antibiótico se emplea como último recurso contra bacterias multirresistentes, como el Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA). No obstante, algunos microbios de Lechuguilla siguen siendo vulnerables a ciertos antibióticos sintéticos y semisintéticos, compuestos a los que nunca estuvieron expuestos.

El equipo también identificó cinco genes de resistencia hasta entonces desconocidos, lo que señala una capacidad ancestral para enfrentar toxinas naturales. La presencia de mecanismos similares en un pariente terrestre de Paenibacillus sugiere que estos rasgos preceden al aislamiento de la cueva.

La resistencia antimicrobiana: cifras, contexto y origen evolutivo

La crisis global de resistencia antimicrobiana, potenciada por el uso excesivo y el mal uso de antimicrobianos en medicina, ganadería y agricultura, figura entre las mayores amenazas sanitarias actuales.

Según datos citados por la BBC, en 2021 la RAM causó directamente 1,14 millones de muertes, y se proyecta que entre 2025 y 2050 hasta 39 millones de personas podrían fallecer a causa de esta problemática; además, millones de niños mueren cada año por infecciones resistentes.

Los hallazgos en Lechuguilla muestran que la resistencia es también un fenómeno natural y antiguo, lo que lleva a dos conclusiones clave: los mecanismos de resistencia forman parte de la historia evolutiva microbiana y no son únicamente una respuesta reciente al uso masivo de medicamentos.

Wright subraya que “la resistencia a los antibióticos es parte de la historia natural de los microorganismos en el planeta”, una observación respaldada por hallazgos en bacterias de núcleos polares, permafrost antiguo e intestinos de comunidades aisladas de la Amazonía.

La mayoría de los antibióticos provienen de bacterias y hongos que han competido entre sí durante cientos de millones de años, por lo que las defensas microbianas han estado en constante intercambio evolutivo.

Las cuevas como laboratorios evolutivos: estrategias antiguas y aplicaciones futuras

El entorno hostil de Lechuguilla —oscuridad total, escasez de nutrientes y aislamiento prolongado— promovió una intensa competencia microbiana. Barton describe tanto estrategias cooperativas como comportamientos depredadores: comunidades que colaboran para extraer energía y microbios que capturan y destruyen a otros.

Entre los descubrimientos destaca un microbio que produce 38 compuestos antimicrobianos distintos, tres de ellos con estructuras nunca antes descritas, lo que evidencia el potencial de estos organismos para aportar nuevos compuestos terapéuticos.

La exploración de otras cuevas también ha confirmado su valor como fuente de antibióticos novedosos. La microbióloga Naowarat Cheeptham, de Thompson Rivers University, Canadá, examinó más de 2.000 bacterias halladas en cavidades durante la última década.

Cheeptham identificó dos especies en la Iron Curtain Cave capaces de eliminar cepas resistentes de Escherichia coli y cinco microbios de la White Rabbit Cave, en Columbia Británica, que producen antibióticos activos contra MRSA. La investigación ha sido limitada por la falta de financiación, aunque los compuestos están conservados para futuros estudios.

Estudiar estos microorganismos ayuda también a anticipar la aparición de nuevas resistencias. Wright explica que, para llevar un antibiótico nuevo a la clínica, es indispensable conocer los mecanismos de resistencia existentes para prever sus vulnerabilidades, pues la resistencia surgirá tarde o temprano.

La identificación de genes y mecanismos defensivos permite adaptar el desarrollo de fármacos. Un ejemplo práctico es la combinación de penicilina con ácido clavulánico: este inhibidor de enzimas restauró la eficacia de la penicilina frente a bacterias que la inactivaban, un enfoque replicable si se comprende cómo los microbios cavernícolas degradan diversos fármacos.

El aislamiento de millones de años revela que la resistencia antibiótica es anterior a la humanidad

Los hallazgos en la Cueva Lechuguilla despejan la duda sobre el origen de la resistencia: en un ambiente completamente sellado y sin contacto humano, la resistencia no solo existe, sino que es ancestral.

Barton y Wright sostienen que la “batalla química” entre microbios se desarrolla desde mucho antes de que los humanos descubrieran o fabricaran antibióticos, y que la transferencia de genes de resistencia entre bacterias ha sido una constante evolutiva.

Según Wright, históricamente la resistencia estaba más limitada a bacterias no patógenas; el uso extensivo de antibióticos en medicina y agricultura facilitó que patógenos adquirieran estas defensas.

La lucha actual contra la resistencia antimicrobiana se beneficia del conocimiento aportado por estos microbios cavernícolas, que muestran cómo sobreviven y evolucionan en los ambientes más hostiles de la Tierra y anticipan desafíos para la medicina moderna.

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