7 de abril de 2026
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Ambiciones militares de la UE

Imagine explicar a un funcionario europeo de los años noventa que, concebida como un proyecto de paz, la Unión Europea estaría hoy desplegando fuerzas navales que derriban misiles balísticos en el Mar Rojo, formando a decenas de miles de soldados ucranianos y ofreciendo un paquete de préstamos de 150.000 millones de euros para la compra de armamento. Estas tareas habrían parecido improbables unas décadas atrás, pero forman parte de la realidad actual.

El componente militar de la UE se halla en una fase de redefinición, según el general Sean Clancy, presidente del Comité Militar de la UE, desde su despacho en Bruselas. El comité asesora a la alta representante para la Política Exterior y supervisa operaciones como Aspides en el Mar Rojo. Clancy, el primer general irlandés de cuatro estrellas en un siglo, ha priorizado frenar la presencia naval rusa, facilitar el movimiento militar en Europa y mejorar las medidas de defensa contra drones.

En paralelo, el Estado Mayor Militar de la UE sigue promoviendo la idea de un cuerpo expedicionario de 50.000–60.000 soldados, pero muchos analistas lo consideran poco realista. En su lugar, una capacidad de despliegue rápido (CDR) de unas 5.000 tropas se percibe como una alternativa más plausible y tangible.

Clancy compara estas unidades con los antiguos grupos de combate de la UE y destaca que ahora hay más ejercicios y entrenamiento operativo, con un fortalecimiento de cada CDR. Aunque cualquier despliegue requeriría la aprobación unánime de los 27 Estados miembros, la idea de usar estas fuerzas se considera cada vez más factible.

Es comprensible interpretar estas capacidades como los inicios de un ejército europeo que pudiera asumir roles que hasta ahora ejercía Estados Unidos. La expectativa estadounidense, expresada recientemente, es que Europa asuma mayor responsabilidad en la defensa convencional del continente. Al mismo tiempo, las dudas sobre el futuro de la OTAN han aumentado, lo que ha provocado debates públicos sobre la capacidad europea de defensa.

Cuando se le preguntó si estas fuerzas podrían enfrentarse directamente al ejército ruso, Clancy negó esa posibilidad: las misiones de la UE se orientan a apoyo logístico y estabilización, como evacuaciones o asistencia humanitaria, no a entrar en una guerra convencional de alta intensidad.

Clancy explica que la UE reflexiona cada vez más sobre el artículo 42.7 del tratado europeo (la cláusula de defensa mutua) y su relación con el artículo 5 de la OTAN. Aunque 42.7 es, sobre el papel, más sólida en algunos aspectos, en la práctica ambas organizaciones tienen funciones diferenciadas; la UE procura operar por debajo del umbral de guerra general al que responde la OTAN y coordina con los mandos aliados para evitar solapamientos.

No obstante, la línea entre misiones de baja intensidad y conflictos más violentos se está desdibujando. La Operación Aspides, para proteger el tráfico marítimo en el Mar Rojo desde febrero de 2024, ejemplifica esa ambivalencia: ha resguardado centenares de buques, derribado misiles balísticos y neutralizado drones, pero también ha mostrado límites operativos.

Esos límites quedaron patentes cuando la fragata alemana Hessen disparó accidentalmente contra un dron estadounidense usando dos misiles interceptores SM-2 que fallaron, y posteriormente evitó la zona al regresar de Asia. Analistas señalaron que el despliegue evidenció carencias significativas en defensa aérea en varias armadas europeas.

Se especuló sobre la posibilidad de que Aspides participara en la reapertura del estrecho de Ormuz, pero responsables alemanes y militares advirtieron de la poca eficacia de la misión en escenarios de mayor intensidad de fuego y enfatizaron que no se pueden tomar acciones sustanciales hasta que haya algún tipo de cese de hostilidades.

Más allá de la guerra a gran escala, la UE puede influir decisivamente en la integración de las industrias de defensa europeas. Promover compras dentro del continente busca reducir la dependencia de proveedores externos y estandarizar sistemas —un objetivo que genera tensiones con Estados Unidos y con países de la OTAN fuera de la UE, como el Reino Unido, cuyos fabricantes pueden verse perjudicados.

La movilidad militar es otra prioridad donde la capacidad regulatoria de la UE entra en juego. El bloque aspira a un “Schengen militar” que permita el tránsito de material pesado con autorizaciones rápidas (objetivo: tres días frente a los plazos actuales, que pueden superar un mes). El presupuesto marco 2028–2034 negociado en 2027 se espera que aumente significativamente los fondos destinados a movilidad militar. Clancy subraya que las políticas por sí solas no disuaden a adversarios; importa su ejecución.

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