25 de febrero de 2026
Buenos Aires, 16 C

Bullying y ciberbullying: hallazgos y estrategias para un clima escolar seguro

Para lograr cambios sostenidos en el clima escolar es fundamental comprender que un mal clima en el aula tiene un doble impacto: alimenta las violencias escolares —como el bullying y el ciberbullying— y deteriora la calidad y el desempeño de los aprendizajes. El perjuicio es integral y afecta múltiples dimensiones del entorno educativo.

Un clima escolar adverso influye no solo en las relaciones entre pares (niños y adolescentes de los niveles primario y secundario), sino también en la capacidad de enseñanza y aprendizaje dentro de la institución.

¿Cómo cambiar el paradigma del clima escolar en la Argentina?

Un equipo de cientistas sociales del CONICET Cuyo junto con especialistas en educación de Mendoza dio un paso inédito para abordar esta pregunta mediante una investigación sistemática.

El estudio analizó la convivencia escolar en estudiantes de 2o y 3o año del nivel secundario en Mendoza, con una muestra representativa de 21.466 alumnos de establecimientos estatales, privados y técnicos.

Lo más destacable fue el diseño de un instrumento propio para medir el clima escolar: el Cuestionario de Acoso y Convivencia Escolar (CACE-44), que dota a la investigación de una herramienta local y específica.

El CACE-44 es, hasta ahora, el único instrumento desarrollado en Argentina para medir bullying y ciberbullying; otras herramientas existentes en el país son adaptaciones de cuestionarios extranjeros.

Con el CACE-44 se evaluaron distintas manifestaciones de violencia escolar —física, verbal y relacional—, así como bullying y ciberbullying, y se identificaron los roles de víctima, agresor y testigo.

Principales hallazgos del estudio del CONICET

Los resultados muestran que el bullying no es un fenómeno aislado: se articula estructuralmente con otras formas de violencia y exclusión. Estos hallazgos ofrecen evidencia empírica sólida para diseñar políticas públicas de prevención, intervención y promoción de una convivencia escolar democrática, segura e inclusiva en Mendoza, con aplicación posible a otras jurisdicciones.

El estudio confirma que el clima escolar exige atención porque condiciona el ambiente previo al proceso educativo, afectando la enseñanza y el aprendizaje.

El bullying suele ser la manifestación más visible, pero muchas veces es el resultado de conflictos previos, indisciplinas o episodios de violencia esporádica que no se abordan adecuadamente. Cuando esas situaciones no se intervienen porque no se las identifica como bullying, el problema se perpetúa.

Esta realidad se repite en diferentes jurisdicciones del país, por lo que la experiencia de Mendoza puede servir como herramienta para un abordaje más amplio a nivel nacional.

Cómo se realizó el relevamiento sobre convivencia escolar

Infobae entrevistó al psicopedagogo Alejandro Castro Santander, especialista en gestión de convivencia escolar, integrante de la Alianza Antibullying Argentina, quien participó como experto en la investigación del CONICET.

—Actualmente, la escuela refleja y concentra muchas de las violencias presentes en la sociedad, y la tecnología amplifica algunas de ellas a través del ciberbullying. Estas formas de acoso impactan directamente en la calidad de los aprendizajes. ¿Comparte esta visión?

—Alejandro Castro Santander: Un mal clima escolar, con acoso o ciberbullying, afecta negativamente los aprendizajes. Una institución con ese clima no rinde igual que otra sin esas condiciones.

—Tras la pandemia se agravó la convivencia escolar. Aunque siempre fue importante, el tema quedó relegado y las políticas educativas no le dieron la prioridad que requieren. Estudios internacionales y nacionales vienen mostrando desde hace más de 20 años una relación directa entre clima escolar y calidad educativa: el bullying obstaculiza el aprendizaje.

—Este estudio en Mendoza aporta un dato novedoso en Argentina: diseñamos una herramienta local para medir convivencia y acoso. En una muestra de más de 20.000 alumnos (2o y 3o año del secundario) se centró la atención en bullying y ciberbullying.

El aporte clave es el Cuestionario de Acoso y Convivencia Escolar (CACE-44), que convierte a la investigación en un testimonio único sobre la realidad local. La mayoría de las herramientas previas en el país son adaptaciones de instrumentos extranjeros, mientras que el CACE-44 fue diseñado y validado en contexto argentino.

—Las escuelas hoy están sobrecargadas. ¿Qué se debería comenzar a hacer desde el ámbito escolar para mejorar el clima del aula? ¿Ha habido avances o estancamiento?

—La sociedad busca responsables —la familia, las redes—, pero el gran desafío es la gestión interna en las escuelas. Una medida efectiva sería contar con un sólido programa nacional de convivencia escolar que también se implemente a nivel provincial y en cada institución mediante proyectos institucionales de convivencia, con gestión y presupuesto.

Un programa nacional permitiría monitorear y capacitar: no hacen falta grandes equipos, bastarían uno o dos referentes por institución que se dediquen a estas tareas. Con monitoreo y formación, el impacto en la calidad educativa sería positivo y medible en evaluaciones nacionales e internacionales.

Actualmente se observan climas escolares negativos que los estudiantes reproducen dentro de las instituciones.

La violencia verbal como motor del conflicto escolar

En el estudio de Mendoza, la violencia verbal emergió como el factor que más alimenta la dinámica de violencia en las escuelas.

Se encontró una correlación muy alta (0,9) entre violencia verbal y bullying sistemático. El ciberbullying está fuertemente vinculado a la violencia verbal, funcionando en muchos casos como una agresión mediada por la tecnología.

Otro aspecto relevante es el papel del testigo: quienes presencian episodios de violencia sin intervenir (bystanders o espectadores) son numerosos y su conducta determina la evolución del conflicto.

—El rol del testigo, muchas veces silencioso, es crucial: si rompiera la inercia del silencio y actuara, muchas situaciones de violencia escolar no escalarían.

—El testigo altera la dinámica de la violencia. También puede sentirse víctima por no haber intervenido, y frecuentemente carece de herramientas para actuar. Ahí están los desafíos principales.

En la observación de los casos, el agresor tiende a presentar un perfil más activo; la víctima, en cambio, queda en una posición más vulnerable. Algunos alumnos que han sido victimizados buscan afirmar poder sobre otros más débiles, lo que dificulta romper el círculo de la violencia.

Los expertos detrás de la investigación

El relevamiento fue impulsado por la Subsecretaría de Educación y la Dirección de Acompañamiento Escolar (DAE) de Mendoza para obtener un diagnóstico preciso y basado en evidencia sobre el clima en las escuelas.

En febrero el informe fue presentado a autoridades provinciales —la subsecretaria Carina Ferrari, la directora de la DAE Carina Gannam, la directora de Educación Secundaria Cecilia Páez, el titular de Educación Técnica y Trabajo Claudio Dagne, la directora de Educación Privada Florencia Espresatti y el director de Educación Permanente de Jóvenes y Adultos Érico Arias— junto a los investigadores del CONICET Roxana Marsollier, Cristián Expósito y Alejandro Castro Santander.

Ferrari resaltó que el estudio aporta datos clave sobre convivencia y percepción institucional que servirán para definir políticas y generar reportes personalizados para cada escuela. Gannam señaló que los resultados permitirán comparar percepciones de docentes y estudiantes y orientar estrategias específicas para el ciclo lectivo 2026.

Los números del estudio del CONICET Cuyo

El análisis sociodemográfico forma parte del estudio “Diagnóstico y Fortalecimiento de la Convivencia Escolar: Estrategias frente al Acoso y Ciberacoso desde una Perspectiva Cognitivo–Valorativa” e incluyó 21.466 estudiantes.

Distribución por género: Femenino: 11.266 (52,5%) Masculino: 9.894 (46,1%) Otro: 307 (1,4%).

La mayoría de la muestra se identifica con el género femenino, seguida por el masculino.

Distribución por edad: 13 años: 146 (0,68%) 14 años: 6.205 (28,90%) 15 años: 9.891 (46,08%) 16 años: 4.417 (20,58%) 17 años: 808 (3,76%).

Participación por departamento de residencia: la mayor concentración se observa en los departamentos del Gran Mendoza. Guaymallén lidera con 15,18% (3.258 estudiantes), seguido por Maipú (9,95%), Las Heras (8,59%), Godoy Cruz (8,11%), Luján de Cuyo (8,20%) y Capital (6,97%).

Fuera del área metropolitana, San Rafael aporta 11,15% de la muestra. Otros departamentos como San Martín suman 6,62%, mientras que La Paz (0,77%), Santa Rosa (0,92%) y la categoría “Otra provincia” (0,54%) registran la menor participación.

La amplitud y cobertura territorial de la muestra permiten abordar con rigor las distintas dinámicas de acoso y convivencia en la provincia.

Artículo anterior

Japón despliega misiles tierra-aire cerca de Taiwán ante la amenaza china

Artículo siguiente

Japón desplegará misiles tierra-aire cerca de Taiwán ante la amenaza china

Continuar leyendo

Últimas noticias