21 de mayo de 2026
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Mejoró la cobertura de jardín de infantes, pero los más pobres siguen excluidos

La expansión del nivel inicial en Argentina mostró avances importantes en la última década, sobre todo entre los niños de 3 y 4 años, pero convive con marcadas desigualdades sociales: en los sectores más vulnerables, solo 4 de cada 10 niños de 3 años asisten al jardín. Así lo señala un informe de Argentinos por la Educación que compara la cobertura en la primera infancia en cinco países de América Latina.

Según los datos más recientes de 2024, el 83% de los niños argentinos de entre 3 y 5 años asiste al nivel inicial. Ese porcentaje es similar al de Chile (82%) y Perú (83%), pero inferior al de Uruguay, que lidera la región con 93%. El estudio, elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo, analiza las tasas de asistencia y las brechas socioeconómicas en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay.

El aumento de la cobertura responde tanto a una mayor oferta educativa como a la caída de la natalidad: al nacer menos niños, en algunas jurisdicciones el porcentaje de escolarización subió sin requerir la creación de nuevas vacantes.

El principal desafío en Argentina se concentra en las edades más tempranas y en los hogares de menores ingresos. A los 3 años, la asistencia alcanza el 55%, muy por debajo de los niveles de 4 años (91%) y 5 años (98%). Para los niños de 3 años, Uruguay registra 86% de asistencia, Chile 66% y Perú 58%.

Las diferencias económicas amplifican la brecha: entre los niños de 3 años del quintil más pobre, solo el 41% asiste al nivel inicial en Argentina, el porcentaje más bajo entre los países analizados. En los hogares de ingresos medios la cobertura llega al 71%, mientras que en el quintil más alto alcanza el 63%.

Las desigualdades son más pronunciadas en los primeros años de vida. Entre los niños de 2 años, apenas el 10% del quintil más pobre accede a algún espacio educativo, frente al 44% en los sectores más ricos, una diferencia de 34 puntos. A medida que aumentan la edad y la escolarización obligatoria, las brechas se reducen: a los 4 años la diferencia entre el quintil más pobre y el más rico es de 14 puntos porcentuales, y a los 5 años la cobertura es prácticamente universal en todos los niveles socioeconómicos.

A nivel regional, Argentina fue uno de los países que más amplió la cobertura en la última década. Entre 2014 y 2024, la asistencia de los niños de 3 años pasó del 40% al 55%, y la de los de 4 años creció del 75% al 91%. Ese incremento de 16 puntos porcentuales para los 4 años fue el mayor avance regional para ese grupo y se produjo tras la sanción de la Ley No 27.045, de diciembre de 2014, que estableció la obligatoriedad del nivel inicial desde sala de 4.

La baja cobertura en los sectores vulnerables no solo implica una desigualdad educativa, sino también una menor oportunidad de desarrollo infantil, señaló Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA). Tuñón indicó que la asistencia en contextos de pobreza actúa como un “catalizador” del entorno familiar: los niños que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar —cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos como festejar el cumpleaños— que sus pares no asistentes del mismo nivel socioeconómico.

Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO, advirtió que el aumento de la cobertura debe analizarse junto con otros problemas pendientes, como la fragmentación de la oferta para sala de 3 (muchas instituciones operan fuera del sistema formal), el aumento del ausentismo desde la pandemia y las dificultades para ampliar la cobertura en el tramo de 0 a 2 años.

“Si bien responde en parte al esfuerzo de los diferentes niveles del Estado, el aumento de la cobertura también se ve beneficiado por el descenso de la natalidad, una oportunidad histórica que debe acompañarse de una decisión política firme para invertir y fortalecer institucionalmente”, señaló Fairstein.

Celia Rosemberg, investigadora del Conicet y profesora de la UBA, subrayó que la baja cobertura en las edades tempranas tiene consecuencias directas sobre el desarrollo del lenguaje y otras capacidades cognitivas fundamentales para el aprendizaje posterior de la lectura y la escritura.

Rosenberg comparó cifras regionales: a los 2 años apenas el 10% de los niños del quintil más pobre asiste en Argentina, frente al 42% en Chile y el 54% en Uruguay. A los 3 años, el 41% en Argentina contrasta con 49% en México, 55% en Perú, 57% en Chile y 82% en Uruguay. Según ella, esto no es solo una brecha de acceso institucional, sino una desigualdad temprana en las oportunidades de participar en experiencias educativas de calidad, sistemáticas y lingüísticamente ricas.

Carolina Semmoloni, investigadora del Centro de Investigación Aplicada en Educación (CIAESA) de la Universidad de San Andrés, señaló que la expansión desigual del nivel inicial ocurre en un contexto de altos niveles de pobreza infantil y con una oferta estatal todavía insuficiente para el tramo de 45 días a 3 años, especialmente frente al sector privado. Como resultado, la responsabilidad de asegurar el acceso para ese grupo de edad recae con frecuencia en las familias y en el mercado, lo que refuerza las desigualdades socioeconómicas desde las etapas más tempranas de la vida.

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