Marian Farjat se dio a conocer en 2015 por su participación en Gran Hermano. Desde entonces estuvo en distintos programas y realities —entre ellos El hotel de los famosos— incursionó en la música y protagonizó varios episodios mediáticos. Con el paso del tiempo llamó la atención por su transformación física y por las repetidas intervenciones estéticas a las que se sometió.
En una conversación con Luciana Rubinska, Farjat habló con franqueza sobre la presión familiar y social que la llevó a obsesionarse con su cuerpo. Relató que su madre, influida por una generación marcada por hábitos extremos en torno al peso, era muy estricta con la comida y que ella llegó a esconderse para comer un alfajor. Dijo que siempre había pesado alrededor de 50–51 kg y que ahora ronda los 65 kg, lo que la desmotiva y afecta su ánimo.
Describió un ciclo de ejercicio intenso y privación alimentaria durante la semana, combinado con consumos compulsivos de alcohol y episodios de ingesta descontrolada los fines de semana. También contó que en su casa, donde la comida casera y los postres estaban presentes, esto contribuía a esos atracones.
Farjat detalló varias intervenciones: aumento de mamas en dos ocasiones, rinoplastias (tres cirugías), liposucción y uso de plasma gel —un procedimiento que consiste en procesar sangre propia y reinyectarla—. Señaló que disfrutaba del cuidado posoperatorio y la contención que eso le daba, en especial cuando su madre la acompañaba. Reconoció que recurría a la cirugía para sentirse mejor tras rupturas amorosas o para llenar vacíos emocionales, comparándolo con compras impulsivas que alivian temporalmente.
Finalmente, comentó que entró al quirófano tres o cuatro veces en total, que se refugió en la fe y en la iglesia, y que tras un retiro espiritual comenzó un proceso de quererse más a sí misma. Además, además de su trayectoria televisiva, se lanzó como cantante.



