10 de abril de 2026
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Mis amigos indeseables: documental sobre la censura a periodistas en Rusia

Un nuevo documental escrito, producido y dirigido por Julia Loktev se estrenó en Mubi bajo el título en español Mis amigos indeseables. El primer episodio, Último aire en Moscú, sigue a un grupo de periodistas en un contexto de fuerte censura y represión en Rusia. Las protagonistas son mayoritariamente mujeres jóvenes que ejercen el periodismo bajo presión estatal, en un ambiente donde la crítica al poder conlleva multas, allanamientos, juicios y penas de prisión.

El rodaje comenzó en octubre de 2021, antes de la invasión de Rusia a Ucrania y mientras el líder opositor Alexéi Navalny permanecía encarcelado tras un intento de envenenamiento. Navalny falleció en prisión en febrero de 2024, en circunstancias que han suscitado dudas sobre si su muerte fue accidental o natural.

Loktev grabó con equipos ligeros —incluido un iPhone— y documentó, en tiempo real, conversaciones, reuniones y momentos cotidianos de las periodistas cuando estalló la guerra a gran escala en febrero de 2022. Un mensaje inicial de la directora advierte que, desde ese momento, gran parte del periodismo independiente mostrado dejaría de ser posible y que las protagonistas abandonarían Moscú en la primera semana del conflicto, una palabra que en muchos medios rusos fue prohibida.

El documental también muestra cómo el lenguaje oficial fue modificado por el Estado: la invasión fue presentada como una “operación militar especial”, un término impuesto por el poder como norma y sin alternativa en los medios controlados.

Julia Loktev, nacida en San Petersburgo en 1969 y residente en Brooklyn, combina en su trayectoria ficción y documental. Su regreso a Moscú tenía el objetivo de registrar de forma íntima el trabajo de periodistas a quienes el gobierno había etiquetado como “agentes extranjeros”, una denominación usada para desacreditar y vigilar a personas y organizaciones críticas.

Entre las organizaciones más afectadas figura Memorial, la veterana ONG de derechos humanos que investigó crímenes del estalinismo y fue galardonada con el Nobel de la Paz en 2022; desde entonces, la pertenencia a esa entidad también pasó a ser motivo de sanción.

La mancha venenosa

La calificación de “agente extranjero” implica en la práctica un estigma social y legal: sugiere traición, aleja apoyos y marcas comerciales, y reduce las posibilidades laborales y sociales de quienes la reciben. El gobierno ampliaba regularmente la lista de señalados, y en el filme las protagonistas abordan el tema con humor, enojo y cinismo, mientras describen las consecuencias personales y profesionales de esa etiqueta.

La ley de agentes extranjeros se promulgó en 2012, tras protestas masivas contra el poder, y desde entonces ha servido como instrumento para controlar y fiscalizar a críticos y opositores, obligándolos a reportar sus finanzas y a identificar sus publicaciones con un aviso que los marca como “agentes extranjeros”.

En 2015 se aprobó además la ley sobre organizaciones indeseables, que facultó a las autoridades a clausurar entidades extranjeras consideradas perjudiciales. A partir de 2022, muchas personas vieron como opciones viables salir del país o afrontar la posibilidad de encarcelamiento.

Loktev filmó durante meses a periodistas como Anna Nemzer (codirectora del documental), Ksenia Mironova, Sonya Groysman, Olga Churakova, Irina Dolinina, Alesya Marokhovskaya y Elena Kostyuchenko, entre otras, quienes trabajaban en medios independientes y plataformas críticas que fueron objeto de hostigamiento, persecución y cierres.

Críticos han ubicado la obra en corrientes como el cinéma vérité o el cine observacional, estilos que buscan la máxima cercanía con la realidad. El documental es notable también por su duración: cerca de cinco horas y media, divididas en cinco capítulos.

Con micrófonos discretos y el teléfono como herramienta principal, Loktev registró la vida pública y privada de las periodistas en sus últimas semanas de trabajo en Rusia: en hogares, redacciones, estudios y manifestaciones contra la guerra y la represión.

El filme aborda además temas personales, incluyendo parejas entre mujeres y las dificultades que impone en Rusia la legislación y el conservadurismo social respecto a los derechos del colectivo LGBT, así como la reforzada legislación contra la “propaganda homosexual” introducida a fines de 2022.

Numerosas tomas en el interior de vehículos ofrecen una inmersión en los espacios cotidianos de las protagonistas y una visión de Moscú como escenario: la ciudad aparece en su superficie brillante y dinámica, en contraste con la tensión y el miedo que viven periodistas, activistas y opositores, mientras la mayoría de los medios nacionales siguen una línea oficialista.

En varias ocasiones, las protagonistas expresan la contradicción de convivir con la sensación de estar “en estado de guerra” mientras la mayor parte de la población no percibe la misma emergencia, una experiencia que suele asociarse a regímenes autoritarios.

Filmar bajo esas condiciones implicó riesgos logísticos y de seguridad. Loktev y su equipo mínimo protegieron las grabaciones mediante copias distribuidas a diferentes personas y almacenadas en lugares distintos, un procedimiento que recuerda a los antiguos samizdats y que permitió preservar el material para su posterior edición.

La directora planea estrenar una segunda parte que seguirá a las mismas periodistas tras su salida de Rusia. Muchas de ellas tuvieron que preparar sus maletas en pocas horas y partir hacia países que todavía admitían entradas de ciudadanos rusos, como Turquía o Mongolia, dejando atrás casas, relaciones y recursos económicos que se volvieron inaccesibles por las sanciones y el bloqueo de servicios bancarios.

El documental funciona simultáneamente como testimonio, informe y experiencia cinematográfica. Su duración y el énfasis en la espera intensifican la sensación de agobio frente a decisiones políticas y actos de violencia estatal, así como la impotencia ante el avance de acciones militares y represivas.

El filme también retrata la tensión entre las periodistas y algunas fuentes ucranianas, que tras el estallido de la guerra llegaron a reprochar y presionar a reporteras rusas en plataformas digitales, un conflicto que genera escenas emocionalmente intensas.

Más allá de Rusia

Desde su estreno, muchas lecturas del documental han extrapolado sus observaciones a procesos políticos más amplios: la obra muestra cómo la erosión de contrapesos institucionales permite la concentración de poder y la silenciación de voces críticas, un riesgo que no es exclusivo de Rusia.

En contextos distintos, la reducción de financiamiento a la educación, la cultura y la investigación, el desprestigio de la prensa y la descalificación de opositores han dejado de ser sorpresas. En 2026 se han documentado episodios graves de represión y operaciones que vulneran derechos humanos en otros países, lo que invita a comparar tendencias autoritarias y prácticas represivas.

Observadores señalan que el estilo de liderazgo de Vladimir Putin, su ambición autoritaria y su retórica confrontacional han servido de ejemplo para otros líderes contemporáneos que cuestionan la democracia liberal y tienden a usar el Estado como herramienta de control personal.

Por eso, además de su valor documental y estético, Mis amigos indeseables se percibe como una advertencia sobre cómo un sistema político puede deslizarse hacia formas más autoritarias incluso cuando existen actores que intentan resistir mediante investigación y denuncia.

El filme muestra a periodistas que creyeron que la perseverancia profesional, el trabajo y el coraje podían preservar espacios de libertad que, sin embargo, se vieron rápidamente reducidos. Muchas de esas personas hoy se encuentran en el exilio, ocultas o en prisión.

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