29 de mayo de 2026
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Impacto del terrorismo digital en niños y adolescentes

Organizaciones delictivas operan en entornos digitales mediante estructuras en red para explotar sexualmente a menores, ejercer chantaje psicológico y aplicar tácticas de manipulación extrema.

Una de las más conocidas, la red “764”, fue catalogada como una agrupación NVE (Nihilistic Violent Extremist) o Extremismo Violento Nihilista. Este término describe una postura que niega valores inherentes a la vida y rechaza normas morales, religiosas y sociales; en este caso se combina con explotación sexual infantil, manipulación psicológica, incitación al autodaño, difusión de contenido extremadamente violento, chantaje y coerción digital.

Las amenazas y la extorsión se emplean para forzar a menores a producir, enviar o transmitir en vivo actos de autolesión, crueldad contra animales, contenido sexual explícito o incluso conductas suicidas.

El material grabado circula entre los miembros de la red y se utiliza para prolongar la extorsión y consolidar el control sobre las víctimas. Estos grupos actúan en redes sociales, plataformas de videojuegos online y aplicaciones móviles de uso generalizado entre jóvenes. Aunque muchas víctimas son menores de edad de sexo femenino, cualquier persona puede ser objetivo.

Las víctimas suelen tener entre 9 y 17 años. Los agresores buscan con preferencia a personas vulnerables, incluidas aquellas con depresión, trastornos de la conducta alimentaria o tendencias suicidas. Con frecuencia establecen primero un vínculo de confianza o afectivo para luego manipularlas y coaccionarlas a participar en actos destinados a avergonzarlas y aislarlas.

Las tácticas de extorsión incluyen el “swatting” —llamadas falsas a servicios de emergencia para provocar intervenciones policiales— y la difusión de información personal. También obligan a producir material de abuso sexual infantil o videos de crueldad animal y autolesiones, como cortes, apuñalamientos o las llamadas “firmas de autógrafos” (letras, números o símbolos grabados en la piel). Posteriormente intimidan con enviar ese contenido a familiares o amigos, o publicarlo en internet.

El propósito es controlar a las víctimas mediante la generación de miedo extremo, con el fin de obtener material que sirva de entretenimiento para la red y mantener la obediencia mediante la coerción.

Las personas afectadas quedan expuestas a vergüenza, acoso, extorsión y revictimización prolongada. Por ello es fundamental identificar señales de alerta de autolesión o de posibles intentos de inducir al suicidio y actuar con prontitud.

En consecuencia, resulta esencial supervisar la actividad online de niños, adolescentes y otras personas vulnerables, evaluar los riesgos de compartir información personal en entornos digitales y, cuando sea necesario, recurrir a autoridades competentes y servicios de apoyo para protección y asistencia.

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