En la lucha global contra el cáncer, Argentina jugó un papel relevante en la disputa entre una farmacéutica multinacional y un laboratorio local que desarrolló un biosimilar, lo que produjo una caída notable en el precio del tratamiento en el país y mayor acceso para los pacientes.
El conflicto tiene impacto directo en el gasto en salud: en farmacias argentinas la dosis de dos viales llegaba a costar alrededor de 20 millones de pesos, por lo que su provisión queda a cargo del Estado, obras sociales y prepagas.
Por un lado está Merck & Co (conocida fuera de EE. UU. y Canadá como MSD), propietaria de Keytruda, el nombre comercial del pembrolizumab, un inmunoterápico empleado en varios cánceres. Keytruda representa una porción significativa de los ingresos globales de la compañía y es parte de tratamientos innovadores que desde 2014 han mejorado las perspectivas de pacientes con tumores avanzados.
Su elevado precio lo vuelve inaccesible para muchos pacientes sin cobertura. Actualmente, el cáncer es responsable de una proporción creciente de las muertes a nivel mundial, y las nuevas terapias suelen conllevar costos crecientes para los sistemas de salud.
Del otro lado, ELEA, del Grupo Sigman, aprovechó que Keytruda no estaba patentado en Argentina para desarrollar un biosimilar, denominado Pembrox. La entrada de esta alternativa local modificó el mercado y amplió el acceso al tratamiento para miles de pacientes.
Mientras ELEA fue el único oferente local hasta enero de 2025, su producto obligó a que el laboratorio norteamericano redujera el precio en el país en torno al 49% y perdiera participación frente al competidor nacional.
Con Pembrox en el mercado, el volumen argentino de unidades comercializadas pasó de 50.000 a 80.000 en un año. Las compras estatales, que antes rondaban las 280 dosis anuales, aumentaron a casi 4.000 en 2025, según cifras oficiales consultadas por el equipo local del ICIJ.
En la primera licitación del Ministerio de Salud en la que participaron MSD y ELEA, el laboratorio argentino resultó adjudicatario al ofertar un precio por unidad un 56% inferior al registrado en la última contratación directa que había ganado MSD cuando era el único oferente. Desde 2021, las compras públicas locales habían sido adjudicadas directamente a Merck por ausencia de competencia.
ELEA explicó que pudo desarrollar el biosimilar porque Merck no contaba con la patente vigente en Argentina debido a la historia de adquisiciones corporativas del producto. Merck sí mantiene patentes en países centrales hasta, en general, 2028.
Argentina hasta ahora es el único país donde se desarrolló un biosimilar de pembrolizumab, un antecedente que interesa internacionalmente por su efecto sobre precios y acceso. Un biosimilar es un producto biológico altamente similar al original que busca ofrecer beneficios terapéuticos equivalentes, aunque no idénticos por su origen biológico.
Tras la salida de Pembrox, la ANMAT flexibilizó criterios para la aprobación de biosimilares mediante la Resolución 1741/2025, facilitando el ingreso de alternativas a medicamentos de alto costo en línea con estándares internacionales.
ELEA ya exporta Pembrox a Paraguay y proyecta ampliar mercados una vez fenecida la protección de patentes internacionales, según declaró su CEO Gustavo Pellizari.
Oncólogos consultados señalaron que, en la práctica clínica, la eficacia de Pembrox resulta comparable a la de Keytruda. Especialistas locales informaron que prescriben por principio activo —pembrolizumab— y no observan diferencias clínicas relevantes entre ambas presentaciones.
A escala global, Merck consolidó la posición de Keytruda mediante patentes, desarrollos relacionados con la droga y actividades de lobby. La investigación coordinada por el ICIJ —en la que participó un equipo argentino de medios— documenta la estrategia de acumulación de patentes, conocida como evergreening, para prolongar control comercial y limitar la competencia.
La pesquisa internacional, elaborada por periodistas de decenas de países, se basa en entrevistas con especialistas, análisis de patentes, precios y documentación regulatoria y corporativa. Revela prácticas que, según los investigadores, han servido para sostener precios elevados y una posición dominante en el mercado.
Según la investigación, Merck reportó ventas por USD 163.000 millones y distribuyó cerca de USD 75.000 millones en dividendos, mientras utiliza estructuras en jurisdicciones con ventajas fiscales para reducir su carga tributaria.
MSD Argentina respondió que el precio de Keytruda se fija considerando factores como el valor clínico, el ciclo de vida del producto, el contexto macroeconómico y la sostenibilidad del sistema de salud, y afirmó que su política de precios busca apoyar el acceso a terapias innovadoras.
La baja en el precio
El lanzamiento de Pembrox tuvo un efecto inmediato en el mercado argentino: en los primeros seis meses concentró más de la mitad de las ventas locales de pembrolizumab y contribuyó a ampliar el acceso a tratamientos, aunque los precios absolutos siguen siendo elevados y persisten presiones sobre los médicos que prescriben estas terapias.
Antes de la competencia local (junio de 2024), Keytruda se vendía a USD 4.857 la dosis de dos viales. Una semana antes de la salida de Pembrox ese precio había bajado a USD 3.821 y en enero de 2025 a USD 3.448, según datos proporcionados por ELEA. En compras públicas, el Estado pasó de pagar USD 3.171 por unidad en enero de 2025 a menos de USD 1.400 en la licitación ganada por ELEA, una reducción superior al 56%.
MSD sostuvo que, acumuladamente entre 2017 y 2025, el precio público de Keytruda aumentó menos que la inflación en Argentina, y defendió sus prácticas de fijación de precios como responsables ante la volatilidad económica.
El efecto competitivo en licitaciones públicas fue particularmente fuerte por los volúmenes involucrados, lo que permitió descuentos más significativos frente a compras privadas.
El valor de la dosis de dos viales en Estados Unidos alcanza los USD 12.031, según la investigación del ICIJ, y los costos anuales del tratamiento muestran variaciones importantes entre países: por ejemplo, alrededor de USD 208.000 en EE. UU., USD 130.000 en Colombia y USD 65.000 en Sudáfrica, con impacto directo en presupuestos públicos sanitarios.
ELEA y autoridades locales sostienen que la competencia redujo precios y benefició a pacientes y al Estado; desde la industria propietaria de Keytruda se atribuyen las diferencias de precios a múltiples factores, entre ellos el valor clínico y las condiciones económicas de cada mercado.
Sobredosificación
La investigación también señala que se promovió una dosis plana de Keytruda (200 mg cada tres semanas) frente a esquemas basados en miligramos por kilogramo, lo que, según expertos consultados, implicó un incremento de costos innecesario. Estimaciones vinculadas a la OMS y especialistas sugieren que la promoción de dosis mayores pudo haber generado un gasto adicional significativo en ciertos subgrupos de pacientes.
El medicamento que llegó un día después
La pesquisa documenta además la desesperación de pacientes que deben esperar por el medicamento, la recurrencia del mercado negro y la multiplicación de demandas judiciales para acceder al pembrolizumab, situaciones que no siempre se resuelven a tiempo.
Un caso reseñado es el de Delicia M., de 65 años, quien murió en enero tras un melanoma metastásico. Su familia intentó recaudar fondos para comprar el tratamiento, pero Delicia falleció un día antes de que PAMI autorizara la entrega del medicamento; la dosis finalmente disponible fue ofrecida y cedida a otra paciente.
Historias como esa ilustran la tensión entre el acceso inmediato a tratamientos costosos y los procesos administrativos y económicos que regulan su provisión.
En Argentina, la llegada de Pembrox amplió el acceso y redujo costos para el sistema público, pero plantea el debate sobre cómo equilibrar la protección de las inversiones en innovación farmacéutica con la necesidad de garantizar el acceso y la sostenibilidad del gasto en salud.
Este trabajo forma parte de la investigación global, The Cancer Calculus, coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). El equipo argentino incluye a Mariel Fitz Patrick, Sandra Crucianelli (Infobae), Hugo Alconada Mon, Ricardo Brom (La Nación), Iván Ruiz (CLIP) y Edgardo Litvinoff (Ruido).



