Sudán cumple tres años de conflicto interno y enfrenta la mayor crisis de desplazamiento del mundo. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el conflicto ha obligado a más de 11,6 millones de personas a desplazarse: aproximadamente 6,8 millones están desplazadas dentro del país y 4,4 millones han cruzado a siete países vecinos, como resultado de la inseguridad, la escasez de alimentos y la destrucción de servicios básicos.
Sudán encabeza en África las cifras de desplazamiento forzado fuera de sus fronteras. En el país, una de cada cuatro personas es desplazada, y a nivel global uno de cada seis desplazados internos proviene de Sudán. Además, según ACNUR, una de cada trece personas refugiadas en el mundo es de origen sudanés.
Los principales países receptores de personas refugiadas sudanesas son la República Centroafricana, Chad, Egipto, Etiopía, Libia, Sudán del Sur y Uganda. Cerca del 75% de quienes huyen se concentran en Sudán del Sur y en Egipto.
Impacto humanitario y violaciones de derechos humanos
El conflicto ha desencadenado una crisis humanitaria de gran magnitud. Millones de personas tienen acceso limitado a agua potable y atención sanitaria, y la amenaza de hambruna persiste, según el Programa Mundial de Alimentos.
La violencia afecta a toda la población, pero tiene un impacto desproporcionado en mujeres y niñas, con numerosos reportes de violencia sexual, explotación y secuestros, especialmente durante los desplazamientos. En zonas como El Fasher, se ha documentado el uso de la violación como arma de guerra. El miedo a denunciar probablemente hace que la cifra real de abusos sea mayor.
La continuidad de los ataques y las violaciones de derechos fundamentales colocan a Sudán entre las peores crisis humanitarias recientes. La impunidad y la limitada protección internacional agravan la situación.
Crisis alimentaria y desnutrición
Sudán vive una catástrofe alimentaria, con hambruna confirmada en varias regiones. Más de 21 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda y no tienen acceso regular a nutrientes esenciales, según el Programa Mundial de Alimentos.
Se estima que 3,7 millones de niños, mujeres embarazadas y lactantes padecen desnutrición, con situaciones especialmente graves en el norte de Darfur, donde más de la mitad de los menores presenta malnutrición. La entrega de ayuda humanitaria se ve obstaculizada por la inseguridad, los bloqueos y barreras administrativas.
La crisis también repercute en países vecinos: en Chad, por ejemplo, uno de cada diez niños menores de cinco años sufre desnutrición aguda severa. El hambre y la violencia intensifican los desplazamientos y profundizan la emergencia humanitaria.
Papel de los países vecinos y riesgos asociados
Los países fronterizos han acogido a millones de personas desplazadas, aunque ellos mismos afrontan limitaciones económicas y dificultades para mantener servicios básicos. Actualmente, unos 4,4 millones de refugiados sudaneses viven en siete países vecinos.
Los sistemas de acogida están saturados. La falta de acceso a servicios y la disminución de la ayuda internacional generan nuevos desplazamientos, empujando a más personas a buscar protección fuera de sus fronteras.
Ante la prolongación de la crisis y la ausencia de rutas seguras, aumenta el riesgo de tráfico de personas, un problema que denuncian organizaciones internacionales.
Respuestas y llamados a la acción internacional
Organizaciones humanitarias y agencias de la ONU subrayan la gravedad de la emergencia y solicitan respuestas coordinadas y apoyo urgente. Alfredo Botti, director ejecutivo de Fundación ACNUR Argentina, afirmó: “Tres años después del estallido del conflicto, Sudán continúa siendo la mayor crisis de desplazamiento y la peor crisis humanitaria del mundo, que se desarrolla, además, en el marco de la mayor falta de financiación global en décadas”.
La Fundación ACNUR Argentina informó que quienes deseen colaborar pueden hacerlo en fundacionacnur.org/dona.



