Lo apodaban “Doble Ancho”.
Las dos camisetas de “Doble Ancho”.
Ambos equipos estaban exhaustos; nadie ya podía levantar las piernas. Los locales hicieron un último esfuerzo. Meazza se entendió con Guaita, quien lanzó un centro al corazón del área para Schiavio. El veterano delantero conectó un remate que superó la estirada del arquero y decretó el 2-1 definitivo. Al preguntarle de dónde había sacado fuerzas para ese disparo, respondió con contundencia: “De la desesperación”. Él también sabía que su cuello estaba en riesgo.
Italia se consagró campeona del mundo y Monti se liberó del peso que arrastraba desde hacía cuatro años. “Doble Ancho” quedó registrado en la historia como el prototipo del centromedio vigoroso, un símbolo de otra época. En términos estadísticos preservó un récord irrepetible: disputó dos finales mundialistas vistiendo dos camisetas distintas.
Perdió y ganó. Y en ambas finales se jugó la vida.



