El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ordenó a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacar de manera contundente objetivos de Hezbollah en el Líbano, decisión que pone en riesgo la frágil tregua de tres semanas anunciada por Washington y que coincide con una pausa en las gestiones diplomáticas regionales.
En un breve comunicado, la oficina de Netanyahu informó de la orden tras una serie de incidentes en la frontera norte que elevaron la tensión entre ambas partes.
El Ejército israelí señaló que se lanzaron desde el Líbano dos proyectiles y un dron, calificando estas acciones como una violación del alto el fuego por parte de Hezbollah, lo que motivó la respuesta militar autorizada por el primer ministro.
En el sur del Líbano, ataques aéreos israelíes contra un camión y una motocicleta en la aldea de Yohmor causaron al menos cuatro muertos, según informes, y el Ejército justificó la acción al afirmar que los vehículos transportaban armas y representaban una amenaza. Además, las FDI indicaron haber eliminado a más de 15 presuntos miembros de Hezbollah durante el fin de semana.
La situación humanitaria en el Líbano continúa empeorando: el Ministerio de Salud libanés contabiliza 2.496 muertos y más de 7.725 heridos desde que se intensificaron los combates el 2 de marzo. Las FDI han aconsejado a miles de desplazados del sur que no regresen a unas 60 localidades debido a la presencia continuada de tropas en la zona.
El endurecimiento militar se produce en medio de un estancamiento diplomático. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la cancelación del viaje de sus enviados especiales, Steve Witkoff y Jared Kushner, a Pakistán, donde estaban previstas conversaciones indirectas con Irán.
Trump declaró en Fox News que no enviaría más vuelos de 18 horas para “sentarse a hablar de nada”, y en redes sociales criticó el tiempo dedicado a los viajes, afirmando que “nosotros tenemos todas las cartas”. Casi al mismo tiempo, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, dejó Islamabad rumbo a Mascate, Omán, sin haberse reunido con la delegación estadounidense.
Pakistán había preparado intensamente las posibles negociaciones bajo estrictas medidas de seguridad; el primer ministro Shehbaz Sharif, quien mantuvo una conversación descrita como “cálida” con el presidente iraní Masoud Pezeshkian, lamentó que su país no lograra facilitar el diálogo como mediador.
Mientras la diplomacia se traslada a Omán, la administración de Trump intensificó la presión económica imponiendo sanciones a una importante refinería China y a aproximadamente 40 empresas navieras vinculadas al transporte de crudo iraní. Irán advirtió que la continuación de un “bloqueo naval” por parte de Estados Unidos podría provocar una respuesta contundente. En el Líbano, la división interna aumenta: el Consejo Superior Islámico Sharia respaldó el derecho constitucional del presidente Joseph Aoun a negociar un fin al conflicto, postura que choca con la negativa de Hezbollah a entablar diálogo directo con Israel.

