Detrás del glamour y las fotos oficiales, las cenas en el Palacio Real siguen un protocolo estricto que no deja nada al azar. Desde la disposición de la mesa hasta la elección de cada plato, todo se planifica con el objetivo de transmitir una imagen cuidada y coherente cuando los reyes reciben a líderes políticos y personalidades internacionales.
Una regla constante en los encuentros de Letizia Ortiz y Felipe VI es la apuesta por una cocina saludable basada en productos españoles. Las consignas hacia los chefs son claras: platos livianos, ingredientes de calidad y una fuerte presencia de la gastronomía local. Los menús se diseñan con meses de anticipación y suelen estar a cargo de cocineros reconocidos, que mantienen libertad creativa pero dentro de ciertos límites para preservar la identidad y el mensaje que se quiere proyectar.
Aunque se prioriza la ligereza, la sofisticación está presente. Dependiendo del invitado, los menús pueden incorporar guiños a otras culturas para crear una experiencia que combine tradición española con toques internacionales. En contraste con banquetes más abundantes y clásicos de épocas anteriores, ahora predominan pescados, vegetales y preparaciones menos cargadas.
El montaje de las cenas también refuerza esa imagen: largas mesas con manteles blancos, vajilla elegante y detalles sobrios que subrayan la formalidad y la sobriedad del acto. En conjunto, la elección de lo que se sirve y cómo se presenta no es solo una cuestión gastronómica, sino una herramienta de protocolo y comunicación diplomática.

