27 de abril de 2026
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China y Rusia aumentan la precisión de los drones iraníes

Irán ha introducido una nueva dimensión en la competencia militar regional al incorporar tecnología china y rusa que otorga una precisión notable a sus drones y misiles. Empleando chips de guiado conectados a sistemas satelitales importados, el país ha ampliado el alcance y la selectividad de sus ataques, lo que obliga a revisar las capacidades defensivas de actores como Estados Unidos.

Analistas y fuentes consultadas por The National señalan que ese avance tecnológico se aprecia con claridad en recientes bombardeos, cuyos impactos alcanzaron objetivos concretos con márgenes de error de apenas unos metros.

Un ejemplo citado es el ataque a comienzos de mes contra la base Prince Sultan, cerca de Riad, donde hasta 30 drones Shahed y seis misiles balísticos apuntaron directamente al radar giratorio de un avión de alerta temprana E-3 AWACS, dejándolo fuera de servicio; además, dañaron varios aviones cisterna KC-135 y causaron heridas a personal estadounidense, según The National. Estas ejecuciones contrastan con errores de ubicación habituales en sistemas previos de Irán. Robert Tollast, del instituto RUSI, describió la situación como “un momento importante en la capacidad militar de Irán”.

El progreso se basa en la combinación de antenas CRPA y navegación satelital suministrada principalmente por China y Rusia. Las CRPA (Controlled Reception Pattern Antennas) permiten filtrar señales interferentes y mantener el rumbo de misiles y drones en entornos con intensa guerra electrónica. Un funcionario occidental explicó a The National que esta capacidad permite a las plataformas “permanecer en curso incluso en un entorno con fuerte defensa electrónica”, tecnología que antes estaba restringida a potencias militares avanzadas.

Estas capacidades se pusieron a prueba también en octubre de 2024 en el ataque con 30 misiles a la base israelí de Nevatim, donde se registraron impactos directos sobre pistas, hangares y edificios. The National reportó además que Irán empleó más de 4.550 drones kamikaze Shahed-136 en el conflicto reciente, un volumen que amplía la escala previamente asociada a su arsenal.

China y Rusia refuerzan la precisión de los sistemas de Irán

Parte del avance se explica por el acceso al sistema de navegación BeiDou, de China, que ofrece posicionamiento y sincronización de alta precisión en diversas condiciones. Bleddyn Bowen, profesor de astropolítica en la Universidad de Durham, indicó a The National que BeiDou supera incluso a la red rusa Glonass en exactitud, y que el acceso a este sistema —junto con chips, conectividad y datos— facilita localizar objetivos con gran eficacia.

No existe confirmación oficial sobre entregas directas de tecnología por parte de Pekín o Moscú, pero el patrón de cooperación militar y el intercambio de datos satelitales entre Teherán, Moscú y Pekín se ha documentado, por ejemplo, en el suministro de drones Shahed a Rusia para su uso en Ucrania. Fuentes de seguridad occidentales dijeron a The National que hay “alta probabilidad” de que especialistas iraníes trabajen en estaciones terrestres de satélites rusos y reciban información precisa sobre ubicaciones objetivo.

Matt Archer, director de lanzamientos de la Agencia Espacial del Reino Unido, comentó que cualquier objeto balístico requiere una navegación fiable y que no duda de la capacidad iraní para apuntar con precisión. Añadió que la exactitud mostrada contra bases estadounidenses ha sido sorprendente, según The National.

Un nuevo desafío para la defensa aérea en la región

La evaluación de daños tras los ataques constituye otro avance estratégico. Analistas citados por The National sostienen que Irán podría recurrir a satélites rusos para realizar battle damage assessment (evaluación de daños posataque), lo que permitiría ajustar nuevos golpes sobre los mismos objetivos si no se logra la destrucción total en el primer intento. Para los expertos, esto altera las reglas del juego: lograr impactos fiables sobre infraestructuras críticas —pistas, hangares, centros de mando— convierte los ataques en acciones operativamente decisivas en lugar de simbólicas.

En conjunto, estos avances tecnológicos y la escalada de tensiones regionales plantean el reto de diseñar defensas capaces de contrarrestar un tipo de ataque que hasta ahora parecía al alcance solo de potencias globales.

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