Más de dos tercios de los jóvenes adultos declaran no haber tenido citas o haber salido muy pocas veces en el último año, según un informe elaborado por el Instituto Wheatley y el Institute for Family Studies. Los reportes citados por The Washington Post atribuyen esta tendencia, entre otros factores, a la falta de confianza y a déficits en habilidades sociales e interpersonales.
Si las tendencias persisten, se estima que un tercio de los jóvenes adultos no llegará a casarse y que una cuarta parte no tendrá hijos. En algunas ciudades las cifras son aún más pronunciadas: en San Francisco, la mitad de los hombres llega a los 40 años sin pareja formal.
El aumento del costo de vida, la fuerte competencia profesional y la alta movilidad laboral contribuyen a este fenómeno. Como señala el sociólogo Brad Wilcox, nunca habíamos vivido una época en la que tantos jóvenes se encaminaran hacia una vida sin familiares directos. El resultado podría ser una generación con vínculos más débiles y una mayor sensación de soledad.
Qué es Date Drop y cómo funciona
En ese contexto, Henry Weng, estudiante de posgrado en Stanford, creó Date Drop, una plataforma diseñada para aportar estructura y orientación entre estudiantes de universidades selectas.
La idea es sencilla: los usuarios completan un cuestionario extenso sobre valores y preferencias, y un algoritmo propone una única posible pareja por semana, evitando la dinámica de “deslizar” y el exceso de opciones.
Según reportó el Wall Street Journal, alrededor de dos tercios de los estudiantes de pregrado de Stanford se registraron inicialmente; la plataforma se expandió a una docena de universidades y captó más de 2 millones de dólares en capital de riesgo. Este fenómeno revela una paradoja: estudiantes con alto rendimiento académico reconocen carecer de habilidades prácticas básicas para entablar relaciones románticas, como invitar a alguien a salir o detectar señales de interés.
Datos y contexto nacional
Las cifras no se limitan a una sola universidad. A nivel nacional, solo uno de cada tres hombres jóvenes dice sentirse cómodo acercándose a alguien que le atrae, y poco más de un tercio de los jóvenes adultos consideran que saben interpretar correctamente las señales sociales durante una cita.
En términos generales, es una generación que entiende la importancia de las relaciones pero que no ha recibido formación práctica para cultivarlas. El informe del Instituto Wheatley y del Institute for Family Studies subraya esa brecha entre conocimiento y práctica.
La vida universitaria en Estados Unidos promueve una secuencia intensa de logros —título, prácticas, posgrado, primer empleo, ascenso— que exige una concentración máxima justamente en el periodo biológico y emocional más propicio para formar lazos duraderos. El mensaje predominante —“impresiona primero, deja lo personal para después”— lleva a que muchas personas terminen dominando lo profesional pero no aquello que podría contribuir a su bienestar emocional.
Historia del emparejamiento
Tradicionalmente, las comunidades religiosas y locales suplían parte de este vacío. Iglesias, mezquitas y sinagogas funcionaban no solo como espacios de culto, sino también como lugares de socialización y emparejamiento, donde la comunidad facilitaba encuentros, presentaciones y cierta presión social para establecer relaciones duraderas.
La casamentera Hoda Abrahim, fundadora de Love, Inshallah, observa que cuando las redes familiares y comunitarias funcionaban de forma natural no hacían falta intermediarios; con el debilitamiento de esas redes, servicios profesionales de emparejamiento han ocupado ese espacio. Maria Avgitidis, de Agape Matchmaking, resume la idea: las citas no estaban pensadas para hacerse exclusivamente de forma individual.
Antes de la era digital, la intervención de terceros en la vida sentimental era habitual y, según expertos, ayudaba a que las relaciones fueran menos transaccionales y más humanas. En este sentido, Date Drop puede interpretarse como una versión secular y tecnificada de la función que antes cumplían vecinos, familiares o figuras comunitarias.
Nuevas agencias y testimonios
Un estudiante involucrado en la llegada de Date Drop a Stanford contó al Wall Street Journal que, si bien la plataforma no le produjo una relación romántica, sí le facilitó amistades y contactos profesionales, incluidos socios y cofundadores para proyectos. Esa mezcla de objetivos —buscar pareja y ampliar redes profesionales— ilustra la lógica de “optimización” que condiciona las relaciones contemporáneas.
Investigaciones recientes también asocian el matrimonio con niveles superiores de bienestar: por ejemplo, las madres casadas tienen aproximadamente tres veces más probabilidad de declararse “muy felices” que las mujeres solteras sin hijos, hallazgo que se reproduce en estudios sobre hombres citados por el Instituto Wheatley. Ante estos datos, muchos encuestados muestran incomodidad, como si destacar beneficios del matrimonio fuera a juzgar otras decisiones vitales.
Relatos personales —“llegué a los 40 sin casarme ni tener hijos”— indican que estas tendencias afectan a perfiles diversos y no se limitan a un único grupo demográfico.
Cómo es volver a estar en pareja, según los especialistas
Varios especialistas proponen recuperar algunos rasgos del emparejamiento tradicional. Murray Hill Guy, analista de tendencias en citas en Nueva York, destaca la importancia de la intencionalidad: cuando las dos personas saben que el encuentro fue deliberadamente organizado, tienden a tomárselo más en serio y la experiencia resulta menos transaccional.
Las agencias matrimoniales actuales piden algo más que una foto: invitan a reflexionar sobre valores, proyectos de vida y disposición a asumir compromisos en una relación. Esa responsabilidad, que antaño proporcionaba la comunidad, ahora se busca a través de servicios remunerados porque el apoyo colectivo ha disminuido.
Entre las soluciones contemporáneas se rescatan prácticas ancestrales, como la recomendación personal de alguien que conoce a ambas partes y organiza el encuentro. Para muchos, esa alternativa resulta preferible frente a aplicaciones que, si bien multiplican las opciones, también generan desgaste y una menor confianza en la posibilidad de formar vínculos genuinos.

